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martes, 31 de mayo de 2016

Programa doble: Gloria y las elegidas del Ariel




En esta ocasión nuestro programa doble se baña de polémica, y les presentamos las dos películas que más premios Ariel, que otorga la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC), que es algo así como el Oscar Azteca.

Las elegidas
México, 2015.
Dirección: David Pablos.
Guion: David Pablos.
Fotografía: Carolina Costa.
Intérpretes: Nancy Talamantes, Óscar Torres, Leidi Gutiérrez, entre otros.
Duración: 105 minutos.
La prostitución y la trata (antes era “trata de blancas” pero yo creo que les pareció de mal gusto el término porque la mayoría de las que lo sufren por acá son más bien prietitas) son temas que siempre abren la ventana a la discusión: Que si es un mal necesario, que es una de las peores manipulaciones al género femenino, que cosifica a la mujer, que quien entra a esto es por tonta o por pobre, y párenle de contar. Lo cierto es que, cinematográficamente, en nuestro país es uno de los tópicos más recurrentes. Desde la tremebunda, La mujer del puerto (Arcady Boytler y Raphael J. Sevilla, 1934), la melodramática y exagerada, Santa (Antonio Moreno, 1932, para la más conocida de las versiones que existen), pasando por todas las que se hicieron de durante la mal llamada “Época de oro”, hasta los excesos de Las ficheras (Bellas de noche, Miguel M. Delgado, 1975) y las “sexy comedias”, de los años ochentas, entre muchas otras, el sitio que ha tenido la prostituta es de la víctima de las circunstancias, la que lo hace por vocación, la que incluso se divierte como enano (sin albur) o la mujer mala que lo hace por venganza a la sociedad o su familia. Pocas veces, quizá por lo fuerte del caso, se ha hablado de las verdaderas causas de este fenómeno tan vilipendiado a veces. Una de esas cintas fue Las poquianchis (Felipe Cazals, 1976) y por supuesto, la que es como su hija más chiquita: Las elegidas.
                Ganadora del Ariel a mejor película, la segunda película de David Pablos, cuenta la historia de una adolescente que es enganchada para ser prostituida. En paralelo, se observa lo que pasa con el chico que intenta hacerla entrar en este mundo, mismo que se enamora y trata de conseguir la libertad de la niña. La obra sigue a estos y otros personajes que están alrededor, contando de forma metafórica y simbólica lo que ocurre en sus cabezas. El filme es como un círculo vicioso y quien entra en él ya no sale. No se detiene en buscar los motivos y a veces parece que no se define entre la cinta didáctica, el melodrama romántico, la nota roja y el cine de auteur, y navega entre uno y otro, a veces recordando a Reygadas, en otras a Ripstein, en otras a Van Sant y así, lo cual no es del todo malo. Visualmente es muy correcta y en general está muy bien actuada. Casi todos los actores (totalmente desconocidos por ser gente de la localidad, de Baja California) están bien dirigidos y se siente muy bien balanceados los personajes. Quizá el padre de la familia de lenones, el dramaturgo y maestro Edward Coward, aunque correcto, en ocasiones se siente un poco afeminado, no sé si el actor o el director lo hicieron conscientemente.
                Algo que choca un poco es el exceso de autocensura que hay en ella, quizá por la edad de algunas de las participantes, pero al mismo tiempo, algunas escenas muy truculentas, se extienden demasiado (ejemplo, cuando el padre obliga a su hijo mayor a golpear a su hermano menor. Aunque esto ocurre fuera de cámara, se alarga demasiado). Fuera de esto, la película transcurre bien y, a pesar de ser muy lenta y tomarse su tiempo, no aburre y permite a los espectadores reflexionar sobre el tema.
Las elegidas lleva a sus personajes en un círculo que visto desde arriba es en realidad, un uroboro, una serpiente que se devora a sí misma. Todos los personajes son víctimas y victimarios, y repiten esquemas. El hijo reproduce los pasos de su hermano, como seguramente este, calca los de su padre. La chica que cae en esto, sigue el esquema de otra de sus compañeras que en algún momento vivió una relación con el hermano del chico que la llevó a esto, como también, seguramente, la madre jefa de la familia de padrotes. La prostitución es un ir y venir sin final. Lejos se queda la figura de “la que se levanta tarde”, la simpática y coqueta prostituta de Nosotros los pobres (Ismael Rodríguez, 1948), ante una realidad mucho más oscura y desesperada que la que nos mostraban sus escenas al lado de Pepe “el toro”.
Ahora bien, aunque estamos ante una cinta extraordinaria, representa a su vez lo bueno y lo malo del cine mexicano. Bueno porque es valiente al exponer los hechos, malo porque no nos cuenta más allá de un pequeño fragmento de la situación. No se exponen los que solapan esta situación, ni por qué se permite que exista y quienes salen beneficiados con esto. Sólo se concentra en el lado emocional. Es bueno también que se abra la discusión sobre la trata, pero es malo que se decida usar un estilo y una forma que, aunque brillante, no es accesible para todo el público. ¿De qué sirve que los intelectuales y pseudointelectuales la aplaudan? ¿Qué utilidad tienen los premios? El público que paga la prostitución, el que puede estar expuesto a caer en una red de lenocinio, no puede acceder a ella, no porque no le interese el tópico, sino porque su estilo, aunque correcto, no le llama la atención. Ellos están acostumbrados a Lo que callamos las mujeres, a La rosa de Guadalupe. La cinematografía nacional tiene esa mala costumbre de que los temas de interés nacional se tratan de forma que no puedan verlo los que deberían consumirlo. Eso ocurre con Heli (Amat Escalante, 2013), Miss Bala (Gerardo Naranjo, 2011), Después de Lucía (Michel Franco, 2011), excelentes todas, pero ya no estamos en los tiempos en que se deba despreciar al público de calle, al que si llega a ver una cinta “de autor” la ve en dvd clon, pero que sí va a ver ¿Qué culpa tiene el niño? (mi crítica acá) en Cinépolis y hasta compra palomitas. El divorcio entre los que dicen cosas importantes y el espectador no debería existir. Y se puede conciliar, lo han demostrado El crimen del padre Amaro (Carlos Carrera, 2002), El infierno (Luis Estrada, 2010), Voces inocentes (Luis Mandoki, 2004), Malos hábitos (Simón Bross, 2007), entre otras. Aun con todo, quizá no sea la mejor película del año, pero ojalá y la peor fuera como ella.


Gloria
México, 2014.
Dirección: Christian Keller.
Guion: Sabina Berman.
Fotografía: Martín Boege.
Intérpretes: Sofia Espinosa, Marco Pérez, Tatiana del Real, entre otros.
Duración: 126 minutos.
Si existe un personaje de la farándula que sea igualmente odiado que amado, es Gloria de los Ángeles Treviño Ruiz. A partir de que en 1998 aparece el libro La gloria por el infierno, de Rubén Aviña, un estimable y poco reconocido periodista de espectáculos, inició un parteaguas en la sociedad mexicana. A partir de los abusos cometidos por Sergio Andrade a sus “coristas y estudiantes”, todas ellas con él desde la minoría de edad, tanto los medios, el gobierno y los padres de familia, comenzaron una cacería de brujas contra todos los se sospeche que son pederastas tienen preferencias por las chamaquitas, lo cual se ha extendido hasta el día de hoy
                En Gloria, se cuenta la relación entre Sergio Andrade y Gloria Trevi, desde que se conocen y comienzan una relación, hasta cuando se sabe del escándalo que los caracteriza. Si alguien no sabe qué pasó, lo pongo al tanto. Andrade tenía una “academia”, muy cerca del metro Revolución, por cierto, en la cual reclutaba a jovencitas para amaestrarlas – perdón – instruirlas, en el arte de la música y volverlas “estrellas”. El tipo tenía un extraño carisma y conseguía que los padres les dejaran a sus hijas a su cargo, dándole, incluso, la patria protestad o solapando que algunas de ellas se casaran con él. Esos mismo padres, ciegos o con los ojos vendados, son los primeros que le dieron la espalda y lo acusaron de abusos, de cerdo comunista, de Hitler chilango y párenle de contar. Si bien no todos estaban consientes de la situación y confiaron en él, otros, por desgracia, aunque supieran qué ocurría o lo sospecharan, nunca dijeron nada. Fue hasta que Gloria deja a TV Azteca para volver a Televisa, que Paty Chapoy, una comentadora de chismes que cree que tiene el tamaño moral para criticar a cualquiera, exhibe y casi crucifica a Gloria, apoyándose en el libro ya mencionado, que recogía los testimonios de Alin Hernández, una de las “esposas” del señor Andrade.
                La cinta muestra todo desde la perspectiva de la Trevi, desde su mundo personal, cargado de ingenuidad, pero a la vez, consciente de que lo que hace está mal. Gloria y Sergio, según Christian Keller (quien, por cierto, ni siquiera es director de cine, sino un suizo loco que escuchó del caso y pensó que sería una buena película), son protagonistas de una historia de amour fou, como lo fue la de Ike y Tina Turner, quien soportó abusos y vejaciones de su marido, según se narra en Tina, lo que hace el amor (What's Love Got to Do with It?, 1993) el realizador Brian Gibson, igual que lo vivieron muchas otras parejas de artistas y gente famosa. Por lo mismo, deja un poco de lado la crítica y se dedica a observar desde la mirada de la cantante todos los sucesos. Para Keller, Andrade es un ser que no entiende por qué la sociedad no acepta sus “preferencias”, mientras que la Trevi es víctima de una pasión que la encandila y la hace aceptar todo lo que pasa alrededor. Una de las mejores escenas es en la que los amantes malditos, visitan al “tigre” Azcárraga y él comienza a “venderle” la idea de que es una chica salida de la pobreza, que se levantó por sí misma, y ella comienza a imaginar que canta Con los ojos cerrados, el himno de las mujeres sometidas por el amor, para después mostrarla en pleno éxito, interpretando la canción en un palenque.
                A medio camino entre el melodrama y la comedia musical, fue recibida por la crítica muy tibiamente, y por el público, todavía peor. Entre otras cosas, esto ocurrió porque meses antes de su estreno se filtró a internet una copia de la cinta y los piratas hicieron su agosto con ella. Y por otro lado, esto pasó porque la Señora Trevi genera un torbellino de ímpetus encontrados, y hay mucho resentimiento hacia ella. Por un lado, están los que la consideran una víctima, que creen que la culpa de todo la tuvo Sergio, por ser un adulto que sabía que lo que estaba haciendo era un delito y porque era un loco pervertido. Y en el otro extremo, están los que creen que ella fue tan responsable como él, que era una depravada, que como era mayor de edad no se merecía el perdón del público, que todavía debería estar encerrada por lenona y que cantaba de la fregada.
El día de ayer no tenía mucho que hacer y mientras empezaba este texto, escuché los programas de Jorge Poza y de Maxine Woodside, en los cuales, debido a la noticia que la peli ganó mejor actriz en el Ariel y Las elegidas, la mejor cinta, comentaron acerca de Gloria. Poza pensaba que el filme merecía más reconocimientos, por ser uno de los mejores hechos en los últimos años, mientras Maxine, comentó que le parecía que no merecía ni siquiera estar nominada, porque aunque era buena, no era para tanto y ensalzaba a la cantante. Cuestión de perspectivas. Lo cierto es que a fin de cuentas, y tratando de dejar favoritismos a un lado, hay que reconocer que es un tour de forcé de todos los participantes; de un director primerizo, de una inspiradísima Sofía Espinosa como la Trevi, que por momentos nos hace creer que es ella reencarnada, un correcto Marco Pérez, que según contó, entró al proyecto dos semanas antes de empezar a rodar y por supuesto, un buen guión de Sabina Berman, en uno de sus mejores trabajos para cine. Y si bien no se puede justificar los sucesos que describen, no por eso se va a negar que estamos ante una de las películas más redondas que ha dado la cinematografía nacional de los últimos años.
Reflexionando un poco, el que tanto Las elegidas, como Gloria, hayan triunfado en los Arieles, no sólo es un buen pretexto para unirlas en este programa doble, sino que, vistas de cerca, son dos partes de una misma fotografía de la realidad mexicana. La obra de David Pablos muestra la parte sórdida y prohibida, mientras la de Christian Keller es el pedacito brillante, luminoso, que atrae y es incluso consensuado. Al final, son el retrato de la manera en que nuestra sociedad ve a la mujer, un mural nada halagador de la hipocresía en la que vivimos.

miércoles, 9 de marzo de 2016

Programa doble: Trumbo, Culpable por sospecha.



Una bonita tradición de cines como el Tlacopan eran los “programas dobles con permanencia voluntaria”, lo cual significaba que pasaban dos películas en la misma sala, el mismo día, durante toda la semana y podías ver las dos por el mismo boleto, además que podías entrar a la hora que quisieras. Las cintas estaban reunidas por temáticas o géneros (Santo contra los vampiros y El hijo del Huracán Ramírez, por ejemplo, o sea, dos de luchadores), por el actor (Fiebre del sábado y Vaselina, las dos con Travolta) o porque pertenecían a la misma distribuidora y no había de otra. A partir de hoy vamos a seguir esta bonita tradición, proponiendo “programas dobles”, es decir, hablar de dos cintas de temáticas parecidas. Además, al final les presentaré una nueva sección con breviarios culturales cinematográficos.


Durante la entrega de los premios de la Academia (Oscar, para los cuates) de 1999 se entregó un premio honorario por trayectoria al extraordinario Elia Kazan, creador de cintas tan importantes como ¡Viva Zapata! (Idem, 1952), Nido de ratas (On The Waterfront, 1954), Al este del paraíso (East Of Eden, 1955) y Esplendor en la hierba (Splendor In The Grass, 1961), entre otras, así como uno de los mejores y revolucionarios maestros de actuación. Al momento de anunciar su reconocimiento, muchos de los asistentes se dieron la vuelta y algunos simplemente se cruzaron de brazos. Otros fueron ecuánimes y respetaron al anciano maestro. La razón de este desaguisado: El director declaró ante el Comité de Actividades Antiamericanas, en los años cincuentas y dio los nombres de varios personajes del medio cinematográfico que pertenecieron, fueron parte, estuvieron presente en alguna junta o simplemente conocieron a alguien en el Partido Comunista. En este periodo oscuro de la historia norteamericana, conocido como la “guerra fría” se dio un fenómeno que hasta la fecha hace morir de pena a los gringos, nombrado por referencia a una obra de teatro de Arthur Miller llamada Las brujas de Salem (la cual era una crítica a esta situación) como la “cacería de brujas”.
                A este tiempo pertenecen anecdóticamente las dos cintas que forman el programa de esta semana.

Cineplex.com
Culpable bajo sospecha/Cacería de brujas (Guilty by Suspicion)
E.U, 1992
Dirección y Guion: Irwin Winkler.
Fotografía: Michael Ballhaus.
Intérpretes: Robert De Niro, Annette Bening, Patricia Wettig, entre otros.
Duración: 105 minutos.

 
La historia es muy sencilla: un director de cine regresa a Hollywood tras un tiempo de estancia en Francia para dirigir una cinta que todos en la industria quieren hacer. El problema es que para poder realizarla debe declarar ante el “Comité de Actividades Antiamericanas”, es decir, es citado para delatar a sus colegas considerados “comunistas”. Por negarse a hacerlo es expulsado de los estudios y nadie se atreve a darle trabajo por presiones del gobierno. La cinta va exponiendo la degradación a la que se expusieron a los artistas de llamado Séptimo arte en este momento, tomando matices diversos: El que delata a sus compañeros, el que no quiere hacerlo porque le parece inmoral, el que siente que no le va a pasar nada o el que huye al exilio antes de que lo involucren, entre otros. Robert de Niro, como siempre en esta época (los ochentas y noventas), correcto y a veces inspirado, y Annette Bening como su ex esposa, amiga fiel que lo apoya hasta el final, son apenas las aristas de este triste y desesperado retrato de un suceso que de tan vergonzoso, pocas veces se ha hablado de él en las grandes producciones de Hoollywood, de hecho, este filme fue de poco presupuesto, lo cual se llega a sentir, principalmente, en el hecho de que la ambientación, si bien es correcta, no llega a sorprender como será en otras cintas que hablan de los años cuarenta o cincuenta. El director y guionista, Irwin Winkler (De-Lovely, E.U., 2004) es muy cuidadoso al mostrar los hechos, tan calculados que el final no deja de conmover e indignarse, al grado que casi gana la Palma de Oro en Canes en 1992.



nofilmschool.com

Trumbo (Idem)
E.U, 2015
Dirección: Jay Roach.
Guion: John McNamara, basado en la historia escrita por Bruce Cook .
Fotografía: Bruce Cook.
Intérpretes: Bryan Cranston, Helen Mirren, Diane Lane, entre otros.
Duración: 105 minutos.
La historia de Donald Trumbo es muy conocida para cualquiera que le guste el cine: Uno de los mejores guionistas de la historia que fue condenado a prisión por considerarlo “en desacato” al negarse a delatar a sus compañeros del Partido Comunista ante el “Comité”. Formó parte de la famosa “lista negra”, una relación enorme de nombres que tenían prohibido contratar en los estudios de Hollywood por considerarse antiamericanos. La cinta narra su vida a partir del momento en que comienza la “cacería de brujas”, hasta que obtiene el Óscar por su guión para El niño y el toro (The Brave One, E.U., Irving Rapper, 1956) y un par de sorpresas más que no les comento para no quemar el final, pero quien haya seguido su trayectoria, sabe qué hizo. Aquí se expone, igual que en el documental homónimo de Peter Askin (E.U., 2007), la lucha de este hombre para sacar adelante a todos los involucrados en “los diez de Hollywood”, excelentes guionistas, directores y productores, que fueron encarcelados con Trumbo y que tuvieron que trabajar bajo fachadas o prestanombres, en estos duros años.
                En cuanto a la factura de la cinta, el director Jay Roach logra un terminado visual impresionante, en momentos parece que el fotógrafo, Bruce Cook, filmó en Tecnicolor, incluso, las secuencias en blanco y negro, tienen esa textura especial de las cintas de entonces. El único momento que da pena en este sentido es cuando muestra las secuencias de Spartacus, las cuales se ven casi tan ridículas como las de La vuelta al mundo en ochenta días en Cantinflas (México, 2014, Sebastián del Amo). Toda la cinta está sostenida en un excelente reparto, principalmente Bryan Cranston, quien logra meterse en la piel de Trumbo de una manera espectacular. El problema es que a media cinta se pierde el camino y el director no logra que nos conectemos del todo con el personaje y su problemática familiar, es decir, esto pasa a segundo plano y se dedica a mostrar los hechos tal y como pasaron, sin ir más allá. Otra cosa es que así como algunos actores mutan en los personajes que representan (David James Elliott como John Wayne, aunque físicamente no se parece demasiado, Dean O'Gorman como Kirk Duglas) algunos parecen más caricaturas. El caso específico es Helen Mirren como Hedda Hopper, una importante ex actriz y columnista de Hollywood que durante los años cincuenta y sesenta destruyó más carreras que Patty Chapoy, su émulo mexicano. Ella es la villana de la película, es ridiculizada, caricaturizada y transformada en la más nefasta criatura que haya existido jamás. Si bien no era ninguna perita en dulce, esto tiene que ver más con el hecho de que el film es muy esquemático; los que están a favor de los “diez de Hollywood” son los buenos, los demás, los malos. Quizá esto se debe a la trayectoria de Jay Roach, quien entre sus mejores trabajos tiene la trilogía de Austin Powers y Como si fuera la primera vez (50 First Dates, E.U., 2004), comedias que no van más allá de lo correcto y chistoso. Esa falta de pericia en el drama se siente en el guión, escrito por él mismo, y que no termina de cuajar. Lo que se le agradece es que no hay escenas que busquen el “momento Kodak”, esa situación que hace que se te escapen las lágrimas. Pero aún así, no deja de ser fallida.
                Ahora bien, tanto Culpable por sospecha como Trumbo, se unen a esa lista de cintas que tratan de reflexionar sobre este sórdido capítulo de la historia norteamericana, que costó la vida, literalmente, de muchas personas, por ejemplo, el famoso caso de Ethel y Julius Rosenberg, un matrimonio judío que fueron acusados de pasar información a los rusos, misma que permitió que desarrollaran una bomba atómica. Nunca se les pudo comprobar nada, pero fueron sentenciados a muerte en 1953. El caso es tomado en ambas cintas para ejemplificar lo que ocurre en su mundo. Ambas también llegan a las mismas conclusiones, incluso, en ocasiones parece que Culpable… sirvió hasta cierto punto de referencia para Trumbo. Dos cintas que toman la misma situación, que junto a El majestic (The Majestic, E.U., Australia, 2001, Frank Darabont) o El prestanombres (The Front, E.U., 1976, Martin Ritt) pueden servir para generar un arco y entender este fenómeno.



La frase de la semana: Va a haber gaznates
                En los cines hasta los años noventa, y en algunos casos todavía entrados los dos mil, en las dulcerías se podía encontrar un dulce que parecía atractivo nada más para los más viejitos. Se llama “gaznate”, es un cucurucho de trigo, como el que se usa para los buñuelos, relleno de merengue. Si bien no es un dulce creado en México (en España se consume bastante y en diferentes sabores) se dice que es un dulce típico, porque está reelaborado con productos mexicanos (el sabor de merengue es especial porque lleva pulque. Cuando ibas al cine, en los cuarentas y hasta parte de los noventa, era tradición comprar muéganos, garapiñados, pistaches y otras golosinas tradicionales, así como refrescos, sándwiches y claro, las palomitas. Había mucha variedad: los Pon Pons, las Lunetas, los pastilleros PEZ, entre otras cosas. Los gaznates eran los más ricos y casi todo los comían; por lo mismo, no faltaba el gracioso que al pasar por la dulcería te decía: “¿Quieres ver gaznates?”o “Va a haber gaznates”.

domingo, 21 de febrero de 2016

El niño y el mundo o cuando PIXAR se volvió cine para niños.


animalife.ru

El niño y el mundo (O Menino e o Mundo)
Brasil, 2013
Dirección: Alê Abreu.
Guion:Alê Abreu.
Fotografía: Débora Fernandes, Débora Slikta, Luiz Henrique Rodrigues y Marcus Vinicius Vasconcelos.
Intérpretes de voces: Vinicius Garcia, Felipe Zilse, Alê Abreu, entre otros.
Duración: 80 minutos.

“Porque aquí en este tren
Se endurecerá mi sino
Voy tan lejos que al volver
Ya no seré un niño”.
                  Boabdil el chico (se va al norte) – Miguel Ríos

Dice un dicho que no hay nada nuevo bajo el sol. Y la anécdota central de El niño y el mundo no admite mucha novedad: Un niño pequeño sale de su aldea para seguir a su padre que ha ido a alguna parte de Brasil para poder buscarse un sustento. En el camino va a darse cuenta de la realidad que lo rodea, primero como algo maravilloso y después descubrirá que hay un lado oscuro de esa belleza.
                El cine brasileño está casi en extinción. Durante los años sesenta, el Cinema Novo lo proyectó como una de las cinematografías más sanas e importantes del mundo, racha que duró hasta entrados los años ochenta. Autores como Glauber Rocha (Terra em transe, 1967), Nelson Pereira dos Santos (Memórias do Cárcere, 1984), Carlos Diegues (Xica da Silva, 1976), Héctor Babenco (Pixiote, 1980), Bruno Barreto (Dona Flor e Seus Dois Maridos, 1976), entre otros, son recordados entre los directores más influyentes de la historia. Mención aparte sería José Mojica Marins, quien está considerado uno de los pioneros del cine de terror latinoamericano, pero eso es un cuento para otra ocasión, más de nochecita. Para los años noventa, salvo algunos de los ya maduros autores mencionados, pocos fueron los debutantes que hicieron algo interesante, como Walter Salles (Central do Brasil, mejor conocida en México como Estación central, 1998). Y si bien en la actualidad es poca la producción de este país, uno como el nuestro, con sus más de 100 películas al año, quisiera tener cosas tan espectaculares como las que de vez en cuando salen de ahí. Ciudad de Dios (Cidade de Deus, 2002, Fernando Meirelles) o Tropa de élite (Idem, 2007, José Padilha) son muestras de esto. Y El niño y el mundo es una de ellas.
                La cinta analiza la pérdida de la infancia, la intolerancia, lo hermosa y salvaje que es la vida moderna, lo bella que es la libertad. A lo largo de su viaje, el pequeño protagonista del filme va a ver lo diverso que es el entorno, lleno de criaturas fantásticas, de máquinas que parecen animales, de seres que viven existencias paralelas, iguales, tristes y alegres. Empleando todos los medios a su alcance (animación 2d, 3d, collages, acuarela, lápiz de color, etc.), Alê Abreu logra una fábula fantástica, en la cual la música (de Gustavo Kurlat y Ruben Feffer) tiene un lugar preponderante, incluso se vuelve más importante que la voz humana, es parte de la vida, el sonido de la maquinaria, la manera en que la gente demuestra su alegría, su dolor, su tristeza, su rabia e incluso su aburrimiento. Lejos de la planicie de la animación norteamericana, lo que logra es una metáfora sobre la vida misma. Y sí, Intensa-Mente (Inside Out, 2015, Pete Docter y Ronnie del Carmen), palidece en comparación, aunque el tema sea casi el mismo.
                Algo irónico es que el cine de animación, incluso el más insulso, maneja temas más serios y profundos que las cintas live-action para el mismo público (en este sentido, me van a matar muchos, pero hasta las de los X-Men apestan). Algunas, como El principito (Le petit prince, 2015, Mark Osborne), Tinkerbell y la bestia de nunca jamás (Tinker Bell and the Legend of the NeverBeast, 2014, Steve Loter) e incluso Grandes héroes (Big Hero 6, 2014, Don Hall y Chris Williams) son serias reflexiones sobre la muerte y cómo lidiar con ella. Y en este sentido, El niño… va más allá, volviéndose un duro y conmovedor análisis sobre el sentido o sin sentido de la existencia. Dice un dicho que no hay nada nuevo bajo el sol, pero otro dice que lo importante no es lo que cuentes sino cómo lo cuentes.