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sábado, 2 de julio de 2016

Las grandes cagadas de los mejores directores I





“Si no fracasas en algo de vez en cuando es una señal inequívoca de que no estás haciendo nada nuevo.” Con esas palabras, Woody Allen justifica el hecho de que su método de dirección (el hacer películas al por mayor, sabiendo que al final unas cuantas son buenas) le ha dejado desde obras maestras hasta cerotes del tamaño de un cerro. Ahora bien, Allen no es el primero ni el último en hacer esto. Sólo basta ver la filmografía de algunos de los mejores directores de la historia, para darnos cuenta que hasta los reyes se avientan su cagada de vez en cuando. En este listado no van a encontrar ni a Tarantino ni a M. Night Shyamalan, porque ellos pertenecen a la categoría de los que tienen dos obras buenas entre cientos de cacotas.



David Lynch: Dunas (Dune, E.U., 1984)

Según el documental Jodorosky’s Dune, Frank Pavich, 2014) la realización de esta cinta a manos del inefable director argentino, pronosticaba un paradigma cinematográfico sin precedentes. Pero por cuestiones presupuestales el proyecto quedó, años después, en manos del entonces joven en inexperto David Lynch, que previamente sólo había hecho la regular El hombre elefante (Elephant man, 1980). Se filmó en México, con un presupuesto altísimo, un diseño de producción impresionante, con Sting y Grace Jonnes en el reparto, pero… Pues Lynch no es un cineasta fácil. Se dice que aunque el director hizo su mejor esfuerzo, un guión atiborrado de diálogos complejos, escenas preciosistas pero más aburridas que quedarse viendo dos minutos la máquina de las tortillas y sobre todo, que la gente quería ver algo más parecido a Star Wars, hizo que fuera un fracaso de crítica y taquilla monumental. Vamos, ni el sexenio de Calderón dejó tantas pérdidas. El único que ganó con esto fue el director, porque a cambio de filmar su elefante blanco, el productor Dino De Daulrentiis tuvo que producir Terciopelo azul (Blue Velvet, 1986) y él feliz, porque por lo menos esta ganó un chingo de premios y volvió a David Lynch el Dios del cine.




Bob Reiner: Nuestro amor (The Story of Us, E.U., 1999)

Aunque el gordo Reiner no es el mejor director del cine, su trayectoria profesional tiene muchos títulos que en el campo comercial han sido éxitos de crítica y público, tales como Esto es Spynal Tap (This Is Spinal Tap, 1984), Cuenta conmigo (Stand By Me, 1986), La princesa prometida (The Princess Bride, 1987), Miseria (Misery, 1990) y sobre todo, la que muchos consideran que es la obra maestra de Woody Allen que no dirigió, ni actuó, ni escribió Woody Allen, Harry y Sally (When Harry Met Sally..., 1989). Después de ese impactante currículum intenta repetir un poco la fórmula de Harry… y termina echándose un cake de 10,000 courics (sino vez South Park, no vas a entender la referencia, por eso te mando a este link). El problema es que a nadie le parecía muy chistoso ver a Bruce Willis después de años de soltar fregadazos enamorando a una a veces desmesurada Michelle Pfeiffer. Incluso, algunos críticos dijeron que debía llamarse “Por qué Harry se divorció de Sally”. Un fracaso que casi transforma su carrera en el cuerpo en el río de Cuenta conmigo.




Henry Selick: Monkeybone (Ídem, 2001)

Quizá por su humor más guarro que oscuro, lleno de cadáveres flatulentos y personajes que ni siquiera su mismísimo compadre Tim Burton soportaría ver, Monkeybone resultó un fracaso tremebundo de crítica y público. Honestamente, a mi me divirtió bastante, aunque debo reconocer que es muy fea. El realizador también ha hecho cintas como El extraño mundo de Jack (The Nightmare Before Christmas, 1993) y Coraline y la puerta secreta (Coraline, 2009). Pero este mono, fue resultado de una dieta a base de frijoles con huevo.




Felipe Cazals: Burbujas de amor (1991)

Pongámoslo así: Durante los años ochenta, el director de Las poquianchis (1976), El apando (1975), Canoa (1975), Bajo la metralla (1982), Los motivos de Luz (1986) y Chicogrande (2009), comía lo que podía por hambre. El resultado es que vivió una década de diarrea incontenible. Hizo películas hasta para Rigo Tovar, pero la que se llevó las palmas, sin duda fue Burbujas de amor, la sexy comedia más aburrida del cine de ficheras. Se trata de un filme decadente, con estrellas televisivas y una vieja que ni en su casa conocen que se llamaba Telly Filippini, cuya única gracia era (según el TV Notas) que se dejaba madrear por Sergio Goiry. Mala como el producto de mezclar tacos de a cinco por quince pesos de afuera del metro Olímpica con un curado de avena y un litro de leche bronca, sorprende entre su filmografía porque las actrices no enseñan nada y los galanes son más grises que un calzón mal lavado. Es decir, un fracaso absoluto.




Mike Nichols: Lobo (Wolf, 1994)

¿Quién le teme a Virginia Wolf? (Who's Afraid of Virginia Woolf?, 1966), El graduado (The Graduate, 1967), Closer, llevados por el deseo (Closer, 2004). El director también se aventó sus popocitas, así que al momento de hacer este listado, tenía por lo menos, tres serios contendientes: La jaula de las locas (The birdcage¸1996), ¿De qué planeta vienes? (What Planet Are You From?, 2000) y por supuesto, Lobo. Escogí esta última porque la primera por lo menos, si andas de simple, te puede parecer divertida, y la segunda fue tan mala que ni los actores se acuerdan de ella. En el caso de la tercera, llama la atención porque: 1.- Universal intentaba “actualizar” sus grandes monstruos de la época dorada del cine de terror (Drácula, La momia, Frankestein, etc.), 2.- Nichols dejó que Jack Nicholson hiciera lo que quisiera, la grado de permitirle, por ego actoral, no usar un maquillaje apropiado y además, lo dejó creer que a estas alturas del partido seguía siendo un gran actor. Además, parece que la química con Michelle Pfeiffer, que tuvo en Las brujas de Eastwick (The Witches of Eastwick, George Miller, 1987) ya había quedado en la distancia.





Peter Jackson: La trilogía del Hobbit (The Hobbit, 2012, 2013 y 2014)

Yo sé que los fans acérrimos de Jackson y de J. R. R. Tolkien dirán que esto no es cierto, que su peor película es Desde mi cielo (The Lovely Bones, 2009, que dicho sea de paso, más bien la odian porque no es tan espectacular como El señor de los añillos), pero tengo razones para sustentarme. La primera y única prueba es la trilogía de El señor de los anillos (2001, 2002 y 2003): Es espectacular, redonda, sorprendente, incluso los que no conocen la obra original salen asombrados por el manejo de la épica que tiene Jackson. El caso de El Hobbit, es muy triste, porque se siente como una copia pirata de El señor…, como los clones que aparecieron después de que se estrenó, que no llegaron a igualarla ni medianamente. Incluso, los mayores fans de la obra original se quejaron de que se alargaba innecesariamente una obra pequeña, divertida e infantil. Una caca de dragón.



Orson Welles: Don Quijote (Don Quixote, 1992)

Bien, la cosa es esta. Cuando Orson Welles intentó llevar a cabo la historia de Cervantes, en 1957 y 1966, debido al presupuesto y a que de pronto, el director descubrió que no le estaba gustando mucho el resultado, decidió abandonarla y seguir adelante, aunque en varias ocasiones intentó terminarla. El material fue editado por el español Jesús Franco, el culpable de que la cinta fuera un asco. Sin ritmo, mal editada, es el resultado de querer comerse las sobras del pastel que no le gustó a otro. Qué se podía esperar de un director de soft porno y cintas de explotación. En pocas palabras, Orson se lo comió, Franco lo defecó.




Brian de Palma: Misión a Marte (Mission to Mars, 2000)

De Palma es un director pretencioso. Con esto no quiero tacharlo de poser, sino que tiene que ver con el hecho de que tiene una cultura cinematográfica tan grande, que quiere ser otro director. A intentado ser Hitchcok, también quiso ser Scorsese, pero el que no le salió muy bien fue Kubrick. Misión a Marte, según un usuario de Filmafinity, es “2001 para Dummies”. Algo de razón tiene. Además es muy patriotera, pero a su favor, cuenta con unas bellas banda sonora y fotografía, finalmente es De Palma. Pero esto no es lo peor del caso: Para la crítica “seria” hay directores que son intocables, como el mismo Kubrick, Lynch, Jean-Luc Godard y Lars (AKA) “todas las mujeres son putas” von Trier. Y De Palma, se metió con uno de los sueños húmedos de todos los críticos. Lo tacharon de pecador, de corrupto, le pidieron que se arrepintiera, lo escupieron, le echaron agua bendita y después lo apedrearon casi hasta la inconsciencia. Y después, el mazacote de carne que dejaron, fue arrojado a los perros (perdón) al público para que se alimentaran con él. Pero como la audiencia está divorciada de alguna manera con los marcianos (ese es otro tema que pronto trataré, ¿Por qué los espectadores odian a los marcianos?), pues ni caso le hicieron. La cinta se estrenó prácticamente al mismo tiempo que Planeta rojo (Red Planet¸ Antony Hoffman, 2000), que también tronó como cedazo en taquilla. Y de Palma casi la palma.



Pedro Almodóvar: Los amantes pasajeros (2013)

Aceptémoslo, el manchego no es el mejor director español, pero hay que reconocer que el cine ibérico se divide en AP y DP (Antes de Pedro y Después de Pedro). Sus cintas derrochan originalidad, tanto así que se transformó en un estilo más que en un artista. Ha hecho cosas que dan pena, pero desde luego, su habilidad para mezclar lo guarro y lo sublime, siempre son de agradecerse. En el caso de Los amantes… construye una cinta sin pies ni cabeza, de esas que puedes ver dos veces y en ninguna logras sonreír. Es aburrida, chunga, babosa, es menos almodovariana que una película del “Caballo” Rojas. Y para colmo: ¿Se han percatado que las peores cintas del señor tienen a un mexicano en el elenco? Algo para discernir muchos años.



John Ford: La mascota del regimiento (Wee Willie Winkie, 1937)

La verdad, no he visto este filme, no porque no quiera sino porque no lo conocía hasta el momento en que empecé este conteo. John Ford es el mesías del cine americano, el que llevó a alturas de arte al western; La diligencia (Stagecoach, 1939), por ejemplo, está entre las diez películas más importantes de la historia. La crítica es voluble al respecto de La mascota del regimiento, ya que a veces la consideran una película agradable y en otras una verdadera porquería. En lo que coinciden todos es en que Ford no se merecía tener que aguantar a Shirley Temple.



Arturo Ripstein: La ilegal (1977)

Ripstein fue considerado el mayor de los cineastas mexicanos, no sólo en el país sino principalmente, en Europa. Sus cintas más emblemáticas, Principio y fin (1993), El carnaval de Sodoma (2006) y Tiempo de morir (1966), entre otras, tenían la particularidad de ser cine de auteur, muy culto, oscuro y despiadado. La ilegal fue una de las primeras cintas producidas por la hoy (bendito sea Dios) extinta Televicine, sub empresa dedicada a hacer vehículos de lucimiento para las “estrellas del canal de las estrellas”. Se trata de una cinta pensada para Lucía Méndez, antes de que le cayera la maldición de María Sorté. Y aunque no es tan mala, las actuaciones acartonadas, la ausencia de ganas del director y ante todo, un final forzado, que ni es feliz ni triste sino todo lo contrario, convierten el filme en la peor de la filmografía Ripsteniana. 



Bryan Singer: Superman regresa (Superman Retuns, 2006)

Seamos honestos: Bryan Singer no es ni ha sido el mejor director de mundo. A veces, siento que el lugar que se ha ganado fue únicamente un “Homero”, debido sobre cualquier cosa a Los sospechosos comunes (The Usual Suspects¸1995) y si no me creen, fuera de los filmes de X-men y sin consultar Google, nadie puede mencionar una de sus películas, salvo, Superman regresa, quizá porque es considerada la peor cinta de superhéroes de la historia (Martha se salvó). El problema con esta cinta fue que en lugar de intentar un universo nuevo y contemporáneo, Singer se dedicó a mal copiar lo hecho por Richard Donner en su filme de 1978, así que con el pretexto más Ed Woodiano posible, coloca a Brandon Routh como Superman/Clark Kent, nada más porque se medio parecía de perfil a Christopher Reeves, y a Kevin Spacey como Lex Luthor, imitando el personaje tal y como lo interpretó Gene Hackman. Incluso, utilizó material eliminado de las dos primeras cintas, con Marlon Brando. Pero visualmente, decide tomar lo realizado por el pintor Alex Ross en sus novelas gráficas sobre el súper hombre, volviendo la cinta en un pastiche de proporciones titánicas. Es larga, aburrida, ingenua y fea por donde se vea. Además, Brandon Routh es el Superman más gay de la historia. A 10 años de su estreno, uno no puede explicarse por qué se autorizó su rodaje.



                Encontré muchos más títulos, así que decidí dividir esta entrega en dos. En esta semana estén al pendiente, ya les presentaré la segunda parte y mis conclusiones.

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sábado, 25 de junio de 2016

20 finales tristes y una caricatura desesperada



El cine desde su nacimiento se dio cuenta de lo fácil que es jugar con los sentimientos de la gente, y más porque las imágenes en movimiento, la pantalla oscura y la música, permiten más fácilmente generar empatía (y a veces, simpatía) con los personajes. Son incontables las cintas que nos hacen llorar como chamaco a punto de recibir su boleta, y por eso decidí darles a conocer algunos de los más angustiantes finales de la historia del cine. No están todos los que son ni son todos los que están, pero aquí les van. Verán que faltan Titanic, No se aceptan devoluciones, La vida es bella, La sociedad de los poetas muertos y cosas por el estilo, porque en realidad, más que tristes, sus finales son chantajistas. Si falta alguna en la lista, se aceptan sugerencias para hacer una segunda parte, con puras propuestas de ustedes.



Corazón valiente (Braveheart)

E.U., Irlanda, 1995.

Dirección: Mel Gibson.

Guión: Randall Wallace.

Fotografía: John Toll.

Intérpretes: Mel Gibson, Sophie Marceau, Ian Bannen, Brendan Gleeson, entre otros.

Duración: 177 minutos.

Si bien Mel Gibson se ganó el odio de gran parte del público (generado principalmente por los medios de comunicación) por sus problemas de alcoholismo y bipolaridad, no cabe duda que es un talentoso director. Ganó el Oscar a mejor película con esta especie de biopic (especie, porque no se sabe a ciencia cierta si existió William Wallace). El final de la cinta, conocido por muchos, es desgarrador y triste, pero a la vez esperanzador. Si no quieren que les pegue la chillona, no vean el videoclip.





Gladiador (Gladiator)

E.U., G.B., 2000.

Dirección: Ridley Scott.

Guión: John Logan, William Nicholson y David Franzoni.

Fotografía: John Mathieson.

Intérpretes: Russell Crowe, Joaquín Phoenix, Connie Nielsen, Richard Harris, entre otros.

Duración: 155 minutos.

Gladiador significó el regreso de la épica griega y romana al cine, misma que dio grandes obras como Spartacus (Stanley Kubrick, 1959, que también tiene un final muy triste). El sacrifico final de Máximo Décimo Meridio será recordado como uno de las conclusiones más lacrimógenas del cine.





Los puentes de Madison (The Bridges of Madison County)

E.U., 1995.

Dirección: Clint Eastwood.

Guión: Richard LaGravenese, basado en la novela de Robert James Waller.

Fotografía: Jack N. Green.

Intérpretes: Meryl Streep, Clint Eastwood, Annie Corley, entre otros.

Duración: 134 minutos.

Clint Eastwood es quizá el mayor cineasta norteamericano de la vieja guardia que queda vivo. Y lo digo porque es capaz de pasar del western al cine de acción con la mano en la cintura. Sin duda Los puentes de Madison, lo descubrió también como uno de los que más lágrimas pueden llegar a sacar. A medio camino de la crítica salvaje a los valores familiares norteamericanos y el melodrama romántico, sin duda, ese final que demuestra que papá y mamá también son seres humanos y se les aloca la hormona, generó que muchos salieran nadando entre el océano de lágrimas que se formaba en los cines.





Dinero del cielo (Pennies from Heaven)

E.U., 1981.

Dirección: Herbert Ross.

Guión: Dennis Potter.

Fotografía: Gordon Willis.

Intérpretes: Steve Martin, Bernadette Peters, Christopher Walken, entre otros.

Duración: 108 minutos.

Antes que Lars von Trier se volviera famoso por su disque “originalísima puesta en escena” de Bailando en la oscuridad (Dancer in the Dark, 2000), Jean Luc Godard en Una mujer es una mujer (Une femme est une femme, 1961) y Dennis Potter, con Dinero del cielo, habían jugado con la idea del musical como herramienta social. En el caso de Dinero…, fue una especie de serie de tv musical que transmitió la BBC en 1977, y un par de años después llegaría a Hollywood con una espectacular producción, interpretada por Bernardette Petters y Steve Martin. Ambientada en la época de la depresión norteamericana, cuenta la historia de una pareja maldita, que se entretiene viendo películas musicales y escuchando canciones. Él es casado y ella es una triste y solitaria maestra de escuela que nunca llegan a ser felices por muchas cosas. El desenlace de la cinta, triste como pocos, es acompañado por una de las más dolorosas versiones de la canción que le da título.




Cinema Paradiso (Nuovo Cinema Paradiso)

Italia, 1988.

Dirección: Giuseppe Tornatore.

Guión: Giuseppe Tornatore.

Fotografía: Blasco Giurato.

Intérpretes: Philippe Noiret, Salvatore Cascio, Marco Leonardi, entre otros.

Duración: 155 minutos.

El cine italiano murió con Fellini. Pero antes de esto, durante el centenario del cine, tuvo una etapa en la que brilló por última vez. Dos de los filmes más recordados que homenajearon al séptimo arte en 1989, fueron Splendor, de Ettore Scola y Cinema Paradiso. La segunda se volvió la más recordada, principalmente, por su hermoso y nostálgico final. Si bien, vista objetivamente tiene una fórmula parecida a la de La vida es bella (risas, risas, risas, momento triste, risas, risas, final triste), es una oda al cine que llega a conmover hasta a los más cínicos, gracias, principalmente, al acertado score compuesto por Ennio Morricone. Llegó a ser tan conocido que hay cientos y cientos de parodias del mismo. Como dato curioso, hay una versión de la cinta que dura cerca de tres horas. Chíllenle, mis reyes.





Los amantes del círculo polar

España, 1998.

Dirección: Julio Medem.

Guión: Julio Medem.

Fotografía: Gonzalo Berridi.

Intérpretes: Fele Martínez, Najwa Nimri, Nancho Novo, entre otros.

Duración: 114 minutos.

La de Medem resultó una de las más sui géneris historias de amor, contada en forma cícilica, de atrás para adelante y de vuelta. Se cuenta la historia de Otto y Ana, y cómo a pesar de cruzarse una y otra vez, nunca pueden estar juntos. Es algo así como la primera parte de Lucía y el sexo, del mismo director. Una de las mejores películas españolas de la historia, así que si no la han visto, búsquenla porque se van a arrepentir de no conocerla.





El espíritu de la pasión (Bin-jip/3-Iron)

Corea del Sur, 2004.

Dirección: Kim Ki-duk.

Guión:  Kim Ki-duk.

Fotografía: Jang Seung-beck.

Intérpretes: Lee Seung-yeon, Jae Hee, Kwon Hyuk-ho, entre otros.

Duración: 95 minutos.

La historia de amor de una pareja que nunca habla y se comunica solamente con sus sentimientos. Para poder estar juntos, él debe desarrollar la habilidad de caminar detrás de la gente sin que lo vean, como un fantasma, y habitar para siempre escondido en la casa de su amada. A pesar de que el final es feliz, hay un dejo de amargura que hace que tu corazón salga apachurrado de la sala.





Deseando amar (Fa yeung nin wa/In the Mood for Love)

Hong Kong, 2000.

Dirección: Wong Kar-wai.

Guión: Wong Kar-wai.

Fotografía: Christopher Doyle y Mark Li Ping-Bing.

Intérpretes: Tony Leung Chiu Wai, Maggie Cheung, Ping Lam Siu, entre otros.

Duración: 98 minutos.

Otra de esas historias de amores que no pueden ser. En este caso, una pareja que descubre que sus respectivos los engañan entre sí, y para vengarse, empiezan a hacer lo mismo, primero, de forma ficticia, aunque esto al final los va a llevar a enamorarse. Un final que te desarma, un secreto en una pared, y una de las fotografías más hermosas del cine contemporáneo.





Golpes del destino (Million Dollar Baby)

E.U., 2004.

Dirección:Clint Eastwood.

Guión: Paul Haggis, basado en la novela Rope Burns: Stories From the Corner, de F.X. Toole.

Fotografía: Tom Stern.

Intérpretes: Clint Eastwood, Hilary Swank, Morgan Freeman, entre otros.

Duración: 132 minutos.

Otra vez, Eastwood nos puso a chillar como puercos. Esta cinta no sólo nos hizo pensar que Hilary Swank era buena actriz, sino que puso a flor de piel la discusión sobre la eutanasia. Fuerte como un chingadazo, el final hace que gimoteen hasta los tipos más duros.





La hora 25 (25th Hour)

E.U., 2002.

Dirección: Spike Lee.

Guión: David Benioff.

Fotografía: Rodrigo Prieto.

Intérpretes: Edward Norton, Barry Pepper, Philip Seymour Hoffman, Rosario Dawson, entre otros.

Duración: 135 minutos.

Lee se especializó en hablar de racismo, prácticamente en todas sus cintas se tocan temas de afroamericanos. La hora 25, es una de sus excepciones, pero también una de sus cintas más logradas. Un dealer va a ser arrestado y tiene 24 horas para entregarse, así que aprovecha su tiempo disponible para despedirse de sus seres queridos, sin saber quién fue el que lo entregó. E.U. después del 11 de septiembre. La gente paranoica y con resentimiento. La debilidad y la culpa que su gente adquirió después de este incidente. Eso y más, analiza este filme, que es capaz de derretir un hielo con un solo fotograma. Cuando todo termina, la fantasía de un final feliz se hace presente





Manhattan (Manhattan)

E.U., 1979.

Dirección: Woody Allen.

Guión: Woody Allen y Marshall Brickman.

Fotografía: Gordon Willis.

Intérpretes: Woody Allen, Diane Keaton, Mariel Hemingway, entre otros.

Duración: 96 minutos.

Una canción de amor para la ciudad más hermosa del mundo es lo que hizo Woody Allen en esta, que para muchos, es su obra maestra. Influyó a una generación completa de directores que nunca llegaron ni mínimamente a igualarse con este agridulce cuento sobre un escritor de chistes, enamorado de una mujer prohibida y con una relación con una adolescente. La escena final es una muestra de por qué Allen se convirtió en Woody Allen.





La sangre de Romeo (Romeo Is Bleeding)

E.U., 1993.

Dirección: Peter Medak.

Guión: Hilary Henkin.

Fotografía: Dariusz Wolski.

Intérpretes: Gary Oldman, Lena Olin, Annabella Sciorra, entre otros.

Duración: 100 minutos.

Cuando se habla de finales tristes y patéticos, el de La sangre de Romeo, es quizá el más doloroso. Un policía corrupto es envuelto en una investigación sobre los asesinatos de una criminal tan loca como sexy. El hombre, que tiene una hermosa esposa y una joven amante, verá cómo su mundo se cae a pedazos. La frase final, es una de las más atormentadas que se han escuchado en la gran pantalla.





Casablanca (Casablanca)

E.U., 1942.

Dirección: Michael Curtiz.

Guión: Julius J. Epstein, Philip G. Epstein, Howard Koch y Casey Robinson.

Fotografía: Arthur Edeson.

Intérpretes: Humphrey Bogart, Ingrid Bergman, Paul Henreid, Claude Rains, entre otros.

Duración: 102 minutos.

Clásico de clásicos. Sin ella no puede haber lista de finales tristes. No hay mucho que decir al respecto, salvo que existen cientos de parodias del mismo, desde Woody Allen hasta los Simpson lo han imitado. El triste final no sólo es eso, sino una especie de estigma que ha castigado el corazón de los norteamericanos durante más 70 años.





Lo que el viento se llevó (Gone with the Wind)

E.U., 1939.

Dirección: Victor Fleming, George Cukor y Sam Wood.

Guión: Margaret Mitchell y Sidney Howard, sobre la novela homónima de la primera.

Fotografía: Ernest Haller.

Intérpretes: Clark Gable, Vivien Leigh, Leslie Howard, Olivia de Havilland, entre otros.

Duración: 224 minutos.

No queda mucho que decir que no se haya dicho de la madre de la “épica romántica”. Majestuosa y eterna, la escena final es otra de esas heridas que no pueden sanar los norteamericanos. Ya es hora de que saquen otra bolsa de pañuelos.





Al azar de Baltasar (Au hasard Balthazar)

Francia, Suecia, 1966.

Dirección: Robert Bresson.

Guión: Robert Bresson.

Fotografía:  Ghislain Cloquet.

Intérpretes:Anne Wiazemsky, François Lafarge, Philippe Asselin, entre otros.

Duración: 95 minutos.

Más que triste, cruel como pocas, la cinta de Bresson será recordada por ser la más cruda visión de la maldad humana. Narra sobre un burrito y su dueña, y como sus caminos se van separando, hasta que el pobre animal, ya viejo y enfermo, es abandonado a su suerte. El final es tan ojete que hasta la fecha no he tenido el valor de volver a ver la película. De hecho, no quise incluirlo, mejor les dejo el tráiler.





Triste San Valentín (Blue Valentine)

E.U., 2010.

Dirección: Derek Cianfrance.

Guión: Derek Cianfrance, Cami Delavigne, Joey Curtis.

Fotografía: Andrij Parekh.

Intérpretes: Ryan Gosling, Michelle Williams, Mike Vogel, entre otros.

Duración: 114 minutos.

En el caso de Triste San Valentín, toda la cinta y no sólo el final son muy dolorosos. El deterioro de una pareja al paso del tiempo, reflejada de forma muy despiadada. Al final, el amor como las luces de los fuegos artificiales, se va agotando hasta dejarnos en la oscuridad.





Breve encuentro (Brief Encounter)

G.B., 1945.

Dirección: David Lean.

Guión: Noël Coward, David Lean, Anthony Havelock Allan.

Fotografía: Robert Krasker.

Intérpretes: Celia Johnson, Trevor Howard, Stanley Holloway, Joyce Carey, entre otros.

Duración: 85 minutos.

Los encuentros de una pareja de amantes que se conocen en un tren, desde el punto de vista de David Lean, es algo así como la versión previa de Los puentes de Madison, pero en versión verdaderamente desalmada. Todo está narrado como si la mujer le contara lo ocurrido a su marido, pero en realidad son sus recuerdos. Otra historia de amor imposible y otra crítica a lo frágil de las relaciones familiares y sociales. Si quieren verla, por quí anda en Youtube.





Estallido mortal (Blow out)

E.U., 1981.

Dirección: Brian De Palma.

Guion: Brian De Palma.

Fotografía: Vilmos Zsigmond.

Intérpretes: John Travolta, Nancy Allen, John Lithgow, Dennis Franz, entre otros.

Duración: 108 minutos.

Aunque es una reelaboración de Blow-Up (Michelangelo Antonioni, 1966), la de De Palma tiene tintes de tragedia. Un sonidista, accidentalmente graba un asesinato y junto a la chica que estuvo involucrada en lo mismo, empiezan a investigar el suceso. El final es desesperanzador y Travolta demuestra que cuando quiere puede ser un buen actor.





El laberinto del fauno

México, España, 2006.

Dirección: Guillermo del Toro.

Guión: Guillermo del Toro.

Fotografía: Guillermo Navarro.

Intérpretes: Ivana Baquero, Doug Jones, Sergi López, Ariadna Gil, entre otros.

Duración: 112 minutos.

Del Toro engañó al mundo al hacernos creer que era el sucesor de Tim Burton. Y con este filme alcanzó alturas de artista tales que ni él mismo ha podido alcanzar. Análisis de la maldad inherente en el ser humano, así como de la fuerza de la imaginación, el final es tanto liberador como terrible. ¿Ya qué les digo?, si no la han visto, perdieron su carnet de cinéfilos.





El hombre araña (Spider-Man)

E.U., 2002.

Dirección: Sam Raimi.

Guión: David Koepp.

Fotografía: Don Burgess.

Intérpretes: Tobey Maguire, Willem Dafoe, Kirsten Dunst, James Franco, entre otros.

Duración: 121 minutos.

Con El hombre araña, Sam Raimi demostró que no sólo sabe al dedillo cómo espantar a la gente, sino que también sabe hacerlos llorar. Más que por otra cosa, sus cintas importaron por ver hasta dónde llevaba la relación entre Peter y Mary Jane. El final de la primera cinta, es quizá el más apesadumbrado y dolorido de todo el cine de superhéroes.





Y ahora, la mención honorífica:

Futurama: Jurrasic Bark (El perro de Fry)

Aunque no es película, es uno de los finales más lastimeros que existe. Parte de la serie Futurama, el capítulo 2 de la quinta temporada, si no te hace moquear, te hace aullar. Cuenta sobre el perro de Fry, Symur Diera, que lo esperó hasta el día de su muerte. Muy triste.



Dedicado a Gisela, porque no le gustan los finales tristes.



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