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lunes, 8 de agosto de 2016

LA INCREIBLE Y TRISTE HISTORIA DEL ESCUADRÓN SUICIDA Y EL TOMATE DESALMADO




Escuadrón suicida (Suicide Squad)
E.U., 2016.

Dirección: David Ayer.

Guión: David Ayer.

Fotografía: Roman Vasyanov.

Intérpretes: Will Smith, Viola Davis, Margot Robbie, Joel Kinnaman, entre otros.

Duración: 130 minutos.



Durante meses, más de un año, de hecho, se escuchó hablar de esta cinta, protagonizada por un grupo de “villanos” del Universo D.C. La premier del tráiler en la Comicon del año pasado fue tan espectacular, que todo mundo se prendó de ella, de tal manera que junto a Deadpool (mi crítica por acá) se volvió una de las más esperadas del verano. Muchos caracteres se han escrito sobre Escuadrón suicida: Que si es la mejor película de superhéroes de la historia, que si es una basura, etc. Lo cierto es que, rumores aparte, se ha vuelto una verdadera locura (y si a esto sumamos que Universal, la distribuidora de Warner en México, y Cinemex tuvieron un pleito como de divorciados peleando la custodia del perro, las filas para entrar a verla en Cinépolis son tan grandes que parece que están regalando tortas en un mitin del PRI). Además de esto y de que nuevamente nuestros amigos de Rotten Tomatoes insisten en que cualquier película que no sea de Marvel/Disney es peor que Sharknado (Anthony C. Ferrante, 2013), es no sólo inevitable, sino forzoso que se hable y extensamente, de este trabajo.

                Para empezar, hay que aclarar que Escuadrón suicida no es una obra mayor. El cine de superhéroes no ha dado, de hecho, ninguna, por más que insistan los fanáticos del género. Ni El caballero de la noche (The Dark Knight, Christopher Nolan, 2008), ni 300 (Zack Snyder, 2007), ni Watchmen (Zack Snyder, 2008), ni Capitán América y el soldado del invierno (Captain America: The Winter Soldier, Anthony & Joe Russo, 2014), lo son, así que no hay por qué rasgarse las vestiduras porque el filme, es simplemente un divertimento, en toda la extensión de la palabra.

                La trama es sencilla y de todos conocida: Una vieja más amargada que Lupita Dalesio, pero igual de loca que Elba Esther Gordillo, decide reclutar a los peores villanos de la historia para crear un equipo de “meta humanos” que pueda utilizar y si es necesario, sacrificar, para salvar a la humanidad o para darle en la madre a gobiernos enemigos.

                Escuadrón… es en realidad, una mezcla de Doce al patíbulo (The Dirty Dozen, Robert Aldrich, 1967) con Los cazafantasmas (Ghostbusters, Ivan Reitman, 1984) pero en ácidos. Frenética, inofensiva, visualmente atractiva y bastante chabacana, no sería nada especial si no fuera porque de pronto, aparecieron de la nada cientos de especialistas en una historieta que no se había publicado formalmente en nuestro país. Y todos empezaron a despotricar, ya porque Will Smith es el mero mero, o que si Killer Crock es más feo que bonito y en fin, que #YaTeChingasteWey. Es decir, el que no la ha visto, o es un monje tibetano o tiene tarjeta de invitado Especial de Cinemex. Así que me voy a quitar la máscara de especialista en el Escuadrón Suicida (que no lo soy, sólo he leído la etapa de Erick Larsen y el TPB de los primeros seis números de la serie actual). Sólo puedo replicarle a estos que hablan del protagonismo de Deadshoot que siempre ha sido el líder del grupo, y que Killer Crock es más culero que bonito en las historietas porque en realidad, ni siquiera es parte del Escuadrón, lo catafixiaron por King Shark, porque era muy caro usar tanto CGI.

Creo que hay que hablar de ella como lo que es: Una película comercial. En ese sentido, funciona muy bien: Cuenta con un elenco muy acertado. Will Smith logra un personaje atractivo que deja lejos el mal sabor de boca de sus últimas cintas, igual que Margot Robbie, que por fin logra un protagónico a la medida y que se roba la película como Harley Queen, con sus locas ocurrencias (y esa voz como de Shanik Berman con gripa). De más está decir que quien sorprende es Jay Hernández, que arma un Diablo bastante más profundo que lo que el pobre material de base que le dieron puede permitir. Jared Leto como Joker logra un desempeño regular, sacado directamente de la escuela de actuación “yo quiero ser Johny Depp, aunque Jonny le haya copiado toda la vida a Jack Nicholson” (chequen, si no me creen, Black Mass, mi crítica está por acá). Es quizá el actor que más sufre al tratar de construir un personaje después de los dos impactantes antecedentes que tiene, por supuesto, el ya fallecido Heath Ledger en El caballero de la noche (The Dark Knight, Christopher Nolan, 2008) y el legendario Nicholson en Batman (Tim Burton, 1989). Pensemos por un momento que ni Ledger pudo librarse fácilmente de la comparación, e incluso, en alguna ocasión mencionó que su principal influencia fue Jack Nicholson pero en El resplandor (The Shining, Stanley Kubrick, 1980). Y la excelente actuación de Heath hace enmudecer cualquier escena del también correcto Leto, que por desgracia, desde el principio tuvo que lidiar con muchos problemas, para al final hacer un personaje poco inspirado, pero correcto. Los demás están bien, sin llegar a lo sublime, funcionan para que los famosos puedan lucirse.

                El principal problema del filme se llama Batman V Superman (chequen mi crítica por acá). Y es un enorme problema porque Escuadrón… tuvo que sufrir por su escaza calificación en Rotten Tomatoes (nuevamente los refiero a los artículos que escribí sobre el sitio, acá y acá) y por el hecho de que el público le dio la espalda al trabajo de Zack Snyder. Experimentó muchos cambios, mutilaciones, personajes metidos con calzador y otros que prácticamente desaparecieron. El resultado es una película con escenas inconexas, de poco desarrollo en las relaciones entre los personajes, chistes metidos con calzador y sobre todo, de momentos de mucha confusión. Confieso que la tuve que ver dos veces para entender qué es lo que roba el Joker en los laboratorios que asalta. Y como ese hay muchos momentos. Sin embargo, el resultado no era para los 26% de “frescura” que le está reportando Rotten Tomatoes al momento de hacer este análisis. No es, ni de lejos, la peor del género en lo que va del año, e incluso, si no fuera porque odio hacer este tipo de comparaciones ociosas, diría que es superior a la mayoría de las que se han estrenado de enero a la fecha, exceptuando la excéntrica Deadpool. Aunque bueno, no se le podía pedir mucho a un trabajo de David Ayer, un cineasta que ha construido su carrera a base de películas fundamentadas en temas interesantes y que terminan volviéndose intrascendentes, como Corazones de hierro (Fury, 2014), que comienza como un muy atractivo antecedente del Escuadrón suicida y termina siendo una peli más de esas que pasan el domingo en TNT. En resumen, una obra por lo menos divertida, que termina hundiéndose en la ambición y el miedo de un estudio, ansioso de comerle el mandado a Marvel/Disney.



Para Adriana. Te quiero porque disfrutas como nadie las películas pero sin perder la objetividad. Al final, tu unicornio le puede perforar el estómago a un mal director.




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miércoles, 25 de mayo de 2016

Tomates verdes podridos. Segunda parte.

Cuando pensamos en un sitio como Rotten Tomatoes, lo primero que viene a la mente son las calificaciones que nos daban en la escuela, en la que la forma de evaluación era a veces inexplicable. Como maestro, si un alumno ve mis listas, lo primero que hace es preguntar por qué a pesar de haber aprobado, hay cincos o cuatros escritos. La respuesta es que se toma en cuenta la evaluación continua, las asistencias, la actitud, etc. Los elementos para calificar dependen de cada maestro, lo cual se asienta en las listas, pero en las boletas aparecen dieces o ceros. Ahora bien, en la imagen les muestro lo que el usuario ve cuando entra a Rotten:

Primero, se encuentra el tráiler y el título de la cinta, así como su año de producción. Bajo estos se encuentra una pequeña imagen del cartel promocional y a su lado derecho la calificación promediada de la película, como un tomate verde y aplastado para las malas, uno redondo y colorado para las buenas y un tomate rodeado de un sello “de frescura” para indicar que es muy recomendable. A su costado se encuentra la calificación del público, la cual se manifiesta con una cubeta de palomitas tirada para las que el público despreció, y una llena de palomitas hasta el tope en el caso de las que la audiencia recomienda. Los números, en este caso, son grandes y en negritas. Bajo esto se encuentran unos números pequeños, llamados Average Rating (calificación promedio). Son el resultado de la calificación de cada crítico consultado y según muchos, es en donde está el verdadero valor de una cinta. Los críticos dan una calificación del uno al diez, mientras que el público lo hace del uno al cinco. Quiere decir que, por ejemplo, Sharknado (Anthony C. Ferrante, 2013) tiene un Average Rating de 6.1/10, es decir, pasó de panzazo. El público le da un 2.5/5. Pero a lo que se le da el primer vistazo es que tiene un 82% de frescura, y el público le otorga un 33%, o sea, que a la crítica le gustó pero al espectador no. Votaron por ella 17 expertos, de los cuales, 14 son positivos y 3 negativos. ¿Qué diablos está pasando?
                Para empezar, se dice que para tomarte en cuenta en RT, necesitas cuarenta reviews en diferentes medios o por lo menos cinco de top critics, o sea, gente que se ha ganado a pulso un prestigio y publica en medios muy reconocidos. Sharkado, cuenta con sus cinco necesarios, así que aunque sean menos de las cuarenta notas, es tomada en cuenta. Los críticos dan una calificación del 1 al 10, lo que quiere decir que con 6 ya pasaste, mientras que con 5 reprobaste, como en la escuela. Ahora saca un promedio sencillo: Los catorce críticos que votaron a favor de ella representan el 82% de los que votaron. En realidad lo que ves no es la calificación promedio, sino el porcentaje de votos positivos. De esta manera, el ejemplo que colocaba en la primera parte del artículo (por aquí) se explica: El 82% de los que votaron por El renacido, le dan una calificación promedio de 7.9, mientras que Sharknado tiene un 6.1. Deadpool tuvo un 83% de frescura, pero una calificación promedio de 6.9. Eso explica el por qué cintas tan diversas pueden tener porcentajes similares. Pues bien, regresemos al ejemplo del alumno: En mis clases de actividades cocurriculares (teatro), manejo una especie de premio, llamado participación. Puede ser positiva o negativa y cada una vale una décima de punto. Si juntas diez, tienes un punto, así que si tienes diez participaciones y sacas un nueve, tu calificación en el examen sube a diez. Con cincuenta exentas el examen, y no así el apartado de evaluación continua, el cual considera si traes cuaderno, uniforme de la materia, asistencia, etc. Si no tienes participaciones, tienes la opción de sacar un diez en cada uno de los apartados. El tercer modo de pasar es por medio de formar parte del club de teatro, lo cual te asegura exentar el examen y la evaluación continua. Pero al momento de asentar las calificaciones, Juanito X, Marita Y y Pepito Z sacaron diez, aún si Juanito no actúa nada, pero resulta que participa todo el tiempo y le sobran participaciones, Marita sacó diez en los dos rubros, y Pepito faltó algunas veces, incluido el día del examen, pero está en el club de teatro y se presentó en un evento de la escuela. En la boleta de los tres aparecerá un diez, sin importar cómo lo obtuvieron y quién se lo merece más.
                Algo así ocurre en Rotten, la diferencia está en que esta situación se las comento a mis alumnos casi cada vez que toca un examen. Cuando un usuario entra a la página, lo que ve son porcentajes, no calificaciones. Un usuario de Disqus me comentaba que por qué consideraba un sitio más confiable a IMDb, sobre Rotten, y la explicación es sencilla: Mientras que en IMDb se publica la calificación de los usuarios nada más, en RT, a esta se le da un lugar de menor importancia, lo que les interesa mostrar es la cantidad de votos a favor que tuvo la cinta en cuestión. Ahora, esto no quiere decir que sea más valiosa la opinión del espectador sobre la del profesional, sino que mientras uno muestra número netos, el otro le da preferencia a los porcentajes. Esto me resulta ilógico, ninguna medición de calidad seria se basa en datos tan ambiguos. En la llamada “prueba enlace”, por ejemplo, se considera la calificación promedio que sacaron los alumnos para ver en qué lugar de enseñanza está la escuela. Siguiendo el criterio de RT, entonces deberíamos de considerar el porcentaje de alumnos aprobados. Así, un colegio “patito”, cuyos inscritos sacaron calificaciones aprobatorias de seis, tendría el mismo lugar de calidad que uno en donde sus chicos sacaron nueves y dieces.
                Pues bien, esto en sí no es del todo malo, comparado con lo siguiente: Si bien el sitio por sí mismo no interfiere en las calificaciones otorgadas, el factor humano sí llega a hacerlo. No existe ninguna razón para asegurar que hay preferencias en la página, y por Disney menos que por nadie. La respuesta a esto es que Rotten pertenece a Flixter, un sitio que a su vez pertenece a Time-Warner. Y la prueba de que no hay interferencias ni favoritismos, se llama Batman V Superman: Su porcentaje de calidad promedio fue de 29%, con una calificación de 4.9/10. Y la cinta fue producida y distribuida por Warner Brothers. Si el sitio manipulara esta información, lo primero que hubiera hecho es detener la avalancha de críticas negativas. Sin embargo, las dejaron pasar aunque esto significó una pérdida irrecuperable (Aunque la cinta recuperó inversión y tuvo ganancias considerables, por desgracia, al ser un producto que muchos odiaron, sus ventas para reproducción doméstica peligran y son las que en verdad interesan a los productores de Hollywood), y derivó en la posible finalización de la carrera de Zack Snyder. Sin embargo, Disney, su mayor competidor, alcanza casi en cada cinta un porcentaje de frescura favorable. ¿Esto quiere decir que sus productos son superiores a los demás o que los críticos están tan aferrados como el público hacia estos?
                La respuesta es que por más que indagué, no encontré ninguna prueba sólida que me permitiera comprobar la existencia de extorsión o payola entre los críticos de cine.
                La payola es la forma en que se le denomina a la extorsión en el mundo de la música. Es la práctica de pagar con dinero o favores para que una canción se transmita en el radio o para que se le dé preferencia a un artista en particular. Durante años fue una práctica común, aunque hoy en día está prohibida en muchos países. En México, por ejemplo, se practica una forma de payola propia de nuestra idiosincrasia, que consiste en amenazar a los dueños de las estaciones para que apoyen a ciertos cantantes poco o nada conocidos, generalmente de música de banda, porque los capos del narcotráfico lavan dinero usando sus producciones discográficas. En el medio del cine, es sabido que algunos estudios, hasta los años noventa, hacían los press junket en lugares exóticos e invitaban a críticos y periodistas con todos los gastos pagados, además que conseguían regalos por parte de empresas patrocinadoras, que llegaban a valer cifras escandalosas. A la fecha, pero en menor medida, se sigue practicando algo similar, pero esto es para ganarse los favores del crítico, sin pedirlos expresamente. En el caso de Disney, no se puede decir que compre o extorsione abiertamente, pero hay muchas cosas por las que se puede sospechar esto. Lo primero es la cantidad de medios de comunicación masiva con los que cuenta. Es dueña de tantos negocios que me faltaría espacio para nombrarlos, pero les dejo un link para que los consulten por aca. Entre otras, son dueños de ABC, A+E, ESPN, Radio Disney, etc. Y por supuesto, son dueños de Marvel Comics y Marvel Studios. Obviamente, cualquiera habla bien de los productos de la casa. Pero Disney no cuenta con medios impresos, exceptuando Marvel, o por lo menos no de forma evidente. Tomando por ejemplo el caso de Televisa, que es dueña de muchísimas empresas, es de todos sabido que en sus filiales apoya principalmente sus producciones, y a aquel que hable mal de ellos, se le “veta” y no se les vuelve a invitar a sus eventos y programas, ¿por qué la empresa del ratoncito no lo haría?
                Pero aun con esto, no hay suficientes evidencias como para comprobar que Disney incentive de alguna manera a críticos profesionales para que les guste tal o cual producto. Y yo no tendría sospechas, sino fuera por un pequeño detalle: En el libro Corruption: How to Deal with Its Impact on Business and Society, de Godfrey Harris, editado por Americas Group Publications, en 2003 y que puedes consultar aquí, Disney Radio y todas sus estaciones y filiales tocaban hora tras hora la canción I Can't Wait, interpretada por Hillary Duff y que era parte del soundtrack de The Lizzie McGuire Movie (Jim Fall, 2003). Disney Radio la reportó como número uno en sus top teen y en segundo lugar una de la cantante April Lavigne. Pero la realidad era otra: La canción de Duff sólo se pasó una que otra vez en estaciones que no pertenecían a Disney y en todos los charts, ni siquiera aparecía. Las ventas de Hillary, con toda su campaña a favor, alcanzaron apenas las 124,000 copias, mientras Lavigne vendía hasta 2.5 millones. Algo debieron de haber aprendido.
                Pero sea cierto o no que muchos críticos reciben “incentivos” de parte de productoras y distribuidoras para apoyar sus productos, lo cierto es que muchos son muy honestos y han labrado su carrera gracias a eso. Pero es evidente que existe una tremenda distancia entre ellos y el público en general. Un profesional de la crítica y el análisis cinematográfico debe ser un guía, alguien que ubique al público y por lo tanto, requiere muchos conocimientos que no tiene el cinéfilo común y corriente. Debe saber de historia del cine, de géneros, de técnicas de producción y dirección, de fotografía, actuación y por supuesto, de guionismo y estructuras dramáticas. Es decir, debe saber cómo se hace una cinta. Además, debe conocer técnicas de investigación, tipos de géneros literarios, de corrección de estilo y redacción, además de tener buen gusto y control de impulsos, aunque esto último es muy difícil. Siempre debe ser ecuánime, no puede dejarse llevar por sus gustos, debe buscar la neutralidad, y sobre todo, debe ser honesto. Mientras que el cinéfilo se deja llevar por sus emociones y lo que le hacen sentir las películas.

                En estos días se puede dividir a los cinéfilos en tres grandes grupos: El que ama el cine por el hecho de serlo, que es capaz de entrar a ver lo que sea porque disfruta estar en la sala oscura viendo (o viviendo) una vida diferente a la suya; el que tiene preferencia por ciertos tipos de cine o géneros, y el que ama los superhéroes. Estos últimos son los que, por desgracia, pueden salvar o matar el cine. Han vuelto casi una religión el ver cintas basadas en cómics, al grado que esperan ansiosamente la función nocturna para ver antes que nadie las aventuras de héroes que muchas veces ni siquiera conocen, pero que son de Marvel o DC. Ellos son los que por fortuna o desgracia, están manteniendo viva la exhibición cinematográfica y también los que están matando a los demás géneros. El “divorcio” entre la crítica y los espectadores se ha incrementado muchísimo y si alguna utilidad tiene Rotten Tomatoes es la de mostrar esta situación. El incendio que comenzó el sitio con los resultados de Batman V Superman les ha generado estar en el ojo público y ha evidenciado algo que la naturaleza conoce muy bien: Un tomate podrido, en una caja de tomates frescos, empieza una descomposición masiva. Y en pocos días, tendrás una caja de tomates verdes podridos. 

domingo, 8 de mayo de 2016

Tomates verdes podridos o ¿quién critica a los criticantes? I





El estreno de Batman V Superman: El amanecer de la justicia (Batman V Superman: Dawn Of Justice, de Zack Snyder, 2106, de la que escribí por acá) desató una ola de controversias, debido a que el filme, que no es en sí una mala película, sí tuvo varias fallas de coherencia y continuidad. El sitio Rotten Tomatoes se convirtió en pieza clave de esta situación y destapó una cloaca que deja ver la situación actual de la crítica cinematográfica.
                La crítica del siglo XXI está plagada de periodistas, comunicólogos o hasta simples ociosos que a veces consiguen el puesto porque nadie en sus medios lo quiere o porque son los únicos de la oficina que no salen del cine, lo cual no es sinónimo de criterio o conocimiento cinematográfico. Otros son blogueros o youtubers, que comienzan a subir sus videos y críticas sólo por su pasión por el cine, sin tener siquiera un mínimo de bagaje cinematográfico. En otros casos, son reseñistas, porque lo que hacen es resumir lo que otros dicen o simple y sencillamente rescribir los boletines de prensa. Ha habido muchos medios, desde publicaciones periódicas y diarios, hasta páginas web especializadas, que mantienen un buen nivel en sus análisis fílmicos, pero por desgracia, lo que le importa a los que hoy por hoy están en el negocio, es el seguir trabajando, y esperan que les den la línea a seguir. Incluso, hay otros que se dedican a descaradamente, con o sin premiso de los autores originales, a repetir las notas de otros. Bajo esta óptica, hay pocos que todavía estudian crítica en alguna escuela o en talleres, y menos que se dedican a investigar y publicar libros especializados
                Rotten Tomatoes aparece por primera vez en internet en 1998. Nació debido a que un empresario ocioso, llamado Senh Duong, pensó en construir un sitio que permitiera saber la calidad de las películas, sumando y promediando los comentarios de las mismas. Según el sitio Wikipedia (Con todo y lo dudoso que puede ser también, es la única base de datos medianamente confiable en estos días), el señor tenía como hobby reunir todas las críticas y opiniones (reviews) de las películas de Jackie Chan (y luego preguntan por qué critico a Rotten), así que inventó este lugar en donde pudieran concentrarse todas las opiniones de los filmes existentes, de todas las épocas, para que los usuarios pudieran escoger qué ver y qué no, y así mismo, pudieran dar su opinión. Poco a poco, el hobby se transformó en un negocio y terminó vendido, primero a IGN, y posteriormente, a Flixter, una subsidiaria de Warner. Hoy en día, es el medio más recurrido al momento de opinar sobre cine. Ahora bien: ¿qué tan confiable es el sitio? Analicemos desde el principio cómo funciona y cómo lo ve el público.

                Al entrar a la página, aparece el trailer de la cinta, el cartel, , un “tomatómetro” y unos botes de palomitas. Para ser considerada en Rotten, una cinta debe tener, por lo menos, cuarenta reseñas de profesionales inscritos en la comunidad. Si un tomate es un manchón verde, quiere decir que los críticos votaron negativamente, entre 0 y 59%; si es rojito, significa que al menos el 60% lo hizo a favor; y más del 75%, significa que los críticos amaron la cinta y acaba de ganar el “sello de calidad”, es decir, un tomate rodeado de la leyenda “frescura garantizada (Certified Fresh)”. En cuanto a los usuarios, con sólo dar de alta su cuenta de Facebook, pueden dar “estrellas”, las cuales se contabilizan y promedian. Si la peli tiene 3.5 estrellas, se le da un bote lleno de palomitas, si es menos, un bote con las palomitas derramadas. Así de simple. El problema es que la gente va a la página, y entre que a muchos no les gusta leer y a otros no se les ocurre bajar más allá del tomatómetro porque les da hueva, pues ni se enteran de lo que han escrito sobre las cintas que se consultan. Esto está estratégicamente colocado, de tal manera que casi diez centímetros abajo, están los links a las páginas de los analistas que reseñaron y todavía menos gente va a sus respectivos sitios a leer lo que escribieron.

                En la página oficial, de E.U., se puede consultar los nombres de los miembros de la comunidad, como símbolo de transparencia, y se pueden encontrar nombres de gente diversa, desde Ernesto Diezmarquez, de Reforma, hasta Érick Estrada, de Cinegarage, gente con cierta credibilidad en lo que escriben. Revisando un poco los perfiles de los involucrados, vemos a gente como Pablo A. Scholz. Ha reseñado 49 cintas, de las cuales, solamente le ha dado “tomatazos” a 5 cintas. De las que ha calificado positivamente, en 13 casos no ha coincidido con los demás “tomateros” (así les llamaré de vez en cuando, para tener más adjetivos). Hay que hacer incapié en que todas sus entradas corresponden a películas comerciales. Ahora, tomando al azar una de las cintas que criticó Scholz, por ejemplo, Minions (íbid, Pierre Coffin y Kyle Balda, 2015), encontramos que hubieron 192 reseñas, 106 positivas y 86 negativas, por lo tanto, tiene 55% de “frescura”, o sea que los minions son verdes y no amarillos. En cuanto a la audiencia, está en un 55%, quiere decir, que se cayó su cubetita.

                Otro ejemplo es La sangre de Romeo (Romeo Is Bleeding, Peter Medak, 1993). La cinta es considerada de las mejores de los noventa en cine negro. Su calificación en IMDb, otro sitio que recopila todos los datos de las cintas y que se ha ganado el sitio del más confiable de su tipo, es de 6.6, según los usuarios. Filmaffinity, otro igual pero con menos tráfico que RT, la coloca con 6.2. Allocine, en su versión francesa, le pone 3.5 estrellas de cinco, mientras que Rotten la califica con 23%, mientras que los usuarios le dan un 61%. Analizando lo que pasó, es que la cinta tiene 35 críticas, 8 positivas y 27 negativas. En el momento de su estreno, la crítica se desparramó positivamente hacia el filme, pero en ese entonces no siquiera existían las páginas como RT, vamos, ni siquiera se soñaba con que hubiera internet en los hogares. Los que la calificaron así, en su mayoría son gente de sitios de cierta seriedad (que no siempre son confiables en cuanto a sus críticos, el Reforma tiene entre sus filas a Alvaro Cueva, en crítica de TV). Entre los que están firmando, me llaman la atención uno de ellos: Roger Ebert, considerado el padre de la crítica norteamericana. En la reseña en su página, RogerEbert.com, le da 2 de 3 estrellas de calidad, mientras que en Rotten, la registra negativamente. Ebert se caracterizó por calificar las cintas reseñadas, primero con el dedo arriba y abajo, después con las famosas estrellitas. Es decir, él fue quien empezó a esquematizar la crítica.

                Un caso muy similar es Armond White, quien es uno de los críticos más odiados y odiosos del mundo. No sé cómo sea como persona, pero es un tipo que en sus trabajos siempre parece que odia al cine y a la humanidad. Casi todas sus reseñas son negativas, cuando no hasta insultantes. En algunos casos, según comenta el sitio Cinemanía, en una excelente nota, parece ser el más lúcido de los analistas cinematográficos, y la verdad, un tipo que se atreve a reconocer que Avatar (Íbid, James Cameron, 2009) es una basura, merece mis respetos.

                Como podemos ver, en esto de la crítica y el análisis cinematográfico hay de chile, mole y dulce, por lo mismo, es difícil y a veces casi imposible realizar, un promedio que sea justo para todas las cintas en general. Y en Rotten Tomatoes, todavía es menos justo. Además, los criterios para calificarlas son bastante arbitrarios, de tal manera, que una película de autor y una comercial se evalúan con la misma medida. En este sentido, parece que no hay problema y parece apropiado, porque todas las películas son lo mismo: Cine. El problema es cuando una cinta como Rápidos y Furiosos 7 (Furious 7, James Wan, 2015), alcanza 80% de frescura, al igual que El renacido (Mi reseña por aquí), que se llevó 82%, Cara a cara (Ansikte mot Ansikte, Ingmar Bergman, 1976), Deadpool (también mi reseña anda por aquí), Nostalgia (Nostalghia, 1983) y El sacrificio (Offret, 1986), ambas de Andrei Tarkovsky. Siguiendo este ejercicio, querría decir que James Wan es un visionario a la altura de Bergman o Tarkovsky, o jodidamente, debió merecer el Oscar a Mejor director que se llevó “el negro” Iñárritu, o que Rápidos… es su obra maestra, y pronto estará entre las cien mejores de la historia. Pero no es así. En el juego de la crítica, aunque la escala de calificaciones sean las mismas, los criterios dependen tanto del crítico, del público al que está dirigida la cinta, si el señor que iba a escribir sobre ella anda de malas, de buenas o cansado, o es fan from hell del director.

                Hace un tiempo, en una revista llamada Dicine, había una sección llamada “Remolino de pasiones”, en la que los críticos pertenecientes a la publicación votaban con hasta cinco estrellas los estrenos del mes anterior. Les dejo la imagen del número 56, de 1994:
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                Si observan bien, ninguna cinta, buena o mala, alcanza a ser calificada de forma estándar. José Xavier Navar, especializado en cine de terror y serie “B”, le da una estrella a Los tres mosqueteros (The three musketeers, Stephen Herek, 1993), es decir, “Puede verla si está de ocioso”, mientras que Leonardo García Tsao, quizá el mejor de los críticos mexicanos que quedan vivos, le da dos puntos, es decir, “Evítela como la plaga”; y Javier González Rubio, le da dos estrellas, es decir, “Vale la pena”. Igual funciona Rotten. Y por desgracia, esto es lo que menos ve el público que entra a la página a buscar información. Lo que se observa es la superficie, lo que le dice que un filme es bueno o malo, nada más, pero no profundiza en por qué ocurre esta situación.

                Y también existen rumores de que hay corrupción y manipulación de calificaciones, pero esto es algo más complicado de explicar y entender, por lo que creo conveniente dejarlo para una segunda entrega. Les dejo el enlace a la parte dos, aquí