El próximo estreno de It es un buen pretexto para analizar lo que ha
hecho el cine por Stephen King.
Parece mentira que todavía Stephen King siga siendo referente en cuanto a adaptaciones de
novelas al cine se trata, aunque no siempre ha sido con éxito. Hay de todo. Desde
las que se consideran obras maestras hasta las que quisieras arrancarte los
ojos para no volverlas a ver. Si todavía eres de los que por alguna extraña
causa no sabes qué hay más allá de It, versión milenial, te recomiendo las siguientes cintas para que veas que hay
mucho más allá que los payasos asesinos.
La ventana secreta (Secret Window,
2004, David Koepp)
Muy bien actuada
por unos muy controlados Johny Depp y
John Turturro, este thriller de suspenso te hace saltar
constantemente del asiento. Además de sus muy buenos guiones, Koepp es un gran director.
La niebla (The Mist,
2007, Frank Darabont)
Si alguien parece haber conocido a King mejor que nadie, ese es Frank
Darabont. El director hizo una trilogía de cintas basadas en historias del
autor y todas son impresionantes, aunque esta es la más débil de las 3. Dividió
a la crítica, que esperaba un producto más parecido a Sueño de fuga o Milagros
inesperados, y algunos la consideran una gran obra y otros una decepción.
Una buena cinta de terror y un serio análisis de la naturaleza humana.
Cuenta conmigo (Stand by Me,
1986, Rob Reiner)
Se volvió un éxito y referente en cuanto a dirigir
adolescentes se trata. De ella salió una generación entera de actores que
prácticamente se adueñaron de los noventa: Wil
Wheaton, River Phoenix, Jerry O'Connell, Corey Feldman, Kiefer
Sutherland y John Cusack, entre
otros. Rob Reiner demostró que no
sólo era un director de comedias (excelentes, por cierto), además que el
público supo que Stephen King
escribía algo más que historias de terror.
Miseria (Misery, 1990, Rob
Reiner)
Tras el éxito de Cuenta conmigo, Reiner se aventó a la aventura de adaptar otra novela de King, pero ahora con un tono totalmente
contrario a la anterior. Y el resultado es una perturbadora cinta sobre el
fanatismo y hasta dónde se puede llegar por seguir una obsesión. Un James Caan excelente y una Kathy Bates que hace palidecer al Jack Nicholson de El resplandor, son
prácticamente los que llevan el peso de este filme que no sólo fue un triunfo
en crítica y taquilla sino que se volvió un clásico.
Zona muerta (The Dead Zone,
1983, David Cronenberg)
A pesar de que la memoria ha hecho que muchos se olviden de
ella y de las libertades que se tomó Cronenberg
al adaptarla, la película es una obra importante. Lejos del gore simbólico que acostumbraba su
director, es un impresionante tour de force de todos los
involucrados. Un clásico, vilmente ignorado en casi todas las listas por
considerarse demasiado “cronenberiano”, para ser una adaptación de King.
El resplandor (The Shining,
1980, Stanley Kubrick)
Muchos me van a matar pero aunque es una obra sobresaliente,
no es ni de lejos la mejor obra de Kubrick,
e incluso, se sabe que la hizo más por obligación que por ganas. La actuación
de Jack Nicholson está sobrevalorada
y repite mucho de lo hecho en otras películas. Lo mejor es quizá la parte
onírica, y demuestra que su director era un genio. Y sí, sí me sacó uno que
otro frijolazo.
Milagros inesperados (The Green Mile, 1999, Frank Darabont)
La segunda colaboración entre King y Darabont es
simplemente inefable. De alguna manera, el director se las arregla para
convertir una historia digna de película católica en un análisis sobre la fe y
la esperanza, más allá de cualquier encierro. Michael Clarke Duncan, nunca encontró otro papel igual.
Carrie,
extraño presentimiento (Carrie, 1977, Brian De Palma)
Dos remakes y una secuela después, la
adaptación que hizo De Palma de la
historia de King, sigue causando
sustos e influenciando muchas cintas. Está tan repleta de escenas clásicas que
es imposible elegir una (la de la ducha, la de la sangre, la de la muerte de la
mamá, etc.)
Sueños de fuga (The Shawshank
Redemption, 1994, Frank Darabont)
Me costó mucho decidirme entre esta y Carrie, pero finalmente,
la primera colaboración de Darabont
y King es uno de los más
conmovedores análisis de la fuerza del espíritu humano, sin caer nunca en la
cursilería. Una reelaboración de los temas de Frank Capra, que no ha perdido vigencia, y siempre aparece en las
listas de las mejores cintas de todos los tiempos.
Por cuestiones de espacio no metí muchas porque son para
televisión u otros medios (It, la original, Salem’s
Lot) o porque me faltó espacio. ¿Cuál es tu favorita? ¿Cuáles faltaron?
Comenta y comparte.
“Si no fracasas en algo de vez en
cuando es una señal inequívoca de que no estás haciendo nada nuevo.” Con esas
palabras, Woody Allen justifica el hecho de que su método de dirección (el
hacer películas al por mayor, sabiendo que al final unas cuantas son buenas) le
ha dejado desde obras maestras hasta cerotes del tamaño de un cerro. Ahora
bien, Allen no es el primero ni el último en hacer esto. Sólo basta ver la
filmografía de algunos de los mejores directores de la historia, para darnos
cuenta que hasta los reyes se avientan su cagada de vez en cuando. En este
listado no van a encontrar ni a Tarantino ni a M. Night Shyamalan, porque ellos
pertenecen a la categoría de los que tienen dos obras buenas entre cientos de
cacotas.
David Lynch: Dunas (Dune, E.U., 1984)
Según el documental Jodorosky’s Dune, Frank Pavich, 2014) la
realización de esta cinta a manos del inefable director argentino, pronosticaba
un paradigma cinematográfico sin precedentes. Pero por cuestiones
presupuestales el proyecto quedó, años después, en manos del entonces joven en
inexperto David Lynch, que previamente sólo había hecho la regular El hombre elefante (Elephant man, 1980). Se filmó en México, con un presupuesto
altísimo, un diseño de producción impresionante, con Sting y Grace Jonnes en el
reparto, pero… Pues Lynch no es un cineasta fácil. Se dice que aunque el
director hizo su mejor esfuerzo, un guión atiborrado de diálogos complejos,
escenas preciosistas pero más aburridas que quedarse viendo dos minutos la
máquina de las tortillas y sobre todo, que la gente quería ver algo más
parecido a Star Wars, hizo que fuera un fracaso de crítica y taquilla monumental.
Vamos, ni el sexenio de Calderón dejó tantas pérdidas. El único que ganó con
esto fue el director, porque a cambio de filmar su elefante blanco, el
productor Dino De Daulrentiis tuvo que producir Terciopelo azul (Blue Velvet,
1986) y él feliz, porque por lo menos esta ganó un chingo de premios y volvió a
David Lynch el Dios del cine.
Bob Reiner: Nuestro amor (The Story of Us, E.U., 1999)
Aunque el gordo Reiner no es el
mejor director del cine, su trayectoria profesional tiene muchos títulos que en
el campo comercial han sido éxitos de crítica y público, tales como Esto es Spynal Tap (This Is Spinal
Tap, 1984), Cuenta conmigo
(Stand By Me, 1986), La princesa prometida (The Princess Bride, 1987), Miseria (Misery, 1990) y sobre todo, la que
muchos consideran que es la obra maestra de Woody Allen que no dirigió, ni
actuó, ni escribió Woody Allen, Harry y Sally (When Harry Met Sally..., 1989). Después de ese impactante
currículum intenta repetir un poco la fórmula de Harry… y termina echándose
un cake de 10,000 courics (sino vez South Park, no vas a entender la
referencia, por eso te mando a este link). El problema es que a nadie le parecía muy chistoso ver a Bruce
Willis después de años de soltar fregadazos enamorando a una a veces
desmesurada Michelle Pfeiffer. Incluso, algunos críticos dijeron que debía
llamarse “Por qué Harry se divorció de Sally”. Un fracaso que casi transforma su
carrera en el cuerpo en el río de Cuenta conmigo.
Henry Selick: Monkeybone (Ídem, 2001)
Quizá por su humor más guarro que oscuro, lleno de cadáveres flatulentos
y personajes que ni siquiera su mismísimo compadre Tim Burton soportaría ver, Monkeybone
resultó un fracaso tremebundo de crítica y público. Honestamente, a mi me
divirtió bastante, aunque debo reconocer que es muy fea. El realizador también
ha hecho cintas como El extraño mundo de Jack (The Nightmare Before Christmas, 1993) y Coraline y la puerta secreta (Coraline, 2009). Pero este mono, fue resultado
de una dieta a base de frijoles con huevo.
Felipe Cazals: Burbujas de amor (1991)
Pongámoslo así: Durante los años
ochenta, el director de Las poquianchis (1976),
El apando (1975), Canoa (1975), Bajo la metralla (1982), Los
motivos de Luz (1986) y Chicogrande (2009),
comía lo que podía por hambre. El resultado es que vivió una década de diarrea
incontenible. Hizo películas hasta para Rigo Tovar, pero la que se llevó las
palmas, sin duda fue Burbujas de amor,
la sexy comedia más aburrida del cine
de ficheras. Se trata de un filme decadente, con estrellas televisivas y una
vieja que ni en su casa conocen que se llamaba Telly Filippini, cuya única
gracia era (según el TV
Notas) que se dejaba madrear por Sergio Goiry. Mala como el producto de
mezclar tacos de a cinco por quince pesos de afuera del metro Olímpica con un
curado de avena y un litro de leche bronca, sorprende entre su filmografía porque
las actrices no enseñan nada y los galanes son más grises que un calzón mal lavado.
Es decir, un fracaso absoluto.
Mike Nichols: Lobo (Wolf, 1994)
¿Quién le teme a Virginia Wolf? (Who's Afraid of Virginia Woolf?,
1966), El graduado (The Graduate, 1967), Closer, llevados por el deseo (Closer, 2004). El
director también se aventó sus popocitas, así que al momento de hacer este
listado, tenía por lo menos, tres serios contendientes: La jaula de las
locas (The birdcage¸1996), ¿De qué planeta vienes? (What Planet Are You From?, 2000) y por
supuesto, Lobo. Escogí esta última
porque la primera por lo menos, si andas de simple, te puede parecer divertida,
y la segunda fue tan mala que ni los actores se acuerdan de ella. En el caso de
la tercera, llama la atención porque: 1.- Universal intentaba “actualizar” sus
grandes monstruos de la época dorada del cine de terror (Drácula, La momia,
Frankestein, etc.), 2.- Nichols dejó que Jack Nicholson hiciera lo que
quisiera, la grado de permitirle, por ego actoral, no usar un maquillaje
apropiado y además, lo dejó creer que a estas alturas del partido seguía siendo
un gran actor. Además, parece que la química con Michelle Pfeiffer, que tuvo en
Las brujas de Eastwick (The
Witches of Eastwick, George
Miller, 1987) ya había quedado en la distancia.
Peter Jackson: La trilogía del Hobbit (The Hobbit, 2012, 2013 y 2014)
Yo sé que los fans acérrimos de Jackson y de J. R. R. Tolkien dirán que
esto no es cierto, que su peor película es Desde mi cielo (The Lovely
Bones, 2009, que dicho sea de paso, más bien la odian porque no es tan
espectacular como El señor de los añillos), pero tengo razones para
sustentarme. La primera y única prueba es la trilogía de El señor de los anillos
(2001, 2002 y 2003): Es espectacular, redonda, sorprendente, incluso los que no
conocen la obra original salen asombrados por el manejo de la épica que tiene
Jackson. El caso de El Hobbit, es muy triste, porque se siente como una
copia pirata de El señor…, como los clones que aparecieron después de
que se estrenó, que no llegaron a igualarla ni medianamente. Incluso, los
mayores fans de la obra original se quejaron de que se alargaba
innecesariamente una obra pequeña, divertida e infantil. Una caca de dragón.
Orson Welles: Don
Quijote (Don Quixote, 1992)
Bien, la cosa es esta. Cuando
Orson Welles intentó llevar a cabo la historia de Cervantes, en 1957 y 1966,
debido al presupuesto y a que de pronto, el director descubrió que no le estaba
gustando mucho el resultado, decidió abandonarla y seguir adelante, aunque en
varias ocasiones intentó terminarla. El material fue editado por el español
Jesús Franco, el culpable de que la cinta fuera un asco. Sin ritmo, mal editada,
es el resultado de querer comerse las sobras del pastel que no le gustó a otro.
Qué se podía esperar de un director de soft
porno y cintas de explotación. En pocas palabras, Orson se lo comió, Franco
lo defecó.
Brian de Palma: Misión a Marte (Mission to Mars, 2000)
De Palma es un director pretencioso. Con esto no quiero tacharlo de poser,
sino que tiene que ver con el hecho de que tiene una cultura cinematográfica
tan grande, que quiere ser otro director. A intentado ser Hitchcok, también
quiso ser Scorsese, pero el que no le salió muy bien fue Kubrick. Misión a
Marte, según un usuario de Filmafinity, es “2001 para Dummies”. Algo de
razón tiene. Además es muy patriotera, pero a su favor, cuenta con unas bellas
banda sonora y fotografía, finalmente es De Palma. Pero esto no es lo peor del
caso: Para la crítica “seria” hay directores que son intocables, como el mismo
Kubrick, Lynch, Jean-Luc Godard y Lars (AKA) “todas las mujeres son putas” von
Trier. Y De Palma, se metió con uno de los sueños húmedos de todos los críticos.
Lo tacharon de pecador, de corrupto, le pidieron que se arrepintiera, lo
escupieron, le echaron agua bendita y después lo apedrearon casi hasta la
inconsciencia. Y después, el mazacote de carne que dejaron, fue arrojado a los perros
(perdón) al público para que se alimentaran con él. Pero como la audiencia
está divorciada de alguna manera con los marcianos (ese es otro tema que pronto
trataré, ¿Por qué los espectadores odian a los marcianos?), pues ni caso le
hicieron. La cinta se estrenó prácticamente al mismo tiempo que Planeta rojo
(Red Planet¸ Antony Hoffman, 2000), que también tronó como cedazo en
taquilla. Y de Palma casi la palma.
Pedro Almodóvar: Los
amantes pasajeros (2013)
Aceptémoslo, el manchego no es el mejor director español, pero hay que
reconocer que el cine ibérico se divide en AP y DP (Antes de Pedro y Después de
Pedro). Sus cintas derrochan originalidad, tanto así que se transformó en un
estilo más que en un artista. Ha hecho cosas que dan pena, pero desde luego, su
habilidad para mezclar lo guarro y lo sublime, siempre son de agradecerse. En
el caso de Los amantes… construye una cinta sin pies ni cabeza, de esas
que puedes ver dos veces y en ninguna logras sonreír. Es aburrida, chunga,
babosa, es menos almodovariana que una película del “Caballo” Rojas. Y para
colmo: ¿Se han percatado que las peores cintas del señor tienen a un mexicano
en el elenco? Algo para discernir muchos años.
John Ford: La
mascota del regimiento (Wee Willie Winkie, 1937)
La verdad, no he visto este filme, no porque no quiera sino porque no
lo conocía hasta el momento en que empecé este conteo. John Ford es el mesías
del cine americano, el que llevó a alturas de arte al western; La diligencia
(Stagecoach, 1939), por ejemplo, está entre las diez películas más
importantes de la historia. La crítica es voluble al respecto de La mascota
del regimiento, ya que a veces la consideran una película agradable y en otras
una verdadera porquería. En lo que coinciden todos es en que Ford no se merecía
tener que aguantar a Shirley Temple.
Arturo Ripstein: La
ilegal (1977)
Ripstein fue considerado el mayor de los cineastas mexicanos, no sólo
en el país sino principalmente, en Europa. Sus cintas más emblemáticas, Principio
y fin (1993), El carnaval de
Sodoma (2006) y Tiempo de morir
(1966), entre otras, tenían la particularidad de ser cine de auteur, muy culto, oscuro y despiadado. La ilegal fue una de las primeras cintas
producidas por la hoy (bendito sea Dios) extinta Televicine, sub empresa dedicada
a hacer vehículos de lucimiento para las “estrellas del canal de las estrellas”.
Se trata de una cinta pensada para Lucía Méndez, antes de que le cayera la
maldición de María Sorté. Y aunque no es tan mala, las actuaciones acartonadas,
la ausencia de ganas del director y ante todo, un final forzado, que ni es
feliz ni triste sino todo lo contrario, convierten el filme en la peor de la
filmografía Ripsteniana.
Seamos honestos: Bryan Singer no
es ni ha sido el mejor director de mundo. A veces, siento que el lugar que se
ha ganado fue únicamente un “Homero”,
debido sobre cualquier cosa a Los
sospechosos comunes (The Usual Suspects¸1995) y si no me creen, fuera de los filmes de X-men y sin consultar
Google, nadie puede mencionar una de sus películas, salvo, Superman regresa,
quizá porque es considerada la peor cinta de superhéroes de la historia (Martha
se salvó). El problema con esta cinta fue que en lugar de intentar un universo
nuevo y contemporáneo, Singer se dedicó a mal copiar lo hecho por Richard
Donner en su filme de 1978, así que con el pretexto más Ed Woodiano posible,
coloca a Brandon Routh como Superman/Clark Kent, nada más porque se medio
parecía de perfil a Christopher Reeves, y a Kevin Spacey como Lex Luthor, imitando
el personaje tal y como lo interpretó Gene Hackman. Incluso, utilizó material
eliminado de las dos primeras cintas, con Marlon Brando. Pero visualmente,
decide tomar lo realizado por el pintor Alex Ross en sus novelas gráficas sobre
el súper hombre, volviendo la cinta en un pastiche de proporciones titánicas. Es
larga, aburrida, ingenua y fea por donde se vea. Además, Brandon Routh es el
Superman más gay de la historia. A 10 años de su estreno, uno no puede
explicarse por qué se autorizó su rodaje.
Encontré muchos
más títulos, así que decidí dividir esta entrega en dos. En esta semana estén
al pendiente, ya les presentaré la segunda parte y mis conclusiones.
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El cine desde su nacimiento se
dio cuenta de lo fácil que es jugar con los sentimientos de la gente, y más
porque las imágenes en movimiento, la pantalla oscura y la música, permiten más
fácilmente generar empatía (y a veces, simpatía) con los personajes. Son
incontables las cintas que nos hacen llorar como chamaco a punto de recibir su
boleta, y por eso decidí darles a conocer algunos de los más angustiantes
finales de la historia del cine. No están todos los que son ni son todos los
que están, pero aquí les van. Verán que faltan Titanic, No se aceptan
devoluciones, La vida es bella, La
sociedad de los poetas muertos y cosas por el estilo, porque en realidad,
más que tristes, sus finales son chantajistas. Si falta alguna en la lista, se
aceptan sugerencias para hacer una segunda parte, con puras propuestas de
ustedes.
Corazón
valiente (Braveheart)
E.U.,
Irlanda, 1995.
Dirección:
Mel Gibson.
Guión:
Randall Wallace.
Fotografía:
John Toll.
Intérpretes:
Mel Gibson, Sophie Marceau, Ian Bannen, Brendan Gleeson, entre otros.
Duración:
177 minutos.
Si bien Mel Gibson se ganó el odio de gran parte del público
(generado principalmente por los medios de comunicación) por sus problemas de
alcoholismo y bipolaridad, no cabe duda que es un talentoso director. Ganó el
Oscar a mejor película con esta especie de biopic
(especie, porque no se sabe a ciencia cierta si existió William Wallace). El
final de la cinta, conocido por muchos, es desgarrador y triste, pero a la vez
esperanzador. Si no quieren que les pegue la chillona, no vean el videoclip.
Gladiador (Gladiator)
E.U., G.B., 2000.
Dirección: Ridley Scott.
Guión: John Logan, William Nicholson
y David Franzoni.
Fotografía: John Mathieson.
Intérpretes: Russell Crowe, Joaquín
Phoenix, Connie Nielsen, Richard Harris, entre otros.
Duración:
155 minutos.
Gladiador significó el regreso de la épica griega y romana al cine,
misma que dio grandes obras como Spartacus
(Stanley Kubrick, 1959, que también tiene un final muy triste). El
sacrifico final de Máximo Décimo Meridio será recordado como uno de las
conclusiones más lacrimógenas del cine.
Los puentes de Madison (The Bridges of
Madison County)
E.U.,
1995.
Dirección:
Clint Eastwood.
Guión:
Richard LaGravenese, basado en la novela de Robert James Waller.
Fotografía: Jack N. Green.
Intérpretes: Meryl Streep, Clint
Eastwood, Annie Corley, entre otros.
Duración:
134 minutos.
Clint Eastwood es quizá el mayor
cineasta norteamericano de la vieja guardia que queda vivo. Y lo digo porque es
capaz de pasar del western al cine de acción con la mano en la cintura. Sin
duda Los puentes de Madison, lo
descubrió también como uno de los que más lágrimas pueden llegar a sacar. A
medio camino de la crítica salvaje a los valores familiares norteamericanos y
el melodrama romántico, sin duda, ese final que demuestra que papá y mamá
también son seres humanos y se les aloca la hormona, generó que muchos salieran
nadando entre el océano de lágrimas que se formaba en los cines.
Dinero del cielo (Pennies from
Heaven)
E.U., 1981.
Dirección: Herbert Ross.
Guión: Dennis Potter.
Fotografía: Gordon Willis.
Intérpretes: Steve Martin, Bernadette
Peters, Christopher Walken, entre otros.
Duración:
108 minutos.
Antes que Lars von Trier se
volviera famoso por su disque “originalísima puesta en escena” de Bailando en la oscuridad (Dancer in the Dark, 2000), Jean Luc
Godard en Una mujer es una mujer (Une femme est une femme, 1961) y Dennis
Potter, con Dinero del cielo, habían
jugado con la idea del musical como herramienta social. En el caso de Dinero…, fue una especie de serie de tv
musical que transmitió la BBC en 1977, y un par de años después llegaría a
Hollywood con una espectacular producción, interpretada por Bernardette Petters
y Steve Martin. Ambientada en la época de la depresión norteamericana, cuenta
la historia de una pareja maldita, que se entretiene viendo películas musicales
y escuchando canciones. Él es casado y ella es una triste y solitaria maestra
de escuela que nunca llegan a ser felices por muchas cosas. El desenlace de la
cinta, triste como pocos, es acompañado por una de las más dolorosas versiones
de la canción que le da título.
Cinema Paradiso (Nuovo Cinema Paradiso)
Italia, 1988.
Dirección: Giuseppe Tornatore.
Guión: Giuseppe Tornatore.
Fotografía: Blasco Giurato.
Intérpretes: Philippe Noiret, Salvatore Cascio, Marco
Leonardi, entre otros.
Duración:
155 minutos.
El cine italiano murió con
Fellini. Pero antes de esto, durante el centenario del cine, tuvo una etapa en
la que brilló por última vez. Dos de los filmes más recordados que homenajearon
al séptimo arte en 1989, fueron Splendor,
de Ettore Scola y Cinema Paradiso. La
segunda se volvió la más recordada, principalmente, por su hermoso y nostálgico
final. Si bien, vista objetivamente tiene una fórmula parecida a la de La vida es bella (risas, risas, risas,
momento triste, risas, risas, final triste), es una oda al cine que llega a
conmover hasta a los más cínicos, gracias, principalmente, al acertado score compuesto por Ennio Morricone.
Llegó a ser tan conocido que hay cientos y cientos de parodias del mismo. Como
dato curioso, hay una versión de la cinta que dura cerca de tres horas.
Chíllenle, mis reyes.
Los
amantes del círculo polar
España,
1998.
Dirección:
Julio Medem.
Guión:
Julio Medem.
Fotografía:
Gonzalo Berridi.
Intérpretes:
Fele Martínez, Najwa Nimri, Nancho Novo, entre otros.
Duración:
114 minutos.
La de Medem resultó una de las
más sui géneris historias de amor, contada en forma cícilica, de atrás para
adelante y de vuelta. Se cuenta la historia de Otto y Ana, y cómo a pesar de
cruzarse una y otra vez, nunca pueden estar juntos. Es algo así como la primera
parte de Lucía y el sexo, del mismo
director. Una de las mejores películas españolas de la historia, así que si no
la han visto, búsquenla porque se van a arrepentir de no conocerla.
El
espíritu de la pasión (Bin-jip/3-Iron)
Corea del
Sur, 2004.
Dirección:
Kim Ki-duk.
Guión: Kim Ki-duk.
Fotografía:
Jang Seung-beck.
Intérpretes:
Lee Seung-yeon, Jae Hee, Kwon Hyuk-ho, entre otros.
Duración:
95 minutos.
La historia de amor de una pareja
que nunca habla y se comunica solamente con sus sentimientos. Para poder estar juntos,
él debe desarrollar la habilidad de caminar detrás de la gente sin que lo vean,
como un fantasma, y habitar para siempre escondido en la casa de su amada. A
pesar de que el final es feliz, hay un dejo de amargura que hace que tu corazón
salga apachurrado de la sala.
Deseando amar (Fa yeung nin
wa/In the Mood for Love)
Hong Kong, 2000.
Dirección: Wong Kar-wai.
Guión: Wong Kar-wai.
Fotografía: Christopher Doyle y Mark
Li Ping-Bing.
Intérpretes:
Tony Leung Chiu Wai, Maggie Cheung, Ping Lam Siu, entre otros.
Duración:
98 minutos.
Otra de esas historias de amores
que no pueden ser. En este caso, una pareja que descubre que sus respectivos
los engañan entre sí, y para vengarse, empiezan a hacer lo mismo, primero, de
forma ficticia, aunque esto al final los va a llevar a enamorarse. Un final que
te desarma, un secreto en una pared, y una de las fotografías más hermosas del
cine contemporáneo.
Golpes
del destino (Million Dollar Baby)
E.U.,
2004.
Dirección:Clint
Eastwood.
Guión:
Paul Haggis, basado en la novela Rope Burns: Stories From the Corner, de F.X.
Toole.
Fotografía: Tom Stern.
Intérpretes: Clint Eastwood, Hilary
Swank, Morgan Freeman, entre otros.
Duración:
132 minutos.
Otra vez, Eastwood nos puso a
chillar como puercos. Esta cinta no sólo nos hizo pensar que Hilary Swank era
buena actriz, sino que puso a flor de piel la discusión sobre la eutanasia.
Fuerte como un chingadazo, el final hace que gimoteen hasta los tipos más
duros.
La hora 25 (25th Hour)
E.U., 2002.
Dirección:
Spike Lee.
Guión:
David Benioff.
Fotografía:
Rodrigo Prieto.
Intérpretes:
Edward Norton, Barry Pepper, Philip Seymour Hoffman, Rosario Dawson, entre
otros.
Duración:
135 minutos.
Lee se especializó en hablar de
racismo, prácticamente en todas sus cintas se tocan temas de afroamericanos. La hora 25, es una de sus excepciones,
pero también una de sus cintas más logradas. Un dealer va a ser arrestado y tiene 24 horas para entregarse, así que
aprovecha su tiempo disponible para despedirse de sus seres queridos, sin saber
quién fue el que lo entregó. E.U. después del 11 de septiembre. La gente
paranoica y con resentimiento. La debilidad y la culpa que su gente adquirió
después de este incidente. Eso y más, analiza este filme, que es capaz de
derretir un hielo con un solo fotograma. Cuando todo termina, la fantasía de un final
feliz se hace presente
Manhattan (Manhattan)
E.U., 1979.
Dirección: Woody Allen.
Guión: Woody Allen y Marshall
Brickman.
Fotografía:
Gordon Willis.
Intérpretes:
Woody Allen, Diane Keaton, Mariel Hemingway, entre otros.
Duración:
96 minutos.
Una canción de amor para la
ciudad más hermosa del mundo es lo que hizo Woody Allen en esta, que para
muchos, es su obra maestra. Influyó a una generación completa de directores que
nunca llegaron ni mínimamente a igualarse con este agridulce cuento sobre un
escritor de chistes, enamorado de una mujer prohibida y con una relación con
una adolescente. La escena final es una muestra de por qué Allen se convirtió
en Woody Allen.
La sangre
de Romeo (Romeo Is Bleeding)
E.U.,
1993.
Dirección:
Peter Medak.
Guión:
Hilary Henkin.
Fotografía:
Dariusz Wolski.
Intérpretes:
Gary Oldman, Lena Olin, Annabella Sciorra, entre otros.
Duración:
100 minutos.
Cuando se habla de finales
tristes y patéticos, el de La sangre de
Romeo, es quizá el más doloroso. Un policía corrupto es envuelto en una
investigación sobre los asesinatos de una criminal tan loca como sexy. El
hombre, que tiene una hermosa esposa y una joven amante, verá cómo su mundo se
cae a pedazos. La frase final, es una de las más atormentadas que se han
escuchado en la gran pantalla.
Casablanca (Casablanca)
E.U.,
1942.
Dirección:
Michael Curtiz.
Guión: Julius J. Epstein, Philip G.
Epstein, Howard Koch y Casey Robinson.
Fotografía: Arthur Edeson.
Intérpretes: Humphrey Bogart, Ingrid
Bergman, Paul Henreid, Claude Rains, entre otros.
Duración:
102 minutos.
Clásico de clásicos. Sin ella no
puede haber lista de finales tristes. No hay mucho que decir al respecto, salvo
que existen cientos de parodias del mismo, desde Woody Allen hasta los Simpson
lo han imitado. El triste final no sólo es eso, sino una especie de estigma que
ha castigado el corazón de los norteamericanos durante más 70 años.
Lo que el viento se llevó (Gone with the Wind)
E.U., 1939.
Dirección: Victor Fleming, George
Cukor y Sam Wood.
Guión:
Margaret Mitchell y Sidney Howard, sobre la novela homónima de la primera.
Fotografía:
Ernest Haller.
Intérpretes:
Clark Gable, Vivien Leigh, Leslie Howard, Olivia de Havilland, entre otros.
Duración:
224 minutos.
No queda mucho que decir que no
se haya dicho de la madre de la “épica romántica”. Majestuosa y eterna, la
escena final es otra de esas heridas que no pueden sanar los norteamericanos.
Ya es hora de que saquen otra bolsa de pañuelos.
Al azar
de Baltasar (Au hasard Balthazar)
Francia,
Suecia, 1966.
Dirección:
Robert Bresson.
Guión:
Robert Bresson.
Fotografía: Ghislain Cloquet.
Intérpretes:Anne
Wiazemsky, François Lafarge, Philippe Asselin, entre otros.
Duración:
95 minutos.
Más que triste, cruel como pocas,
la cinta de Bresson será recordada por ser la más cruda visión de la maldad
humana. Narra sobre un burrito y su dueña, y como sus caminos se van separando,
hasta que el pobre animal, ya viejo y enfermo, es abandonado a su suerte. El
final es tan ojete que hasta la fecha no he tenido el valor de volver a ver la
película. De hecho, no quise incluirlo, mejor les dejo el tráiler.
Triste
San Valentín (Blue Valentine)
E.U.,
2010.
Dirección:
Derek Cianfrance.
Guión:
Derek Cianfrance, Cami Delavigne, Joey Curtis.
Fotografía:
Andrij Parekh.
Intérpretes:
Ryan Gosling, Michelle Williams, Mike Vogel, entre otros.
Duración:
114 minutos.
En el caso de Triste San Valentín, toda la cinta y no
sólo el final son muy dolorosos. El deterioro de una pareja al paso del tiempo,
reflejada de forma muy despiadada. Al final, el amor como las luces de los fuegos
artificiales, se va agotando hasta dejarnos en la oscuridad.
Breve
encuentro (Brief Encounter)
G.B.,
1945.
Dirección: David Lean.
Guión: Noël Coward, David Lean,
Anthony Havelock Allan.
Fotografía:
Robert Krasker.
Intérpretes:
Celia Johnson, Trevor Howard, Stanley Holloway, Joyce Carey, entre otros.
Duración:
85 minutos.
Los encuentros de una pareja de
amantes que se conocen en un tren, desde el punto de vista de David Lean, es
algo así como la versión previa de Los
puentes de Madison, pero en versión verdaderamente desalmada. Todo está
narrado como si la mujer le contara lo ocurrido a su marido, pero en realidad
son sus recuerdos. Otra historia de amor imposible y otra crítica a lo frágil
de las relaciones familiares y sociales. Si quieren verla, por quí anda en Youtube.
Estallido
mortal (Blow
out)
E.U.,
1981.
Dirección:
Brian De Palma.
Guion:
Brian De Palma.
Fotografía:
Vilmos Zsigmond.
Intérpretes: John Travolta, Nancy
Allen, John Lithgow, Dennis Franz, entre otros.
Duración:
108 minutos.
Aunque es una reelaboración de Blow-Up (Michelangelo Antonioni, 1966),
la de De Palma tiene tintes de tragedia. Un sonidista, accidentalmente graba un
asesinato y junto a la chica que estuvo involucrada en lo mismo, empiezan a
investigar el suceso. El final es desesperanzador y Travolta demuestra que
cuando quiere puede ser un buen actor.
El
laberinto del fauno
México,
España, 2006.
Dirección:
Guillermo del Toro.
Guión:
Guillermo del Toro.
Fotografía:
Guillermo Navarro.
Intérpretes:
Ivana Baquero, Doug Jones, Sergi López, Ariadna Gil, entre otros.
Duración:
112 minutos.
Del Toro engañó al mundo al
hacernos creer que era el sucesor de Tim Burton. Y con este filme alcanzó
alturas de artista tales que ni él mismo ha podido alcanzar. Análisis de la
maldad inherente en el ser humano, así como de la fuerza de la imaginación, el
final es tanto liberador como terrible. ¿Ya qué les digo?, si no la han visto,
perdieron su carnet de cinéfilos.
El hombre
araña (Spider-Man)
E.U.,
2002.
Dirección:
Sam Raimi.
Guión:
David Koepp.
Fotografía:
Don Burgess.
Intérpretes:
Tobey Maguire, Willem Dafoe, Kirsten Dunst, James Franco, entre otros.
Duración:
121 minutos.
Con El hombre araña, Sam Raimi demostró que no sólo sabe al dedillo cómo
espantar a la gente, sino que también sabe hacerlos llorar. Más que por otra
cosa, sus cintas importaron por ver hasta dónde llevaba la relación entre Peter
y Mary Jane. El final de la primera cinta, es quizá el más apesadumbrado y
dolorido de todo el cine de superhéroes.
Y ahora, la mención honorífica:
Futurama: Jurrasic Bark (El perro de Fry)
Aunque no es película, es uno de
los finales más lastimeros que existe. Parte de la serie Futurama, el capítulo 2 de la quinta temporada, si no te hace
moquear, te hace aullar. Cuenta sobre el perro de Fry, Symur Diera, que lo
esperó hasta el día de su muerte. Muy triste.
Dedicado a Gisela, porque no le gustan los finales tristes.
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