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domingo, 15 de mayo de 2016

Programa doble: Un rascacielos que perteneció a Luis Buñuel.






 Bienvenidos a una nueva entrega de los programas dobles del Cine Tlacopan. El cine en cuestión estaba ubicado en Calzada México Tacuba, exactamente enfrente de la entrada lateral de la Benemérita Normal de Maestros. Todos los martes era especial porque ese día mi papá nos llevaba al cine. Juntábamos nuestras bolsas con comida y nos íbamos toda la familia a ver programas dobles. Si llegábamos tarde, no importaba; la “permanencia voluntaria” significaba que podíamos llegar a la mitad y volver a ver la cinta dos veces. Ya entrados los años ochenta, se volvió Cine Rosas Priego, uno de los pioneros de la cinematografía mexicana, creador, con su hermano, de la famosa y excelente, El automóvil gris (1919). En su siguiente vida, el cine estaba dividido en dos salas. La 1 estaba dedicada a cine para adultos (desde Soft porno, hasta cine clase “B”, de terror y suspenso) y la 2, a cintas familiares. Obviamente, siguieron los programas dobles. Al vender el gobierno de Salinas de Gortari, la Compañía Operadora de Teatros, S.A. de C.V (COTSA), el cine estuvo abandonado por años, hasta que se volvió un Vips y un Banamex. Ambos están cerrados actualmente. Ahora sí, sin más preámbulos, empecemos la función



El ángel exterminador

México, 1962.

Dirección: Luis Buñuel.

Guion: Luis Buñuel y Luis Alcoriza.

Fotografía: Gabriel Figueroa.

Intérpretes: Silvia Pinal, Enrique Rambal, Claudio Brook, José Baviera, entre otros.

Duración: 93 minutos.

                Luis Buñuel es sin duda uno de los mayores cineastas de la historia, quizá sólo superado, debido a su solvencia técnica, por Akira Kurosawa. Buñuel llegó a México, exiliado de la Guerra Civil Española, luego de una breve residencia en Francia y Estados Unidos (se dice que trabajó en varias cintas Hollywoodences, sin crédito). Debido a un capricho de la actriz Silvia Pinal, durante los años sesenta, es invitado por su esposo, el empresario y productor Gustavo Alatriste, para que realice tres películas, como él quiera, siempre y cuando lleven como estelar a la actriz. Fruto de esa colaboración serán Viridiana (1961), Simón del desierto (1964-1965), que fue su última realización mexicana, y El ángel exterminador.

                La anécdota central es tan sencilla que no dice nada en absoluto, es un simple pretexto para un análisis riguroso sobre la sociedad, el poder, la religión y sus hipocresías. Muy simple: Varias personas de la alta sociedad se reúnen para celebrar una fiesta, pero ya no pueden salir de la casa en que se lleva a cabo. Empiezan a desesperarse porque no tienen idea de qué es lo que evita que abandonen la reunión y al paso de las horas siguen ahí. No hay ninguna explicación, no se sabe si una fuerza sobrenatural o un demonio, o los aliens o lo que sea, es quien no los deja ir. Pero al estar en el encierro, comienzan a aflorar sus peores cosas, sus traumas, sus frustraciones, sus fetiches y perversiones.

                Al director franco-hispano-mexicano, no le interesa explicar nada. Incluso, juega con el público y le muestra escenas que no tienen explicación alguna, nada más porque el surrealismo sigue la lógica de los sueños. Y a veces, la explicación es tan hermética que quizá él mismo no la conoce. Un ejemplo, son el oso mascota y los borregos que pasean alegremente por toda la casa. Incluso, nos engaña al vendernos un título tan oscuro que parece de película de terror y que tal vez, no tiene nada qué ver con el filme. Pero resulta que es una cita bíblica, sacada del libro de Juan, mejor conocido como el apocalipsis.

                En realidad, todo esto es usado por el director para analizar y criticar a una burguesía encerrada en sus propios miedos y prejuicios, en su propio infierno, como si fueran un ángel dispuesto a exterminarlos. Sin duda, una cinta que resultó tan emblemática, que ha influenciado a muchos cineastas que evidentemente o no, han tomado de esta, muchos elementos. En Media noche en Paris (Midnight in Paris, Woody Allen, 2011), el personaje de Owen Willson conoce a Luis Buñuel y le recomienda filmar la película. Una cinta que incomoda, divierte, desespera y sobre todo, deja a todo mundo meditando. Lo increíble es que una anécdota tan sencilla, permitió al realizador hacer una de las cintas más complejas y enigmáticas de la historia.




El rascacielos (High-Rise)

Belgica, Reino Unido, 2016.

Dirección: Ben Wheatley.


Guion: Amy Jump, sobre la novela homónima de J.G. Ballard.

Fotografía: Laurie Rose.

Intérpretes: Tom Hiddleston, Sienna Miller, Jeremy Irons, Luke Evans, entre otros.

Duración: 118 minutos.

J.G. Ballard es un escritor de culto, uno de los renovadores de la ciencia ficción, junto a Philliph K. Dick, Harlan Ellison, Stanisław Lem, William Gibson y Anthony Burgess, escritores que tomaban las historias futuristas, y las transformaban en serios y oscuros análisis sobre la sociedad. A Ballard se le conoce por dos novelas en particular: Crash (1973) y Rascacielos (1975). Aunque la primera adaptación a una de sus obras, es un telefilme francés llamado Billenium (Jean-Claude de Nesle, 1974), curiosamente, entran sus creaciones al cine, gracias a Steven Spielberg y su recreación de la novela El imperio del Sol (Empire of the Sun, 1986). Muy extraño es que aunque, tanto el director, como el escritor son más conocidos por sus trabajos de Ciencia Ficción, la cinta no tiene nada que ver con esto y es una de las obras antibélicas más exitosas de los años ochenta. Son varios los trabajos que hizo para el séptimo arte, como guionista o adaptador, pero sus novelas más populares se consideraban infilmables, así que pasaron muchos años sin llegar al cinematógrafo. Fue hasta 1996 que David Cronenberg adapta Crash (Crash: Extraños placeres, en español, no confundir con Crash, alto impacto [Crash], de Paul Haggis, del 2004), con una polémica y un éxito inconmensurable. El más reciente vistazo a su mundo es El rascacielos.

                El director, Ben Wheatley, llamó notoriedad por uno de sus primeros filmes, Kill List (2011), una cinta de terror y suspenso, que se volvió de culto inmediato (y que la verdad, no me gusta adornarme, no he visto). En El rascacielos, cuenta la historia de un neurocirujano que compra un departamento en un inacabado complejo de edificios, que tienen prácticamente todo dentro de ellos, desde gimnasios, alberca, tienda de conveniencia, entre otras cosas. Comienza a convivir con los vecinos y conoce al arquitecto que construye el complejo, mismo que vive en la parte más alta del edificio, con lujos que nadie más tiene en esta comunidad. A partir de un apagón empiezan a ocurrir cosas que hacen que la colectividad comience a sacar a la luz su verdadera naturaleza, entre otras cosas, y de pronto, al tener todo en el mismo lugar, no ven necesidad de salir del sitio.

                ¿Les suena conocida la anécdota? Efectivamente. El argumento es una especie de remake salvaje y en ácidos, de El ángel exterminador. Aunque es muy probable que Ballard tuviera conocimiento de la historia de Buñuel, es también probable que esta similitud haya sido casual. No fue ni el primero ni el último en llevar a un pequeño grupo de personas a una situación límite para criticar a la sociedad y sus vicios; lo hizo Pierre Paolo Pasolini en Saló o los 120 días de Sodoma (Salò o le 120 giornate di Sodoma, 1975), Ettore Scola en Sucios, feos y malos (Brutti, sporchi e cattivi, 1976), Werner Herzog en También los enanos empezaron desde pequeños (Auch Zwerge haben klein angefangen, 1971), Marcelo Piñeyro en El método (2005), y hasta hay antecedentes previos a Buñuel, como Tod Browning en Fenómenos (Freaks, 1932).

                Lo que llama la atención de El rascacielos, es que su director conoce muy bien esta situación, incluso, hasta la homenajea, con la presencia de ciertos animales que aparecen en escena sin un motivo aparente, como una cabra que pasea sin ton ni son, o un caballo que tienen en el penhouse del arquitecto. Wheatley no sólo se limita a aceptar que lo van a comparar con la obra de Buñuel, sino que lo asimila y prefiere homenajear las cintas que le interesan, entre ellas Naranja mecánica (A Clockwork Orange, Stanley Kubrick, 1971), otra distopía futurista, de la que toma mucho del aspecto visual y el estilo de dirección, un tanto fársico y excesivo. Incluso, se da el lujo de homenajear la obra de Kubrick en el cartel de la película. Visualmente la película toma el aspecto y el diseño de modas de las cintas de ciencia ficción setentera, y una de las más visibles es Rollerball (Íbid, Norman Jewison, 1975), de la que toma no sólo lo visual, sino el ritmo lento y contemplativo, para demostrar lo ocioso y aburrido que es la existencia de esta comunidad. Las largas y orgiásticas fiestas son parecidas en mucho a las de la cinta de Jewison, decadencia incluida. Otra influencia más es también la ya mencionada Sucios, feos y malos, en la que los niños se vuelven parte del deterioro de este grupo social. Incluso, lo asqueroso que resultan las actitudes y costumbres que adquieren los personajes, se asemeja al trabajo del gran Scola. Incluso, por momento recuerda a otro incendiario del cine, Miguelangelo Antonioni, específicamente, Zabriskie Point (Íbid, 1970). Pero también tiene mucho que ver con la obra de Cronenberg. Curiosamente, de la que menos toma es de Crash, y sí más de La mosca (The Fly, 1986), Rabia (Rabid, 1977), El almuerzo desnudo (Naked Lunch, 1991), Gemelas de la muerte (Dead Ringers, 1988), Un método peligroso (A Dangerous Method, 2011), Parásitos asesinos (Shivers / They Came from Within / The Parasite Murders / Frissons, 1975), eXistenZ (1999) y Cuerpos invadidos (Videodrome, 1983). Incluso, se da el lujo de tener entre sus filas, como el personaje del Arquitecto, a Jeremy Irons, quien ha colaborado varias veces con el director canadiense.

                Ahora bien, aunque el filme es muy interesante, y las actuaciones de primer nivel (Sienna Miller, aunque se repite como femme fatal, está muy bien en el papel, mientras que un irreconocible Luke Evans y Tom Hiddleston, se esfuerzan para que la gente olvide que son parte de sendos blockbusters a cada rato), el ritmo por momentos es muy lento y hay ocasiones en que se siente que no sabían cómo hacer que para hilar algunas escenas inconexas y justificar ciertos excesos. Seguramente, muchos espectadores se van a sentir incómodos.

                En resumen, una cinta que vale la pena ver sin prejuicios, con paciencia, con una “Coca-Cola” para no dormirse y pocas palomitas, si tienen estómago débil. Y sobre todo, es un serio análisis sobre la sociedad contemporánea. Yo vivo cerca de Polanco, por lo mismo, he visto crecer el complejo (con todas sus acepciones) de Carlos Slim Helú, principal accionista del proyecto “nueva Polanco”, que está lleno de edificios enormes, con plazas comerciales en la planta baja, gimnasios, cines, etc. En esos lugares hay departamentos de diferentes precios y tamaños, los penhouse son comprados por gente con mayores recursos económicos y los más pequeños por empleados, a veces, de los mismos dueños de las partes altas. En estos días han tenido muchos problemas porque los servicios básicos son escasos debido a que los edificios han crecido como adolescente solitario, o sea a lo puro pendejo. Conjuntos habitacionales interminables e inacabables, para la burguesía emergente y los que creen que lo son. Ballard debe estarse riendo de nosotros desde el más allá.

Por cierto, muchas gracias a mis amigos de Cinema Paradictos, por difundir mis textos. Suscríbanse a su comunidad en facebook, aquí. 

jueves, 31 de marzo de 2016

La muerte de Batman Vs Superman: ¿Qué pasó?




No había querido hablar sobre Batman V Superman: El origen de la justicia porque, entre otras cosas, no sabía si valía la pena hacerlo; han corrido ríos de tinta alabando y despedazando tanto a la producción, que parecía esteril hacerlo, además que estaba esperando que pasara la euforia inicial para poder trolear, perdón analizar sin miedo a quemarle la historia a alguien, pero hoy han pasado más de siete días de su estreno y ya todos saben de qué va el argumento, y si alguien no la ha visto, no creo que le queden ganas de hacerlo después de las críticas negativas que ha tenido. Pero vamos a empezar por el principio, y como este cine tiene programa doble, empecemos con la película viejita.



The Death of "Superman Lives": What Happened?

E.U., 2015.

Dirección:Jon Schnepp.

Guion:Jon Schnepp.

Fotografía: Carl Millard King.

Documental.

Duración: 104 minutos.

                En 1989, el director Tim Burton realizó la, entonces, muy polémica Batman. El estreno fue una locura, fue la primera vez que se vendieron boletos con semanas de antelación y además, se hizo una función de media noche, horas antes del estreno oficial. La “batimanía” se extendió por el mundo y con el todavía vigente Christopher Revee, se hablaba de una hipotética reunión entre los superhéroes más famosos que existen. Para 1992 Batman regresa (Batman Returns) fue otro éxito seguro. A diferencia de la costumbre hollywoodense de entonces, de reducir el presupuesto para las secuelas, en el caso del segundo acercamiento de Burton al “caballero oscuro”, contó con un presupuesto igual y es considerada, hasta la fecha, una de las mejores (sino es que la mejor) cinta del género. Ese mismo, año, apareció La muerte de Superman, una historieta que buscaba recapturar la atención del público hacia el personaje, ya que se encontraban muy bajas las ventas. La muerte… se volvió el cómic de mayor venta de la historia. El ya histórico Superman #75 llega a venderse, hoy en día, hasta en $500.00 USD. Para 1996, Jon Peters, productor de Batman y sus secuelas, compra los derechos cinematográficos del superhéroe y comienza a proyectar un filme basado en La muerte de Superman. Primero contrata a Kevin Smith, para arreglar un guión llamado Superman Reborn, que fue rescrito por el polémico director y guionista y rebautizado como Superman Lives, mismo que es rechazado por quien es designado para dirigir la película, Tim Burton. La cinta nunca se filmó, ya que unas semanas antes de comenzar a filmarla, los estudios retiran su apoyo y el proyecto se cancela.

                El documental de Schnepp cuenta la historia a partir de aquí, entrevistando a todos los involucrados en la fallida cinta, desde Burton, Smith, Peters, etc. El papel de Superman caería en manos de Nicholas Cage, lo cual generó comentarios explosivos hacia la decisión en el naciente internet, y la inexistente película se convertiría en una leyenda urbana. Se decía que se había cancelado por ser una de las más malas ideas de la historia, que fue porque Cage se veía fatal, etc. Lo cierto es que por lo visto en este filme, se puede adivinar una cinta visualmente muy interesante, y contrario a lo pensado, Nicholas Cage hubiera sido un Superman por lo menos superior al que interpretó Brandon Routh en Superman Regresa (Superman Returns, 2006, Bryan Singer).

                La película es muy discreta, se insertan en ella algunas animaciones y reconstrucciones de lo que serían algunas de las escenas importantes de la aventura, que la verdad, están muy mal realizadas. Es un fan film, de hecho, fue financiado totalmente en la plataforma “Kickstarter”, que es similar a la latinoamericana “Fondeadora”, una página en la cual se financian proyectos por medio de donadores. Cinematográficamente no aporta nada, pero es muy valiosa como testimonio de lo difícil que es la labor cinematográfica. The Death of Superman Lives… es un trabajo muy agradable, que se deja ver, que procura no ser tendencioso, que trata con ternura a todos los que estuvieron involucrados en la realización de una de las pelis inexistentes más soñadas de la historia. Lo único malo es que, al igual que la mayoría de estos trabajos, en nuestro país es prácticamente imposible acceder a él, ya que no tiene distribuidora en México, ni en video siquiera. Incluso, ni siquiera Netflix se ha preocupado por ella. Para poder verla, o se busca en Torrents o se visualiza en uno de esos sitios de cine online informales (pirata suena muy gacho, la verdad), o quizá pueda comprarse en la “pirateca nacional”, es decir, en los dvd’s clones de afuerita de la Cineteca. O bien, en youtube, picando aquí.




cinepremiere.com.mx
Batman vs Superman: el origen de la justicia (Batman v Superman: Dawn of Justice)

E.U., 2016.

Dirección: Zack Snyder.

Guion: Chris Terrio y David S. Goyer, basados en personajes de DC Comics.

Fotografía: Larry Fong.

Intérpretes: Henry Cavill, Ben Affleck, Amy Adams, Jesse Eisenberg, entre otros.

Duración: 151 minutos.

                Para cuando lean esto, seguramente ya saben de qué va la susodicha cinta. Seguramente sabrán que rompió el record del estreno nocturno más vendido de la historia y que en la muy tendenciosa y poco fiable Rotten Tomatoes (le dan, por ejemplo, 56% de “frescura” a Cantinflas, de Sebastián del Amo y a Rápido y furioso 7, de James Wan, un 81%, mientras que a esta cinta, solamente un 26%) la está pateando sin misericordia. Por lo mismo, no tiene ni caso que coloque un resumen de la misma.

                La película está dirigida por Zack Snyder, quien se convirtió en el “mejor adaptador de historietas al cine”, debido a lo exitosas que resultaron 300 (2004) y Watchmen (2009), basadas en sendas novelas gráficas. El secreto de Snyder fue el prácticamente usar los escritos como storyboard. Visual y narrativamente, eran más que fieles a los originales en los que se basaron, así que los fanáticos se volvieron locos de felicidad cuando supieron que se haría cargo de El hombre de acero (man Of Steel, 2013). Pero sus cintas “personales” fueron un rotundo fracaso, debido a que el director tiene un estilo visualmente muy barroco. Ahora bien, Batman Vs Superman, es, sin duda, su cinta más polémica y el huracán que puede hacer que su carrera se caiga a un barranco.

                Hoy en día no se trata de si la cinta es buena o mala, sino de ver quién odia más a Snyder, si DC es mejor que Marvel o viceversa. A eso se ha reducido la crítica a la cinta.

                Lo que pienso personalmente de la película me traba, me cuesta mucho trabajo ser neutral. Como crítico (o bloguero que intenta serlo nuevamente), debo reconocer que es una cinta que tiene muchos errores de continuidad, que da por hecho que su público conoce no sólo la mitología básica de los personajes, sino también los datos duros. Pero siendo honestos, pocos de los que entran a la sala han leído El regreso del caballero oscuro, Batman: Año uno, La muerte de Superman, Superman: Doomed, Superman Doomsday, Crisis en las tierras infinitas, Batman: Muerte en familia, Injustice, etc. Sí. El mayor error de Snyder fue basarse en demasiadas historias, que sólo el 1% del público pude haber leído. Otra falla que tiene es que, en tiempos que RT le da un 81% de frescura a Rápido y furioso 7, realiza un filme que se toma su tiempo para desarrollar personajes, cosa que le funcionó mucho a por ejemplo, Peter Jackson en El Señor de los anillos: La comunidad del anillo (The Lord of the Rings:The Fellowship of the Ring, 2001). Julio Vélez, de Cinepremiere.com.mx, comentó que a Marvel Studios le llevó 10 años construir un universo, mientras DC/Warner provocó que el director tuviera que hacer lo mismo en una sola cinta (El hombre de acero) y esta de la que estamos hablando. En resumen, es una producción sobre saturada.

                Se podría escribir una biblia de referencias, tanto al medio en que se basa (que si las fechas que se dicen, los lugares, los comentarios de los personajes, los símbolos, los cameos de personajes, etc.), así como a ciertos libros, películas, etc. Prácticamente, cada escena tiene algo que remite a algo más y eso llega a ser abrumador. Dice una teoría pedagógica, que la capacidad de atención de un joven promedio es de quince minutos, que después de ese tiempo, todo lo que está en su cerebro es sustituido por información nueva, porque no puede procesarla tan rápido. Si es así, eso es algo que ocurre al verla. Pero al final del día, es un filme bien facturado. Los personajes están muy bien elaborados, el casting no tiene errores. Cavil es un decente Superman, aunque sabe que es difícil que no lo comparen con Christopher Reeve, Ben Affleck construye un Batman que no aporta nada nuevo, pero que no desmerece en comparación a por ejemplo, Michael Keaton, quien definió el carácter que debe tener el personaje. Amy Adams, por su parte, ni siquiera tiene de qué preocuparse, porque las Luisas Lane anteriores fueron tan grises, que ni quien le reclame, así que tiene, prácticamente, terreno virgen en dónde trabajar, igual que Gal Gadot, porque desde hace mucho que la gente olvidó a la hermosa Lynda Carter. Incluso, el polémico Jesse Eisenberg logra un Lex Luthor muy impactante, desmesurado, a punto de una psicosis, que no sólo no rompe el tono de la cinta, sino que lo enriquece. Eisenberg logra quizá una de las mejores actuaciones de su carrera. Sé que muchos me querrán linchar al leer esto (bueno, uno que otro, porque tampoco me lee demasiada gente, bendito sea el poco tráfico de mi página), pero construye un personaje muy consistente, bien trabajado. Muchos lo han querido comparar con Heath Ledger en El caballero de la noche (The Dark Knight, 2008, Christopher Nolan), por lo desmecatado y delirante de su interpretación, pero no existe referente más lejano. Lo que hace el actor es un ser angustiado, solitario, acomplejado, un “mi rey”, lleno de demonios que lo atormentan (literalmente, porque quien ha seguido los cómics de Los nuevos dioses, sabe que cuando Dark Side, el villano por excelencia de DC, se aproxima a invadir un planeta, un personaje comienza a tener visiones apocalípticas y premonitorias). No es, como puede verse superficialmente, una caricatura de Luthor.

                Algo que me llamó la atención es que, de todas las citas y referencias existentes en el filme, quizá algunas de las más curiosas y visibles (a quien observa con calma) son las referentes a Tim Burton. Es inevitable encontrar esa figura del Batman psicótico que introdujo Burton a la franquicia, que no se toca el corazón para matar, incluso, en Batman inicia lo hace de forma mucho más sádica y violenta que en esta. La persecución del camión con kriptonita es muy parecida a las de Batman, incluso la música de Hans Zimmer llega a reverenciar por momentos el score compuesto por Danny Elfman para el director de Beetlejuice, el súper fantasma (Beetlejuice, 1988) y por él mismo para Nolan, en sus trilogías del “caballero oscuro”. Pero la referencia “burtoniana” más fuerte es para el Superman que nunca llegó a filmar. Snyder regresa a la idea de la muerte del “hombre de acero”, utiliza el Doomsday de energía que quería usar el señor Burton y sobre todo, la transformación de color que va sufriendo el uniforme del “hijo de Kriptón” durante la cinta, que se va oscureciendo poco a poco, hasta tornarse azul metálico al final, como un clon del que iba a utilizar Nicholas Cage.

                Oscar Uriel, en el programa Final de partida, comentó que esta cinta reflejaba el divorcio al que se enfrentaba la crítica y el público. Creo que tiene toda la razón. En tiempos que los críticos son periodistas, comunicólogos y casi cualquier persona que tiene una computadora (aunque me duela la pedrada), se ha olvidado que lo primero es dejar de lado el gusto personal, la simpatía o antipatía que puedan provocar quienes colaboran en el proyecto. Hoy se trata de destrozar porque no entiendo, porque no me gusta, porque me cae mal un tipo con mayas que viene a salvar al mundo y un director que cree que todo lo que come se caga como oro. Y de eso se están dando cuenta los espectadores. La cinta no es la gran película de superhéroes, pero tampoco es la peor que se haya filmado.

En una escena de la cinta, Superman se dirige al Capitolio de Washington D.C. Durante el transcurso, se puede observar gente que está a favor del héroe y también a personas que lo odian. Snyder, "sin querer queriendo", ha trasladado esa sensación a los foros de internet, a los periódicos, a los programas de televisión. Es una lástima. Creo que habrá que dejar que pase el tiempo, que se enfríe la polémica para poder determinar si es o no una mala cinta. Batman vs. Superman: El origen de la justicia, por lo pronto, ya pasó a la historia por ser la película más injustamente odiada que ha existido. En eso sí que ha superado a Marvel.

domingo, 24 de enero de 2016

Spectre, en pocas palabras

Spectre (Spectre)
E.U., Reino Unido, 2015
Dirección: Sam Mendes.
Guion: Neal Purvis, Robert Wade, John Logan, Jez Butterworth, basados en personajes de Ian Fleming.
Fotografía: Hoyte Van Hoytema.
Protagonistas: Daniel Craig, Christoph Waltz, Léa Seydoux, Ben Whishaw, entre otros.
Duración: 148 mins.

 


La nueva peli del 007 demostró varias cosas:
1-Mancera gasta dinero a lo pendejo.
2-La calle de Tacuba se transforma en 20 de noviembre y te saca enfrente de la catedral.
3-En México puedes tirar un edificio, caminar bien concha pistola en mano y los policías seguirán parados como pendejos. Eso sí no se me hizo tan raro.
4-Stephanie Sigman no se le antoja ni al calenturiento de James Bond. A Mancera menos, es gay.
5-Las calaveras Fridas patinan pocamadre.
6-Los extras mexicanos actúan de la ch...
7-Sam Mendez y Danniel Craig ya están hasta la madre de James Bond.
8-A los mexicanos les gusta que los folcloricen, los humillen,los dejen cachondos y además, pagan por eso.
9-Monica Belucci ya pellejeó.

Mil disculpas, pero les voy a contar el final.



Los juegos del hambre: Sinsajo - El final (The Hunger Games: Mockingjay – Part 2)

E.U, 2015

Dirección: Francis Lawrence.

Guion: Danny Strong y Peter Craig, basados en la novela de Suzanne Collins.

Fotografía: Jo Willems.

Protagonistas: Jennifer Lawrence, Julianne Moore, Josh Hutcherson, Liam Hemsworth, Woody Harrelson, entre otros.

Duración: 137 mins.

Sobre advertencia no hay engaño. Por desgracia, para entender bien Los juegos del hambre, es necesario conocer el final. Y es que cuando empezó la tetralogía, fui uno de los que se sorprendieron con ella, la primera parte era una especie de resumen de cincuenta años de ciencia ficción, tomando partes de Rollerball, El sobreviviente, incluso Star Wars, 1984… Distopías escritas por gente talentosísima como Ray Bradbury, Isaac Asimov, entre otros. La historia era fascinante, Jennifer Lawrence toda una revelación, vamos, hasta Lenny Kravitz estaba bien actuado. Las siguientes partes muy acertadas, en especial la tercera, que presentaba un desconocido, hasta el momento Distrito 13, muy aguerrido, que representaba lo contrario que el Capitolio: Mientras este era un monarquía o una dictadura capitalista, el 13 era visual e ideológicamente, la resistencia socialista, en la que todos son iguales. De hecho, no es casual que se parezca a la China maoísta. Pero al llegar a la cuarta parte, la final, todo esto se va a la basura.

Me explico. Como amante del cine, aprendí de los planteamientos de la crítica que se hacían en revistas como Dicine y gente como Nelson Carro, Leonardo García Tsao, Jorge Ayala Blanco y los del grupo Nuevo Cine. Con ellos entendí que hay que saber diferenciar entre lo que nos gusta, lo que está bien hecho y lo que significa la cinta ideológicamente. Y en este sentido, aunque Sinsajo parte 2 me gustó y es una peli hecha correctamente, ideológicamente, me deja en el limbo.

Como cine, estamos ante un film de factura muy cuidada, con escenas emocionantes aunque estén al borde de la ridiculez, como el ataque de los mutantes o las aguas negras, resueltas con mucha eficacia. En este sentido, la prematura muerte de Phillip Saymour Hoffman fue algo que no se pudo cubrir del todo, al grado de sentirse inconcluso el desenlace del personaje. Además de que la parte final es un tanto agónica, hay escenas que pudieron quitarse, que se sienten estiradas hasta la hueva. Como ese epílogo, con Katnis con dos niños, que por cierto no se parecen ni a ella ni al Brayan, perdón, Petta, en especial el bebé enorme, con el que Jennifer Lawrence no parece tener absolutamente nada de química (la verdad, está más feo que el nenuco usado en El francotirador, de Clint Easwood).

Y bueno, como comentaba, ideológicamente, me quedo con una impresión de vacío. Según la tesis final, cualquiera que busca el poder por medio de la guerra es un ser despreciable y enemigo de la sociedad (como diría Ismael Pérez "Poncianito", en El rey del barrio, de Martínez Solares). ¿Y en dónde quedó la manipulación de medios? ¿La crítica al poder encumbrado gracias a ellos? Viviendo en un país en el que el gobierno gasta millones de pesos en los medios de comunicación masiva, en el que prácticamente se gobierna por medio de la televisión, misma que derroca y coloca gobiernos a contentillo o que oculta o manosea la información, este es un tema que quizá tenemos a flor de piel. En este sentido, Los juegos del hambre, la tetralogía completa, llamaba poderosamente por denunciar esta situación. Pero al final, ni Susan Collins, en la novela, ni Francis Lawrence, en la película, se atreven a evidenciar del todo.

Los juegos… terminan con un mesías, caudillo o como quieran llamarle, más fregado que Jesucristo, el Che Guevara o Emiliano Zapata, que renuncia a su estatus de salvador para dedicarse a lavar pañales, cuidar niños, usar faldas y perder lo que la hizo especial al principio de las cintas, lo que la transformó en modelo a seguir (mi sobrina, por ejemplo, quiere ser Katniss Everdeen), una mujer valiente, luchadora, independiente, fuerte, carismática, que termina volviéndose lo que al comienzo no quería ser: convencional. Y es una tristeza, lógica si se entiende el cambio de un Gary Ross que peleaba contra los convencionalismos (su excelente Amor a colores, por ejemplo) a un Francis Lawrence acostumbrado a sacar adelante proyectos correctamente, pero sin inspiración y sin meterse en pedos (Soy leyenda).

En resumen, todos los gobiernos totalitarios apestan, la democracia es la neta, los medios de comunicación no son culpables de nada, los malos son los que los manipulan y todos los guerrilleros quieren amor. Esos no son Los juegos de hambre, son juegos de hambreados. Hay más profundidad en un twitter.