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lunes, 18 de julio de 2016

Las grandes cagadas de los mejores directores II





Después de la lista anterior (que puedes consultar aquí) hubieron muchas quejas porque no incluí en esa lista la siguiente, que es una de las peores (si no es que es la peor) según muchos:



Tim Burton: El planeta de los simios (Planet Of The Apes, 2001)

Recuerdo que en una ocasión, mi buen amigo y cómplice cinematográfico, Alejandro Rosas, me decía que la última película buena de Tim Burton fue El caldero mágico (The Black Cauldron, Ted Berman y Richard Rich, 1981). Le comenté que no era de él y me contestó: “Por eso.” Burton es un tipo polémico, es un gran director de actores y un espléndido creador visual, pero por desgracia, se ha vuelto un tanto o un mucho repetitivo. Curiosamente, el origen de esto se llama El planeta de los simios. Si se observa con detenimiento, no es una mala película, es una pésima película. Es fea, cancina, no hay un personaje mínimamente agradable o con el que se pueda crear el mínimo de simpatía, y el guión parece que lo escribió Manolo Caro en una borrachera y en papel del baño. Es la menos “burtoniana” que existe en su filmografía. Por lo mismo, estoy seguro que después de este fiasco, decidió mejor no volver a experimentar y no volver a dejar de trabajar cerca de su chile, perdón, amigo Johny Depp.





David Fincher: La habitación del pánico (Panic Room, 2002)

No es la primera vez que el director la caga, estaba a punto de poner El juego (The Game, 1997), pero debido a que esta fue un fracaso en taquilla, le di preferencia. Jodie Foster y Forest Whitaker no logran hacer ni medianamente atractiva esta cinta que es una alegoría glorificadora de la paranoia americana. Es más mala que una ex prostituta convertida en monja.





Robert Altman: Popeye (Ídem¸ 1980)

En sí, es una injusticia decir que es una mala película. En realidad, es bastante divertida y visualmente es muy excéntrica. La amo, aunque debo reconocer que fue un fracaso. Sólo a un genio como Altman se le pudo ocurrir hacer una cinta tan introspectiva sobre un personaje de comic strip, tan famoso (quizá la fama de este personaje se debió a lo feo de su diseño). El público se dividió entre los que la idolatran y los que la odian. En fin, hasta la niña más guapa, de vez en cuando se echa su caca.





Andréi Konchalovski: Tango & Cash (Íbid, 1989)

Si no conocen a Andréi Konchalovski, de verdad, no saben nada de cine. El señor es nada más y nada menos que uno de los tres grandes del cine soviético de la antigua URSS, junto a su hermano, Nikita Mijalkov (Pieza inacabada para piano mecánico/Neokonchennaya pyesa dlya mekhanicheskogo pianino, 1977) y Andréi Tarkovski (Nostalgia/Nostalguíya, 1983). Los tres huyeron al extranjero, donde hicieron carrera en diferentes países; por ejemplo, Tarkovski fue a dar a Italia, Francia y Suecia, mientras que Nikita se fue a Italia. Andréi terminó en Hollywood, donde filmó grandes cintas, como Los amantes de María (Maria's Lovers, 1984) o la épica El tren del escape (Runaway Train, 1985), en colaboración con Akira Kurosawa. Nadie se explica qué le pasó al filmar Tango & Cash. Es de esos placeres culposos, es cierto, pero ver a Konchalovski haciendo una cinta con Sylvester Stallone, es como ver… Pues eso mismo. Como si Dios en realidad hubiera metido la mano para el gol de Maradona. Hay una versión que afirma que realmente, el director abandonó el proyecto antes de terminarlo y que por eso quedó como quedó. Pues vaya, que ni las juveniles nalguitas de Teri Hatcher, la salvan de la injuria.





Ridley Scott: Hannibal (Íbid, 2001)

Scott es medio cagoncito, yo creo que tiene un síndrome de colon irritable medio fuerte. De las diarreas más profundas pasa al estreñimiento más brutal que existe. Hannibal es una muestra de lo que hace un colon taponeado. La novela escrita por Thomas Harris, resultaba una segunda parte perfecta para El silencio de los inocentes (Silence Of The Lambs, Jonathan Demme, 1991), que fue tan exitosa que se llevó un montón de óscares, además de que sirvió de base para una franquicia de cintas y una exitosa serie de tv. Por desgracia, ninguno de los subproductos han estado a la altura de la primera, pero Hannibal es la peor de todas. Lenta, pretenciosa, tiesa, aburrida, torpe, sobre actuada, fea, en fin, que se le pueden poner los peores adjetivos y aún así, uno se queda corto. De nada le sirvió la dirección de Scott, ni el guión de David Mamet, y terminó siendo una de las cosas más feas de la historia. Es como ver a Elba Esther Gordillo en negligé.





Woody Allen: Un hombre irracional (Irrational Man, 2015)

Si tengo un héroe personal, ese es Woody Allen. Cuando supe que iba a tener qué usar anteojos permanentemente, en lugar de sentirme mal, me puse feliz de parecerme en algo a él. Es cierto que es pretencioso, mamón, clasista, etc. Pero tiene suerte con las mujeres, es genial, inteligente, irónico y sobre todo, es Woody Allen. Para elegir qué cinta de él iba a poner en la lista, le tuve que pensar mucho porque en su última etapa ha tenido más tropezones que aciertos. Un hombre irracional tiene la mala fortuna de ser la cinta de Allen que Allen odiaría si fuera yo. Es lenta, Joaquin Phoenix no logra atraer en lo más mínimo y nunca tiene química con Emma Stonne, quien, dicho sea de paso, no parece estudiante exitosa. Para peor, la banda sonora (o la canción recurrente) es quizá la más fea de sus cintas. Dicen que es de humor negro, pero yo creo que en realidad es humor marrón.





Francis Ford Coppola: Jack (Íbid, 1996)

Nadie sabe por qué el papá de la medio interesante Sofia Coppola se aventó no sólo a dirigir, sino a producir este bodrio sobre un niño con una extraña enfermedad que lo va transformando en adulto. Es tan mala que hasta Chabelo le pidió a Dios que le sacara los ojos.





John Huston: Annie (Íbid, 1982)

Otro de los dioses del cine, que cayeron en la taza del baño en los años ochenta. En el caso de Huston realizó uno de los musicales más feos de la historia, sólo superado por Qué le pediste a Dios (Teresa Suárez, 2012). Pues sí. Es más feo y naco que un fin de semana en Las estacas.





William Friedkin: La tutora (The Guardian, 1990)

Si hablamos de Friedkin, en realidad no es ningún auteur, como muchos quisieran creer. En realidad es un artesano de los más eficaces que ha tenido Hollywood. Con todo, el también director de El exorcista (The Exorcist, 1973), Vivir y morir en los ángeles (To Live and Die in L.A., 1985), Contacto en Francia (The French Connection, 1971) y Los chicos de la banda (The Boys in the Band, 1970), también se aventó sus tacos de a 5 x $15.00 baros. Entre todas sus malas decisiones, la peor fue La tutora, que hablaba de una niñera malvada y que además era una especie de wica, resultó no sólo tendenciosa sino espantosa. Los efectos especiales son chafísismas y la protagonista es de las más grises que se han visto en muchos años.





Steven Spielberg: Hook, el regreso del capitán Garfio (Hook, 1991)

Si juntas a Dustin Hoffman, Julia Roberts, Robin Williams y Steven Spielberg, ¿qué puede salir mal? La respuesta es Hook. Decir que es terrible, en este caso, es un halago. Es quizá la peor cinta de Spielberg, es ñoña, infantiloide, babosa, fea, sobreactuada… Una vez vi una ilustración en la revista Mad, realizada por Sergio Aragonés, en donde coloca al Capitán Garfio muerto en un retrete, con los pantalones abajo y sangre en el garfio. Algo así, pero con Steven Spielberg en lugar del Capitán.





Guillermo del Toro: Hellboy 2: El ejército dorado (Helboy 2: The Golden Army, 2008)

Los del Toroliebers me van a matar por lo que voy a decir: El gordo, como buen gordo que es, si la caga, la caga a lo bestia. El director tiene una de las carreras más pedorras que existen, dejando inconclusos o sin siquiera arrancar muchos proyectos. Por sus manos han pasado desde Aliens, El señor de los anillos, Halo, y cuantas franquicias gusten y manden; las anunció y no las filmó; así como muchos proyectos que no empezó por equis o ye. Hellboy 3, por ejemplo, nunca la realizó. Y qué bueno. Si resulta como El ejército dorado, mejor que no la haga. Muchos la aman porque es palomera, Ron Perlman está excelente y la fotografía es muy bonita. Pero los efectos, más parecen defectos especiales. Es muy corta de duración y se siente inacabada. Pues sí, el gordo se aventó un buen pozolazo antes de filmarla.





Joel y Ethan Coen: El amor cuesta caro (Intolerable Cruelty, 2003)

El amor cuesta caro, ha cargado a cuestas el ser la peor película de los hermanos Coen, quienes nada más y nada menos que portan la medalla al mérito de ocupar un lugar en el top 5 de directores americanos. El problema con la película es que es demasiado guarra para ser cine de arte y muy poco convencional para ser cine comercial. Aún así, tiene escenas de antología, es divertida y tiene un guión bien escrito. ¿Por qué está en esta lista? Pues porque podría ser la obra maestra de Manolo Caro, nada más. Es una cinta que firmada por un director sin pretensiones, más que económicas, sería su mejor cinta, pero en manos de los Coen, pues nomás no.





Wong Kar-wai: Noches púrpuras  (My blueberry nights, 2007)

Si algo no entiende Hollywood es que no todos los directores que tienen éxito en sus países, pueden trasladarse exitosamente a sus intereses. Y generalmente, salvo los ingleses, no todos los que manejan lenguas diferentes, lo logran, mucho menos frecuentemente los asiáticos. Prueba de ello fue Wong Kar-wai. Famoso por sus cintas, principalmente la excelente Deseando amar (In the Mood for Love, 2000). La cinta no es mala, es hermosa visualmente, y el director es fiel a su universo personal, pero es como cuando comes tacos en el Sanbors: Por muy buenos que estén, no son como los tacos del "Papi".





                Como mención especial, les comento que en alguna ocasión el mismísimo Orson Welles dirigió una escena de un filme porno, llamado 3 a.m. (1975). Me quedaron muchas cintas en el tintero, pero no había manera de seguir; tres entregas de lo mismo nada más no funciona. Por ahí quedaron Psicosis de Van Sant, Oldboy, de Spike Lee, entre muchas otras. Pero en resumen, aunque resulten bajas de nivel en comparación de otras obras de los autores, hasta en sus trabajos fallidos se alcanzan a ver lo grandes que llegan a ser. Como decía mi amigo Mario, muchos directores ya quisieran comer de lo que cagan estos.


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miércoles, 9 de marzo de 2016

Programa doble: Trumbo, Culpable por sospecha.



Una bonita tradición de cines como el Tlacopan eran los “programas dobles con permanencia voluntaria”, lo cual significaba que pasaban dos películas en la misma sala, el mismo día, durante toda la semana y podías ver las dos por el mismo boleto, además que podías entrar a la hora que quisieras. Las cintas estaban reunidas por temáticas o géneros (Santo contra los vampiros y El hijo del Huracán Ramírez, por ejemplo, o sea, dos de luchadores), por el actor (Fiebre del sábado y Vaselina, las dos con Travolta) o porque pertenecían a la misma distribuidora y no había de otra. A partir de hoy vamos a seguir esta bonita tradición, proponiendo “programas dobles”, es decir, hablar de dos cintas de temáticas parecidas. Además, al final les presentaré una nueva sección con breviarios culturales cinematográficos.


Durante la entrega de los premios de la Academia (Oscar, para los cuates) de 1999 se entregó un premio honorario por trayectoria al extraordinario Elia Kazan, creador de cintas tan importantes como ¡Viva Zapata! (Idem, 1952), Nido de ratas (On The Waterfront, 1954), Al este del paraíso (East Of Eden, 1955) y Esplendor en la hierba (Splendor In The Grass, 1961), entre otras, así como uno de los mejores y revolucionarios maestros de actuación. Al momento de anunciar su reconocimiento, muchos de los asistentes se dieron la vuelta y algunos simplemente se cruzaron de brazos. Otros fueron ecuánimes y respetaron al anciano maestro. La razón de este desaguisado: El director declaró ante el Comité de Actividades Antiamericanas, en los años cincuentas y dio los nombres de varios personajes del medio cinematográfico que pertenecieron, fueron parte, estuvieron presente en alguna junta o simplemente conocieron a alguien en el Partido Comunista. En este periodo oscuro de la historia norteamericana, conocido como la “guerra fría” se dio un fenómeno que hasta la fecha hace morir de pena a los gringos, nombrado por referencia a una obra de teatro de Arthur Miller llamada Las brujas de Salem (la cual era una crítica a esta situación) como la “cacería de brujas”.
                A este tiempo pertenecen anecdóticamente las dos cintas que forman el programa de esta semana.

Cineplex.com
Culpable bajo sospecha/Cacería de brujas (Guilty by Suspicion)
E.U, 1992
Dirección y Guion: Irwin Winkler.
Fotografía: Michael Ballhaus.
Intérpretes: Robert De Niro, Annette Bening, Patricia Wettig, entre otros.
Duración: 105 minutos.

 
La historia es muy sencilla: un director de cine regresa a Hollywood tras un tiempo de estancia en Francia para dirigir una cinta que todos en la industria quieren hacer. El problema es que para poder realizarla debe declarar ante el “Comité de Actividades Antiamericanas”, es decir, es citado para delatar a sus colegas considerados “comunistas”. Por negarse a hacerlo es expulsado de los estudios y nadie se atreve a darle trabajo por presiones del gobierno. La cinta va exponiendo la degradación a la que se expusieron a los artistas de llamado Séptimo arte en este momento, tomando matices diversos: El que delata a sus compañeros, el que no quiere hacerlo porque le parece inmoral, el que siente que no le va a pasar nada o el que huye al exilio antes de que lo involucren, entre otros. Robert de Niro, como siempre en esta época (los ochentas y noventas), correcto y a veces inspirado, y Annette Bening como su ex esposa, amiga fiel que lo apoya hasta el final, son apenas las aristas de este triste y desesperado retrato de un suceso que de tan vergonzoso, pocas veces se ha hablado de él en las grandes producciones de Hoollywood, de hecho, este filme fue de poco presupuesto, lo cual se llega a sentir, principalmente, en el hecho de que la ambientación, si bien es correcta, no llega a sorprender como será en otras cintas que hablan de los años cuarenta o cincuenta. El director y guionista, Irwin Winkler (De-Lovely, E.U., 2004) es muy cuidadoso al mostrar los hechos, tan calculados que el final no deja de conmover e indignarse, al grado que casi gana la Palma de Oro en Canes en 1992.



nofilmschool.com

Trumbo (Idem)
E.U, 2015
Dirección: Jay Roach.
Guion: John McNamara, basado en la historia escrita por Bruce Cook .
Fotografía: Bruce Cook.
Intérpretes: Bryan Cranston, Helen Mirren, Diane Lane, entre otros.
Duración: 105 minutos.
La historia de Donald Trumbo es muy conocida para cualquiera que le guste el cine: Uno de los mejores guionistas de la historia que fue condenado a prisión por considerarlo “en desacato” al negarse a delatar a sus compañeros del Partido Comunista ante el “Comité”. Formó parte de la famosa “lista negra”, una relación enorme de nombres que tenían prohibido contratar en los estudios de Hollywood por considerarse antiamericanos. La cinta narra su vida a partir del momento en que comienza la “cacería de brujas”, hasta que obtiene el Óscar por su guión para El niño y el toro (The Brave One, E.U., Irving Rapper, 1956) y un par de sorpresas más que no les comento para no quemar el final, pero quien haya seguido su trayectoria, sabe qué hizo. Aquí se expone, igual que en el documental homónimo de Peter Askin (E.U., 2007), la lucha de este hombre para sacar adelante a todos los involucrados en “los diez de Hollywood”, excelentes guionistas, directores y productores, que fueron encarcelados con Trumbo y que tuvieron que trabajar bajo fachadas o prestanombres, en estos duros años.
                En cuanto a la factura de la cinta, el director Jay Roach logra un terminado visual impresionante, en momentos parece que el fotógrafo, Bruce Cook, filmó en Tecnicolor, incluso, las secuencias en blanco y negro, tienen esa textura especial de las cintas de entonces. El único momento que da pena en este sentido es cuando muestra las secuencias de Spartacus, las cuales se ven casi tan ridículas como las de La vuelta al mundo en ochenta días en Cantinflas (México, 2014, Sebastián del Amo). Toda la cinta está sostenida en un excelente reparto, principalmente Bryan Cranston, quien logra meterse en la piel de Trumbo de una manera espectacular. El problema es que a media cinta se pierde el camino y el director no logra que nos conectemos del todo con el personaje y su problemática familiar, es decir, esto pasa a segundo plano y se dedica a mostrar los hechos tal y como pasaron, sin ir más allá. Otra cosa es que así como algunos actores mutan en los personajes que representan (David James Elliott como John Wayne, aunque físicamente no se parece demasiado, Dean O'Gorman como Kirk Duglas) algunos parecen más caricaturas. El caso específico es Helen Mirren como Hedda Hopper, una importante ex actriz y columnista de Hollywood que durante los años cincuenta y sesenta destruyó más carreras que Patty Chapoy, su émulo mexicano. Ella es la villana de la película, es ridiculizada, caricaturizada y transformada en la más nefasta criatura que haya existido jamás. Si bien no era ninguna perita en dulce, esto tiene que ver más con el hecho de que el film es muy esquemático; los que están a favor de los “diez de Hollywood” son los buenos, los demás, los malos. Quizá esto se debe a la trayectoria de Jay Roach, quien entre sus mejores trabajos tiene la trilogía de Austin Powers y Como si fuera la primera vez (50 First Dates, E.U., 2004), comedias que no van más allá de lo correcto y chistoso. Esa falta de pericia en el drama se siente en el guión, escrito por él mismo, y que no termina de cuajar. Lo que se le agradece es que no hay escenas que busquen el “momento Kodak”, esa situación que hace que se te escapen las lágrimas. Pero aún así, no deja de ser fallida.
                Ahora bien, tanto Culpable por sospecha como Trumbo, se unen a esa lista de cintas que tratan de reflexionar sobre este sórdido capítulo de la historia norteamericana, que costó la vida, literalmente, de muchas personas, por ejemplo, el famoso caso de Ethel y Julius Rosenberg, un matrimonio judío que fueron acusados de pasar información a los rusos, misma que permitió que desarrollaran una bomba atómica. Nunca se les pudo comprobar nada, pero fueron sentenciados a muerte en 1953. El caso es tomado en ambas cintas para ejemplificar lo que ocurre en su mundo. Ambas también llegan a las mismas conclusiones, incluso, en ocasiones parece que Culpable… sirvió hasta cierto punto de referencia para Trumbo. Dos cintas que toman la misma situación, que junto a El majestic (The Majestic, E.U., Australia, 2001, Frank Darabont) o El prestanombres (The Front, E.U., 1976, Martin Ritt) pueden servir para generar un arco y entender este fenómeno.



La frase de la semana: Va a haber gaznates
                En los cines hasta los años noventa, y en algunos casos todavía entrados los dos mil, en las dulcerías se podía encontrar un dulce que parecía atractivo nada más para los más viejitos. Se llama “gaznate”, es un cucurucho de trigo, como el que se usa para los buñuelos, relleno de merengue. Si bien no es un dulce creado en México (en España se consume bastante y en diferentes sabores) se dice que es un dulce típico, porque está reelaborado con productos mexicanos (el sabor de merengue es especial porque lleva pulque. Cuando ibas al cine, en los cuarentas y hasta parte de los noventa, era tradición comprar muéganos, garapiñados, pistaches y otras golosinas tradicionales, así como refrescos, sándwiches y claro, las palomitas. Había mucha variedad: los Pon Pons, las Lunetas, los pastilleros PEZ, entre otras cosas. Los gaznates eran los más ricos y casi todo los comían; por lo mismo, no faltaba el gracioso que al pasar por la dulcería te decía: “¿Quieres ver gaznates?”o “Va a haber gaznates”.

lunes, 29 de febrero de 2016

Intensa-mente, para acabar pronto.



Intensa-Mente (Inside Out)
E.U, 2015
Dirección: Pete Docter y Ronnie del Carmen.
Guion: Pete Docter, Meg LeFauve y Josh Cooley.
Fotografía: Nathan Warner.
Intérpretes de voces: Amy Poehler, Phyllis Smith, Richard Kind, entre otros.
Duración: 94 minutos.



Mucho se ha hablado de esta cinta, y más ahora que injustamente ganó el Oscar a mejor largometraje animado. Aclaro desde ahora: No es una mala cinta, por el contrario, tiene muchos aciertos, pero son menos que los problemas con los que cuenta.
                La cinta cuenta la historia de Riley, una niña entrada en la pubertad, que es mudada de casa debido a que su padre acaba de ser contratado en un nuevo trabajo. A partir de ese momento comienza a cambiar su comportamiento, se vuelve irascible, temerosa, rebelde, vamos, se vuelve una adolescente. La novedad del caso es que desde que nace, tenemos la oportunidad de escuchar lo que pasa en su cabeza por la narración de, ni más ni menos, que la emoción dominante que tiene, la alegría. Es esta la verdadera protagonista de la cinta, la que tiene el viaje iniciático para entender qué está pasando con la niña y también, para darnos a saber cómo funcionan las emociones humanas. El mensaje al terminar la cinta es que todas nuestras emociones funcionan amalgamadas y que siempre hay una que es la que gobierna, puede ser Desagrado, Alegría, Tristeza, Miedo o Enojo. Nada más. No hay medias tintas.
                ¿Parece que estoy narrando un documental de Nat geo? ¿Es una peli educativa de esas de la OMS que pasaban en las escuelas? Pues no. Es un largometraje de Pixar. Ese es el problema de la cinta, que alarga innecesariamente algo que pudo condensarse en minutos.
                Cuando anunciaron la cinta, me parecía algo sorprendente y me moría de ganas de verla. Pero lo más curioso vino cuando la vi en compañía de mi sobrina, de la misma edad que la niña del filme y nos quedamos mirando uno al otro con cara de “¿para qué me trajiste a ver esto?”. El diseño de producción es muy ambiguo, en ocasiones es hermoso pero en otros, deja bastante que desear. Empezando con los personajes de las emociones, que son bastante feos, muy sencillos y poco inspirados, casi toda la cinta está inundada de referencias a lo visual de Dumbo (1941, Ben Sharpsteen, Wilfred Jackson, Norm Ferguson, Jack Kinney, Samuel Armstrong, Bill Roberts y John Elliotte) y a algunas cintas precisamente de esas que servían para cuestiones educativas. Vamos, bastante reto, de lo que tanto les gusta en la Condesa. Y también es muy parecida a un corto previo de Pixar, llamado Día y noche (Day and Night, 2010, Teddy Newton).
                Un personaje en particular ha causado mucha polémica. Cuando comento que no me gustó, muchos me la refrescan y otros me dan una palmada en la espalda: Bing Bong, alguien que nunca termina de cuajar. Es un amigo imaginario, creado por la niña Riley, que es mitad elefante, mitad bola de estambre, mitad no mamesquéeseso. Su personalidad es la de una especie de Jar Jar Binks pero a lo bestia y gordo. Para ser el producto de la imaginación de una niña, está bastante gacho. Que yo recuerde, los amigos imaginarios son simpáticos, como perritos, ratones, Jesucristo, una princesa. Pero este adefesio es de una pobreza visual que raya en lo franciscano. Y además, es muy desagradable su voz y su presencia. Cuando muere (la verdad, estamos a más de seis meses de su estreno, así que si no la has visto, ¿en qué planeta vives?) en lugar de sentir que te arrancan a ese amigo entrañable que tienes tanto tiempo de conocer (en años cine son como veinte años, en la vida real, una hora y cachito), la sensación es de una indiferencia que hasta hiela la sangre.
                Como película didáctica, siento que Intensamente es una joya. Es de esos filmes que serán obligados de hoy en adelante en las clases de la maestra Marthita, o en las escuelas de psicólogos, pedagogos, puericultistas y los cursos de actualización docente. Pero como película, toma elementos tan diversos que no funciona del todo. En ella se amalgaman los diversos estilos visuales de los que hablaba más arriba, más un realismo extremo en las escenas fuera de la mente de la niña, que a veces es mucho más bonito que lo que hay dentro. De cintas como Todo lo que quería saber sobre el sexo pero temía preguntar (Everything You Always Wanted To Know About Sex But Were Afraid To Ask, 1972, Woody Allen) imita la idea de el cuerpo humano como una máquina manejada por las emociones, lo cual había sido explotado en una serie de televisión que la verdad, nunca vi, pero que los autores de Intensa-Mente sí, incluso la mencionan muchos críticos como su principal influencia: Herman's Head, la cual, aunque en la página Doblaje Wikia menciona que se dobló al español y se tituló Dentro de la cabeza de Herman, no recuerdo haberla oído mencionar siquiera. En ella se cuenta la historia de Herman (lógicamente) quien transmite el análisis de eventos por medio de discusiones que ocurren dentro de su cabeza entre personajes que representan sus emociones.
                Dicen que cuando se planeaba la cinta, fue precisamente el tiempo en que John Lasseter recién se instalaba como Director Creativo de Disney, motivo por el cual descuidó un tanto las producciones del estudio que él mismo cofundó. Y eso se nota en las últimas cintas Pixar y en las del estudio del ratón, las cuales hoy por hoy son superiores a las del estudio de la lamparita.
                Para acabar, Intensa-Mente no es un fracaso, prueba de ellos es la base de fans con la que cuenta y el premio obtenido ayer. Pero eso no lo hace la mejor cinta animada de la historia, como muchos llegan a gritar a los cuatro vientos, y mucho menos la mejor de Pixar. Es mecánica, fría, parece hecha con un manual y está llena de clichés (tristeza es azul y feíta, se parece a Juanita, y alegría amarilla y bonita, como mi ex Alejandra). Vamos, para recibir un mensaje y reírme un rato, prefiero un capítulo de Los Simpson, antes de la temporada 16, claro.