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sábado, 2 de julio de 2016

Las grandes cagadas de los mejores directores I





“Si no fracasas en algo de vez en cuando es una señal inequívoca de que no estás haciendo nada nuevo.” Con esas palabras, Woody Allen justifica el hecho de que su método de dirección (el hacer películas al por mayor, sabiendo que al final unas cuantas son buenas) le ha dejado desde obras maestras hasta cerotes del tamaño de un cerro. Ahora bien, Allen no es el primero ni el último en hacer esto. Sólo basta ver la filmografía de algunos de los mejores directores de la historia, para darnos cuenta que hasta los reyes se avientan su cagada de vez en cuando. En este listado no van a encontrar ni a Tarantino ni a M. Night Shyamalan, porque ellos pertenecen a la categoría de los que tienen dos obras buenas entre cientos de cacotas.



David Lynch: Dunas (Dune, E.U., 1984)

Según el documental Jodorosky’s Dune, Frank Pavich, 2014) la realización de esta cinta a manos del inefable director argentino, pronosticaba un paradigma cinematográfico sin precedentes. Pero por cuestiones presupuestales el proyecto quedó, años después, en manos del entonces joven en inexperto David Lynch, que previamente sólo había hecho la regular El hombre elefante (Elephant man, 1980). Se filmó en México, con un presupuesto altísimo, un diseño de producción impresionante, con Sting y Grace Jonnes en el reparto, pero… Pues Lynch no es un cineasta fácil. Se dice que aunque el director hizo su mejor esfuerzo, un guión atiborrado de diálogos complejos, escenas preciosistas pero más aburridas que quedarse viendo dos minutos la máquina de las tortillas y sobre todo, que la gente quería ver algo más parecido a Star Wars, hizo que fuera un fracaso de crítica y taquilla monumental. Vamos, ni el sexenio de Calderón dejó tantas pérdidas. El único que ganó con esto fue el director, porque a cambio de filmar su elefante blanco, el productor Dino De Daulrentiis tuvo que producir Terciopelo azul (Blue Velvet, 1986) y él feliz, porque por lo menos esta ganó un chingo de premios y volvió a David Lynch el Dios del cine.




Bob Reiner: Nuestro amor (The Story of Us, E.U., 1999)

Aunque el gordo Reiner no es el mejor director del cine, su trayectoria profesional tiene muchos títulos que en el campo comercial han sido éxitos de crítica y público, tales como Esto es Spynal Tap (This Is Spinal Tap, 1984), Cuenta conmigo (Stand By Me, 1986), La princesa prometida (The Princess Bride, 1987), Miseria (Misery, 1990) y sobre todo, la que muchos consideran que es la obra maestra de Woody Allen que no dirigió, ni actuó, ni escribió Woody Allen, Harry y Sally (When Harry Met Sally..., 1989). Después de ese impactante currículum intenta repetir un poco la fórmula de Harry… y termina echándose un cake de 10,000 courics (sino vez South Park, no vas a entender la referencia, por eso te mando a este link). El problema es que a nadie le parecía muy chistoso ver a Bruce Willis después de años de soltar fregadazos enamorando a una a veces desmesurada Michelle Pfeiffer. Incluso, algunos críticos dijeron que debía llamarse “Por qué Harry se divorció de Sally”. Un fracaso que casi transforma su carrera en el cuerpo en el río de Cuenta conmigo.




Henry Selick: Monkeybone (Ídem, 2001)

Quizá por su humor más guarro que oscuro, lleno de cadáveres flatulentos y personajes que ni siquiera su mismísimo compadre Tim Burton soportaría ver, Monkeybone resultó un fracaso tremebundo de crítica y público. Honestamente, a mi me divirtió bastante, aunque debo reconocer que es muy fea. El realizador también ha hecho cintas como El extraño mundo de Jack (The Nightmare Before Christmas, 1993) y Coraline y la puerta secreta (Coraline, 2009). Pero este mono, fue resultado de una dieta a base de frijoles con huevo.




Felipe Cazals: Burbujas de amor (1991)

Pongámoslo así: Durante los años ochenta, el director de Las poquianchis (1976), El apando (1975), Canoa (1975), Bajo la metralla (1982), Los motivos de Luz (1986) y Chicogrande (2009), comía lo que podía por hambre. El resultado es que vivió una década de diarrea incontenible. Hizo películas hasta para Rigo Tovar, pero la que se llevó las palmas, sin duda fue Burbujas de amor, la sexy comedia más aburrida del cine de ficheras. Se trata de un filme decadente, con estrellas televisivas y una vieja que ni en su casa conocen que se llamaba Telly Filippini, cuya única gracia era (según el TV Notas) que se dejaba madrear por Sergio Goiry. Mala como el producto de mezclar tacos de a cinco por quince pesos de afuera del metro Olímpica con un curado de avena y un litro de leche bronca, sorprende entre su filmografía porque las actrices no enseñan nada y los galanes son más grises que un calzón mal lavado. Es decir, un fracaso absoluto.




Mike Nichols: Lobo (Wolf, 1994)

¿Quién le teme a Virginia Wolf? (Who's Afraid of Virginia Woolf?, 1966), El graduado (The Graduate, 1967), Closer, llevados por el deseo (Closer, 2004). El director también se aventó sus popocitas, así que al momento de hacer este listado, tenía por lo menos, tres serios contendientes: La jaula de las locas (The birdcage¸1996), ¿De qué planeta vienes? (What Planet Are You From?, 2000) y por supuesto, Lobo. Escogí esta última porque la primera por lo menos, si andas de simple, te puede parecer divertida, y la segunda fue tan mala que ni los actores se acuerdan de ella. En el caso de la tercera, llama la atención porque: 1.- Universal intentaba “actualizar” sus grandes monstruos de la época dorada del cine de terror (Drácula, La momia, Frankestein, etc.), 2.- Nichols dejó que Jack Nicholson hiciera lo que quisiera, la grado de permitirle, por ego actoral, no usar un maquillaje apropiado y además, lo dejó creer que a estas alturas del partido seguía siendo un gran actor. Además, parece que la química con Michelle Pfeiffer, que tuvo en Las brujas de Eastwick (The Witches of Eastwick, George Miller, 1987) ya había quedado en la distancia.





Peter Jackson: La trilogía del Hobbit (The Hobbit, 2012, 2013 y 2014)

Yo sé que los fans acérrimos de Jackson y de J. R. R. Tolkien dirán que esto no es cierto, que su peor película es Desde mi cielo (The Lovely Bones, 2009, que dicho sea de paso, más bien la odian porque no es tan espectacular como El señor de los añillos), pero tengo razones para sustentarme. La primera y única prueba es la trilogía de El señor de los anillos (2001, 2002 y 2003): Es espectacular, redonda, sorprendente, incluso los que no conocen la obra original salen asombrados por el manejo de la épica que tiene Jackson. El caso de El Hobbit, es muy triste, porque se siente como una copia pirata de El señor…, como los clones que aparecieron después de que se estrenó, que no llegaron a igualarla ni medianamente. Incluso, los mayores fans de la obra original se quejaron de que se alargaba innecesariamente una obra pequeña, divertida e infantil. Una caca de dragón.



Orson Welles: Don Quijote (Don Quixote, 1992)

Bien, la cosa es esta. Cuando Orson Welles intentó llevar a cabo la historia de Cervantes, en 1957 y 1966, debido al presupuesto y a que de pronto, el director descubrió que no le estaba gustando mucho el resultado, decidió abandonarla y seguir adelante, aunque en varias ocasiones intentó terminarla. El material fue editado por el español Jesús Franco, el culpable de que la cinta fuera un asco. Sin ritmo, mal editada, es el resultado de querer comerse las sobras del pastel que no le gustó a otro. Qué se podía esperar de un director de soft porno y cintas de explotación. En pocas palabras, Orson se lo comió, Franco lo defecó.




Brian de Palma: Misión a Marte (Mission to Mars, 2000)

De Palma es un director pretencioso. Con esto no quiero tacharlo de poser, sino que tiene que ver con el hecho de que tiene una cultura cinematográfica tan grande, que quiere ser otro director. A intentado ser Hitchcok, también quiso ser Scorsese, pero el que no le salió muy bien fue Kubrick. Misión a Marte, según un usuario de Filmafinity, es “2001 para Dummies”. Algo de razón tiene. Además es muy patriotera, pero a su favor, cuenta con unas bellas banda sonora y fotografía, finalmente es De Palma. Pero esto no es lo peor del caso: Para la crítica “seria” hay directores que son intocables, como el mismo Kubrick, Lynch, Jean-Luc Godard y Lars (AKA) “todas las mujeres son putas” von Trier. Y De Palma, se metió con uno de los sueños húmedos de todos los críticos. Lo tacharon de pecador, de corrupto, le pidieron que se arrepintiera, lo escupieron, le echaron agua bendita y después lo apedrearon casi hasta la inconsciencia. Y después, el mazacote de carne que dejaron, fue arrojado a los perros (perdón) al público para que se alimentaran con él. Pero como la audiencia está divorciada de alguna manera con los marcianos (ese es otro tema que pronto trataré, ¿Por qué los espectadores odian a los marcianos?), pues ni caso le hicieron. La cinta se estrenó prácticamente al mismo tiempo que Planeta rojo (Red Planet¸ Antony Hoffman, 2000), que también tronó como cedazo en taquilla. Y de Palma casi la palma.



Pedro Almodóvar: Los amantes pasajeros (2013)

Aceptémoslo, el manchego no es el mejor director español, pero hay que reconocer que el cine ibérico se divide en AP y DP (Antes de Pedro y Después de Pedro). Sus cintas derrochan originalidad, tanto así que se transformó en un estilo más que en un artista. Ha hecho cosas que dan pena, pero desde luego, su habilidad para mezclar lo guarro y lo sublime, siempre son de agradecerse. En el caso de Los amantes… construye una cinta sin pies ni cabeza, de esas que puedes ver dos veces y en ninguna logras sonreír. Es aburrida, chunga, babosa, es menos almodovariana que una película del “Caballo” Rojas. Y para colmo: ¿Se han percatado que las peores cintas del señor tienen a un mexicano en el elenco? Algo para discernir muchos años.



John Ford: La mascota del regimiento (Wee Willie Winkie, 1937)

La verdad, no he visto este filme, no porque no quiera sino porque no lo conocía hasta el momento en que empecé este conteo. John Ford es el mesías del cine americano, el que llevó a alturas de arte al western; La diligencia (Stagecoach, 1939), por ejemplo, está entre las diez películas más importantes de la historia. La crítica es voluble al respecto de La mascota del regimiento, ya que a veces la consideran una película agradable y en otras una verdadera porquería. En lo que coinciden todos es en que Ford no se merecía tener que aguantar a Shirley Temple.



Arturo Ripstein: La ilegal (1977)

Ripstein fue considerado el mayor de los cineastas mexicanos, no sólo en el país sino principalmente, en Europa. Sus cintas más emblemáticas, Principio y fin (1993), El carnaval de Sodoma (2006) y Tiempo de morir (1966), entre otras, tenían la particularidad de ser cine de auteur, muy culto, oscuro y despiadado. La ilegal fue una de las primeras cintas producidas por la hoy (bendito sea Dios) extinta Televicine, sub empresa dedicada a hacer vehículos de lucimiento para las “estrellas del canal de las estrellas”. Se trata de una cinta pensada para Lucía Méndez, antes de que le cayera la maldición de María Sorté. Y aunque no es tan mala, las actuaciones acartonadas, la ausencia de ganas del director y ante todo, un final forzado, que ni es feliz ni triste sino todo lo contrario, convierten el filme en la peor de la filmografía Ripsteniana. 



Bryan Singer: Superman regresa (Superman Retuns, 2006)

Seamos honestos: Bryan Singer no es ni ha sido el mejor director de mundo. A veces, siento que el lugar que se ha ganado fue únicamente un “Homero”, debido sobre cualquier cosa a Los sospechosos comunes (The Usual Suspects¸1995) y si no me creen, fuera de los filmes de X-men y sin consultar Google, nadie puede mencionar una de sus películas, salvo, Superman regresa, quizá porque es considerada la peor cinta de superhéroes de la historia (Martha se salvó). El problema con esta cinta fue que en lugar de intentar un universo nuevo y contemporáneo, Singer se dedicó a mal copiar lo hecho por Richard Donner en su filme de 1978, así que con el pretexto más Ed Woodiano posible, coloca a Brandon Routh como Superman/Clark Kent, nada más porque se medio parecía de perfil a Christopher Reeves, y a Kevin Spacey como Lex Luthor, imitando el personaje tal y como lo interpretó Gene Hackman. Incluso, utilizó material eliminado de las dos primeras cintas, con Marlon Brando. Pero visualmente, decide tomar lo realizado por el pintor Alex Ross en sus novelas gráficas sobre el súper hombre, volviendo la cinta en un pastiche de proporciones titánicas. Es larga, aburrida, ingenua y fea por donde se vea. Además, Brandon Routh es el Superman más gay de la historia. A 10 años de su estreno, uno no puede explicarse por qué se autorizó su rodaje.



                Encontré muchos más títulos, así que decidí dividir esta entrega en dos. En esta semana estén al pendiente, ya les presentaré la segunda parte y mis conclusiones.

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domingo, 22 de mayo de 2016

Programa doble: X-Men; el apocalipsis de los héroes.





Empecemos nuestro programa doble de esta semana con dos cintas de superhéroes que significan el principio y el fin de una franquicia:

X-Men: La película (X-Men)

E.U., 2000.

Dirección: Bryan Singer.

Guion: David Hayter, basado en los personajes creados por Stan Lee y Jack Kirby.

Fotografía: Newton Thomas Sigel.

Intérpretes: Patrick Stewart, Hugh Jackman, Ian McKellen, Halle Berry, entre otros.

Duración: 104 minutos.

Cuando uno ve a la distancia, fue un largo camino para los personajes creados por Stan Lee y Jack “el rey” Kirby para llegar a la pantalla grande. El peregrinaje empezó a principios de los años ochenta, cuando Stan Lee, entonces director de Marvel Comics, vendió los derechos cinematográficos a casi cualquiera que tuviera la iniciativa de pedirlos. No fue por mala praxis, sino que, debido a la caída de las ventas de la editorial, esta se encontraba al borde de la banca rota. Unos años después, ya entrados los noventa y después del boom que se vivió tras “La muerte de Superman”, la empresa intentó recuperar lo vendido para ofrecerlo a los grandes estudios, ansiosos por comerse un pedazo del pastel que Tim Burton cocinó con su Batman (Íbid, 1989) y la llamada “batimanía”.

                Los X-Men estaban en el top de la lista, junto a Spiderman y Los cuatro Fantásticos, debido a que sus series animadas estaban obteniendo un éxito inusitado. Después de un largo litigio contra James Cameron, quien proyectaba una cinta de estos personajes, junto a su entonces esposa, Kathryn Bigelow, 20 Century Fox comenzó a producir lo que sería la primera cinta de presupuesto excesivo de un superhéroe de Marvel (Blade, de Stephen Norrington, fue filmada en el 1998 y fue un éxito, pero costó la mitad que la primera de las cintas de mutantes). Para tal encomienda, se contrató a Bryan Singer, quien tendría el honor de ser el primer realizador de prestigio internacional en filmar una película de superhéroes, debido a que contaba con sendas nominaciones al Oscar y una cinta aplaudida tanto por crítica y público, llamada Sospechosos comunes (The Usual Suspects, 1995). Después de años de producción, se estrenó X-Men: La película.

                Cuando el Senador Robert Kelly intenta que se apruebe una ley de registro de mutantes, los cuales están surgiendo a pasos acelerados, por todo el mundo, un psíquico, llamado Charles Xavier, intenta reunir un equipo para detener a Magneto, otro como él que lucha por demostrarle al mundo que a los “mutis” hay que temerles.

                La cinta tuvo un éxito impresionante, así que el estudio encargó una segunda parte casi automáticamente, y sin querer queriendo, como diría Chespirito. Han pasado casi veinte años desde su estreno y una rápida revisión a ella, me hicieron verla desde una perspectiva diferente, y más a la luz del estreno de su sexta secuela. Lo primero que noté es que los trajes y el diseño de personajes es muy feo, Mystique, la que hoy es el personaje pilar de la franquicia, se ve espantosa pero cachonda, nada que ver con la terrorífica transformista de las historietas (con todo y su eterno vestido blanco, que no se quita ni para bañarse) y algunos efectos, como las garras de Wolverine empiezan a verse falsos. Pero fuera de eso, es interesante ver cómo solucionó el guionista David Hayter, treinta años de historietas. Obviamente, la gente quería ver el equipo de la serie de tv, con Wolverine, Roge, Beast, Storm y Cyclops; los únicos que faltaron fueron Gambit y Jubile, lo que generó ciertas críticas que hubieran sido divertidas ver en facebook el día de hoy.

                Bryan Singer logró realizar la proeza de volver un espectáculo en algo serio, que se llevó el aplauso de crítica y público por igual. Por un lado, los críticos encontraron una cinta redonda, con personajes muy bien casteados, actuaciones muy niveladas y una excelente producción. Aún hoy sigue impresionando el ataque a la estatua de la libertad, en Nueva York, como una proeza difícil de igualar con los hiperrealistas efectos actuales. También encontró la manera de volverlo un filme de autor, al hablar, sin tapujos, de la discriminación racial y de género. Los X-Men de Singer son negros, judíos, inmigrantes, gente deforme, con poderes y habilidades superiores a la gente “común”, los que no sólo les temen sino que los odian. El director es homosexual declarado, y ha comentado en muchas ocasiones que lo que le llamó la atención de los personajes era el que él mismo, a veces, se sintió rezagado por su condición cultural (es gay y judío, sólo le falta ser negro y latino para completar el cuadro). A esta le siguió X-Men 2 (X2: X-Men United, 2002), continuando las exploraciones sociales, pero en menor escala, ya que, aunque en sí el film es más espectacular, se tomaron más en cuenta cosas que en la primera entrega no, en parte porque las carreras de sus actores, principalmente, Hugh Jackman, se dispararon a estatus de estrellas.

                Con todo, X-Men vale la pena por varias cosas, pero lo hace, principalmente, por ser la muestra de que el cine de autor y los blockbusters pueden convivir y es, sin exagerar, la obra maestra del cine de superhéroes, y ahora verán por qué lo digo:





X-Men: Apocalipsis (X-Men: Apocalypse)

E.U., 2016.

Dirección: Bryan Singer.

Guion: Simon Kinberg, Dan Harris, Michael Dougherty y Bryan Singer, basado en los personajes creados por Stan Lee y Jack Kirby.

Fotografía: Newton Thomas Sigel.

Intérpretes: James McAvoy, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence, Oscar Isaac, entre otros.

Duración: 144 minutos.

Tras abandonar la franquicia por dos películas para realizar la muy fallida Supermán regresa (Superman Returns, 2006), Singer vuelve con la cola entre las patas después de que su decisión casi mata la franquicia mutante, la de Superman y su carrera. X-Men: Días del futuro pasado (X-Men: Days of Future Past, 2014) fue su regreso triunfal y con ella, el cineasta intentó “borrar” los desastres que significaron X-Men: La batalla final (X-Men: The Last Stand, Brett Ratner, 2005) y las producciones basadas en Wolverine, pero de paso se llevó muchas cosas que se reflejan en “la última parte de la segunda trilogía de los hombres X”.

                La historia comienza en el antiguo Egipto, cuando un mutante, cuyo poder es el de absorber las habilidades de otros como él, intenta transferirse de cuerpo para seguir tiranizando al pueblo como un Dios. Es traicionado por el populacho y enterrado. Siglos después es despertado y al descubrir que el mundo está corrompido de violencia y falsos dioses, decide reconstruirlo con ayuda de unos mutantes que recluta. Al mismo tiempo, Mystique intenta reunir a los X-Men para ayudar a Magneto, quien es perseguido por la justicia y engañado por Apocalypse para que sea uno de sus “jinetes”.

                La cinta arranca como cualquiera de la trilogía de La momia, y no llama demasiado la atención. No es hasta casi la mitad que comienza a interesar, la aparición de Jean Gray y Quicksilver son espectaculares, el nuevo reparto muy carismático, y Oscar Isaac realiza un trabajo más que correcto como Apocalypse, a pesar de un horrible maquillaje, que lo hace parecer, por momentos, villano de los Power Rangers. Jennifer Lawrence, correcta y preciosa como siempre, se transforma aquí en una especie de Kattnis Everdeen mutante y, como comentaba un amigo en los foros, lo único que le faltó fue hacer la señal del Sinsajo. Y Singer sigue constante en su mal gusto en vestuarios y diseños de personajes, por cierto. De polémica resulta la presencia de Wolverine, que por momentos se ve salvaje y violento, y en ocasiones parece el Hulk de Lou Ferrigno, con disfraz del lobo de las cintas de La caperucita roja (Roberto Rodríguez, 1960).

                El trabajo es muy divertido, mantiene el ritmo y es un muy digno cierre para la segunda trilogía y para la colaboración de Singer en los productos de la franquicia (aunque esto es solamente un rumor hasta el día de hoy). Pero hasta ahí.

                Para empezar, la cinta parece un refrito de la primera, de X-Men, sólo que ahora Magneto es sustituido por Apocalypse (a quien, por cierto, nunca lo llaman así en la cinta) y Xavier por Katniss, perdón, Mystique; y en lugar de Wolverine y Roge, se cuelan por ahí Jean Gray y Cyclops. Pero lo que no se repite es la crítica social.

                Cuando analizamos los logros de la primera cinta, y se compara con las que se han estrenado este año, dentro del mismo género, la distancia es eterna. Ni Batman V Superman: El amanecer de la justicia (mi texto aquí), ni Deadpool (también acá), ni Capitán América: Civil War (por acá), logran igualar siquiera mínimamente lo logrado en esta. Y por desgracia, tampoco lo hace X-Men: Apocalipsis. Después de X-Men, solamente y en menor medida, Spider-Man (Íbid, Sam Raimi, 2002), Hulk (Íbid, Ang Lee, 2003) y la pentalogía de Batman de Burton y Nolan, logran acercarse a esto del cine de autor. Si se piensa en que cuando se realizaron las anteriores, aunque ya estaban las pelis de superhéroes en cartelera, había más libertad creativa porque no era necesario tener a un actor híper famoso en el reparto, ni tener que llevar una “continuidad” en el “universo fílmico” al que pertenecen. En ese entonces, apenas diez años atrás, no estaban los medios y el público escrutando cada paso que se daba. X-Men: Apocalipsis, queda como una muestra de lo que pudo ser y no es, de la decadencia que empieza a sufrir el subgénero y el cine comercial en general. Es espectacular, cierto, pero hueca y sin sustento. Está muy bien realizada, pero todo parece estar visto previamente. En cierta secuencia, los mutantes van saliendo del cine, después de ver El regreso del Jedi y comentan que la segunda parte es mejor, porque se atreve a lo dramático, y que la tercera es la peor. Otro comenta que la primera es la más importante, porque sin ella no existirían las demás. Comentario que buscaba decir que la tercera de las cintas originales apesta o que, de forma premonitoria, el autor sabía que esta no estaría al nivel de las otras. En resumen: Al verla te sientes como si te comieras un Kinder Sorpresa: Sabe rico, pero en medio hay una cápsula de plástico, sin nada importante dentro.

Bryan descubre que le está quedando grande la franquicia.


Comenten, amigitos, lo único que puede pasar es que les duelan un poco las yemas.

sábado, 30 de abril de 2016

Programa Doble: Civil War: Capitán América vs. El candidato del miedo


Seguimos con nuestros programas dobles y en esta ocasión vamos a hablar de la peli de moda y de una que pasó a la historia como la más oscura historia sobre la paranoia. Comenzamos con la viejita:

El candidato del miedo (The Manchurian Candidate)
E.U., 1962.
Dirección: John Frankenheimer.
Guion: George Axelrod, basado en la novela homónima de Richard Condon.
Fotografía: Lionel Lindon.
Intérpretes: Frank Sinatra, Laurence Harvey, Janet Leigh, Angela Lansbury, entre otros.
Duración: 126 minutos.
Uno de los mejores artesanos del cine norteamericano fue John Frankenheimer. Él es el padre de las persecuciones de autos y las escenas de acción eternas y vertiginosas, de la sobriedad en temas que sobrepasan lo lógico y su influencia ha sido tal que, a la fecha, incluso sin saberlo ellos, muchos o casi todos los cineastas siguen su estilo. John fue innovador. Con una carrera incubada en la televisión, logró llegar al cine como uno de los directores más renovadores del séptimo arte, incluso, hay momentos en que está más que inspirado, y para muestra, la persecución en parís en Ronnin (Idem,1998):



                Directores como Sam Mendes, Paul Greengrass, Michael Mann, Christopher Nolan, e incluso veteranos como Martin Scorsese y William Friedkin, han sido contaminados con lo mejor del autor: Ritmo frenético, pericia para montar escenas de suspenso, sobriedad técnica y sobre todo, la capacidad de volver un espectáculo anodino en un sobrio análisis social, político o psicológico. Y todo eso está en la mayoría de sus obras. Las más conocidas fueron la ya mencionada Ronnin, Siete días de mayo (Seven Days in May, 1964), Contacto en Francia II (French Connection II, 1975), Domingo Negro (Black Sunday, 1977), El año rojo (Year of the Gun, 1991) y sobre todo, El emperador del miedo.
                La historia puede resumirse fácilmente: Después de desaparecer en la guerra de Corea, el hijo de una prominente mujer, perteneciente a una importante familia de políticos republicanos, regresa con un serio lavado de cerebro por parte de los comunistas, con la misión de matar a todos los enemigos políticos de su padrastro, en el camino a la presidencia de la república. La intriga la investiga un conocido de él, que es un militar de inteligencia y que lo tuvo a sus órdenes durante la guerra.
                Lleno de sordideces que hacen palidecer al mismísimo Francis Underwood, la cinta es un duro análisis a la paranoia que se vivía durante la guerra fría, a los entre telones de la política y a la sed de poder de los que viven de esta. En ella hay una escena de acción que ya quisiera tener cualquier cinta de Michael Bay y de paso, duras lecciones políticas. Cuando parece que el filme apoya a la causa contra el comunismo, Frankenheimer se las ingenia para hacernos ver que el peor enemigo está en casa. Además, utiliza cualquier pretexto para ironizar sobre la política de su país, llena de ignorancia, corrupción y abusos de poder, como si perteneciera a cualquier pedacito de México.
                Quizá esto motivó que durante mucho tiempo no se exhibiera en E.U. En una escena, una bandeja llena de caviar en forma de la bandera norteamericana es comida por el padrastro del militar que aspira a la presidencia mientras dice: “Este es el trozo más sabroso de mi país”, personaje que, por cierto, físicamente y en comportamiento, es muy parecido a Richard Nixon, y ama disfrazarse de Abraham Lincoln. De ese tipo son las cosas que cuenta la cinta.
                Una cinta de culto que se ha vuelto imprescindible para los que gustan del thriller de acción y político. Por cierto, en 2004, el director Jonathan Demme (El silencio de los inocentes/SIlence Of The Lambs, 1991) realizó un efectivo remake. Ahora, aprovechen para ir al baño, porque ya va a empezar la siguiente función.


Capitán América: Civil War (Captain America: Civil War)
E.U., 2016.
Dirección: Anthony y Joe Russo.
Guion: Christopher Markus y Stephen McFeely, basados en personajes de Marvel Comics.
Fotografía: Trent Opaloch.
Intérpretes: Chris Evans, Robert Downey Jr., Scarlett Johansson, Sebastian Stan, entre otros.
Duración: 148 minutos.
El cine basado en personajes de cómics se ha vuelto una moda. Y más si se trata de superhéroes. Se ha vuelto una especie de subgénero, como lo fue el cine de luchadores. Al final de día, las cintas que usan encapotados en realidad son cintas de género como cualquier otra, así que puede resultar fútil el hacer una reseña hablando de “el cine de superhéroes”.
                El Capitán América por lo general ha tenido un muy decente paso por las viñetas y en el cine, incluso la cinta de 1990 (de Albert Pyun) es bastante pasable. La primera cinta del canon oficial de Marvel Studios, Capitán América, el primer vengador (Captain America: The First Avenger, 2011) se sale de lo hecho hasta ese momento. Dirigida por Joe Johnston (Jumanji, 1995) es una especie de homenaje al personaje y a la época de oro de los cómics. Es un divertimento bastante decente que remite estilísticamente a otra cinta, también basada en personajes de historieta, del mismo director: Rocketeer (The Rocketeer, 1991), incluso, en algunos momentos parece que de pronto los dos enmascarados (o más bien, encasquetados) se pueden topar.
                El éxito obtenido generó una inteligente y oscura segunda parte, Capitán América y el Soldado del Invierno (Captain America: The Winter Soldier, 2014), dirigida por los casi debutantes Anthony y Joe Russo. Basada en la novela gráfica del genial Ed Brubaker y el ilustrador Steve Epting, esta es la primera película de la productora que toma como base una historia aparecida en los cómics, y no únicamente los personajes. El resultado fue una reinvención del personaje, enfrentándolo a un mundo desconocido y hostil, y a la dolorosa realidad de saber que todos los que alguna vez amó han desaparecido o están por hacerlo, además de tener que resolver una intriga política propia de la época de la guerra fría, sólo que ahora los villanos no son comunistas sino simples neo-nazis. La cinta generó una euforia tal, que incluso la gente que no gusta del subgénero de mamados enfundados la encontró aceptable, al ser más un thriller político que una simple cinta de superhéroes. Incluso, Marvel se dedicó a gritar a los cuatro vientos que se merecía una nominación al Oscar. Era de esperarse una tercera cinta para cerrar el arco.
                Y nacida para competir con Batman Vs Superman: El origen de la justicia (Batman v Superman: Dawn of Justice, Zack Snyder, 2016), de la cual ya hablé por aquí, llega la tercera y más esperada cinta del Capi. En ella, después de una fallida misión, las Naciones Unidas deciden generar una acta de registro de gente con habilidades especiales (no es el Teletón, que conste) para evitar que ocurran más sucesos parecidos, lo que, según el Capi, es una violación a las garantías individuales y además, traicionaría los ideales de los Avengers. Por otro lado, Tony Stark/Iron-Man está de acuerdo, porque es chantajeado por una señora que dice que su hijo fue daño colateral en una de sus incursiones, así que esto va a empezar la división de bandos que se vendió en todas partes. Hasta aquí se puede contar todo sin caer en los hoy tan odiados Spoilers. Y eso, principalmente, porque es lo único que hay en la cinta del Trade Paper Back (tomo recopilatorio) en el que teóricamente se basa. En esta historia, que por cierto, tiene uno de los mejores inicios de la historia, el desarrollo más mediocre que existe, y el final más forzado y baboso que pudieron escribir, los motivos eran los más arbitrarios y ridículos que se pudieran encontrar. La cinta borra de golpe todas esas incoherencias y la convierte en una especie de tercera parte de Avengers: Los vengadores (Marvel's The Avengers, Joss Whedon, 2012) o precisamente, en una puesta al día de El embajador del miedo. Los hermanos Russo son, sin duda, resultado de los experimentos de Frankenheimer, se ve que ellos y los guionistas, Christopher Markus y Stephen McFeely, han visto y revisado hasta el cansancio Ronnin, El año rojo, Siete días de mayo y El embajador…, porque se siente esa intriga política y la acción desbordada de todas estas cintas (incluso, en una escena, Tony Stark se refiere a Buky como “Manchurian candidate”). Ya desde la anterior se veía que los directores estaban embutidos de cine de espías setentero y ochentero, desde Los tres días del condor (Three Days of the Condor, Sydney Pollack, 1975) hasta El día del chacal (The Day of the Jackal, Fred Zinnemann, 1973). En este caso, las influencias van más allá y se vuelve un interesante ejercicio cinematográfico.
                Los Russo son unos tipos inteligentes. Ya en Tres son multitud (You, Me and Dupree, 2004) se veía la mano de unos artesanos fuera de lo común, al mezclar la comedia más guarra con ciertos apuntes sociales, pero no se veía por ningún lado la maestría que llegan a demostrar en algunas escenas de la cinta del Cap. Muestra de su inteligencia es el hecho de que a pesar de la inclusión de prácticamente todos los personajes que tiene el llamado Marvel CInematic Universe, esto no se siente forzado del todo, y cada uno de ellos tiene una función y su propio lugar en la cinta, es decir, les da sus cinco minutos de celebridad sin perder el objetivo. Quizá los únicos que pueden sentirse un poco fuera del caso son Spiderman, Hawkeye y Ant-man, pero de pronto hay tantos en la escena, que uno más no llega a estorbar. Bien pudieron salir hasta las tortugas ninja y ni quién lo notara.
                Una cosa muy importante es que el filme sirve de especie de lanzamiento del hombre araña, por lo mismo, es necesario comentar que aún está muy lejos de, como afirman muchos pseudocríticos que publican en algunos medios y muchos fans de las cintas, ser la mejor representación del personaje en el cine, ya que falta que se pruebe en solitario para saber si esto es verdad. Por lo pronto, Marisa Tomei, como la tía May se siente desperdiciada, se vuelve sólo el chiste de que está todavía muy buena por parte de Robert Downey.
                La lección que daba John Frankenheimer en sus cintas es que aunque fuera difícil, el cine de autor y el comercial pueden convivir. Y Civil War… es muestra de ello.

                Ahora bien, nuevamente el sitio Rotten Tomatoes vuelve a demostrar lo pueril que es, que sólo sirve para mostrar tendencias y no realidades. Le dan un 94% de frescura, lo cual significa que es más buena que, por ejemplo, Persona (1966) de Ingmar Bergman, a la que le dan un 88%. Pero en realidad refiere a la falta de cultura que se vive en la crítica a nivel mundial. Cuando uno lee o escucha las idioteces que se dicen sobre una película que si bien es sobresaliente en el subgénero en el que se incluye, no deja de asombrar, palabras más o menos, estrellas más o menos, lo lejos que han quedado los que dejaban sus hormonas y sentimientos afuera de la sala para escribir imparcialmente. Si bien siempre han existido los “payoleros” y “chayoteros”, lo cierto es que parece que estos ganaron la batalla. Por otro lado, existen los que denostan la cinta por todo lo contrario, porque significa lo que no debe ser el cine según ellos, es decir, un blockbooster, un éxito de taquilla, una película comercial. Para cerrar el texto, déjenme decirles que en Capitán América: Civil War, la guerra civil no está por ningún lado, aunque es una muy aceptable y buena película, que sufre de repente de tener una trama endeble que gracias al talento de los Russo, no se cae. Lo negativo, siendo honestos, como me dijo mi hermano Jorge, es que a estas alturas las cintas de Marvel Studios se están volviendo como episodios de una serie de TV que se está exhibiendo en una pantalla gigante. Si no has visto alguna de las cintas previas del estudio, no puedes entender y disfrutar del todo el espectáculo. Mucho se ha criticado a Zack Snyder porque en su cinta sobre Batman y Superman utilizó demasiadas referencias que sólo podrían ser entendidas por quien está obsesionado con las historietas de base. Marvel Studios está realizando lo mismo, pero en lugar de impresos, está utilizando cinta de celuloide.